Bibliodiversidad

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Toma mayor impulso un término que nos habla de otras resistencias a las prácticas culturales hegemónicas: bibliodiversidad, la diversidad cultural en relación al libro.

Fundar bibliotecas era como establecer graneros públicos frente a un invierno del espíritu que, muy a mi pesar, veo venir.
Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano

Bibliodiversidad es preocuparse de que haya pluralidad de ideas, de palabras, de autores, de editores, de lectores, de propuestas, de deseos? a partir de la diversidad de libros. Es lo que reclamamos todas las leedoras y leedores cuando, al entrar a cualquiera de las grandes cadenas de librerías (el fenómeno es mundial pero se vuelve especialmente crítico en los países dependientes), para llegar a lo que buscamos debemos atravesar metros y metros cuadrados de ?góndolas? que nos ofrecen libros ?yogur?, es decir títulos olvidables que hay que consumir rápidamente porque ya vienen con fecha de caducidad.

Si ingresamos a cualquier local de los grandes grupos y registramos los libros que vemos, contando desde la entrada hacia el fondo, en las primeras filas encontraremos una oferta que se renueva mes a mes. En vez de libros parecen revistas, por su duración en los exhibidores. En general, se invierte tanto en ellos que hasta tienen cartones ?corpóreos? de su autor, como si tuvieran que garantizarnos que eso fue escrito por un humano.

Al mismo tiempo que vemos una alta rotación de títulos que aparecen de golpe y con gran apoyo publicitario, es altamente probable que nos cueste encontrar lo que buscamos, que se encuentre en el fondo o en estantes elevados.

En Argentina, el fenómeno es particularmente grave porque buena parte de las editoriales que ofrecen libros para investigación, docencia o estudios universitarios, son extranjeras y del primer mundo, con lo cual, se depende además de las distribuidoras que los importan. Esto quiere decir que en general debemos esperar a que, además de yogures, decidan hacer un lugar en el contenedor que los trae para otros fondos bibliográficos.

Es el caso de buena parte del excelente catálogo de muchas editoriales españolas: Gustavo Gilli, Siruela (intenten conseguir la obra de Calvino en Buenos Aires y después me cuentan), Parramón, La Balsa de la Medusa? que se encuentran siempre fuera de stock.

La Marca Editorial en conjunto con Editorial Marea (ambas integrantes del colectivo de editores independientes de Argentina) acaban de lanzar un título muy interesante, que, si bien se refiere al libro, aborda el núcleo de la problemática actual de las industrias culturales: La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad, de Gilles Colleu.

Este autor estuvo presente en la última edición de la Feria del Libro de Buenos Aires que se llevó a cabo en abril pasado, y participó de un encuentro-seminario sobre las posibilidades de otros modelos de producción y distribución del libro.

Para cualquiera que valore los libros como bienes culturales, esta propuesta será atractiva, pertenezca o no a la profesión editorial. El funcionamiento de las grandes cadenas en Europa, las problemáticas económicas y políticas de la edición, los distintos estamentos en el circuito de producción y distribución de un libro y los aportes para pensar en la figura del ?editor independiente de creación?, vuelven la propuesta de Colleu más que necesaria.

Hoy el criterio para editar o distribuir títulos, no es la diversidad de oferta sino la creación de demanda. Lo que decide el plan editorial hoy es el marketing y la rentabilidad, y hacia eso van los grandes grupos editoriales o distribuidores, a invertir lo mínimo para obtener lo máximo en el menor tiempo posible, y enseguida probar con otro título para repetir la operación.

Frente a eso, en todo el mundo se hacen sentir otras voces. Voces que no tienen el poder de los grupos económicos que hoy invierten en editoriales y mañana en armamentos, pero que a cambio tienen creatividad. Voces que tienen oficio. Voces que, lejos de la formación tecnócrata del marketing, básicamente, aman leer y se imaginan a otros y otras haciéndolo. Voces que tienen pasión y convicción para resistir al discurso único.

En Argentina hay una serie de pequeñas editoriales (a los que Leedor apoya ofreciendo sus catálogos en la Tienda y difundiendo sus iniciativas), que revalorizan la tarea del llamado editor independiente de creación. En nuestro país, estos editores se han unido para trabajar por sus intereses en el Colectivo de Editores Independientes de la Argentina por la diversidad bibliográfica (EDINAR).

Estos grupos se multiplican en Latinoamérica, África, Francia, Canadá.

A su vez, todos ellos se han organizando en torno de la Alianza de Editores Independientes para otra Mundialización.

Quizás sea hora de que los libreros, periodistas, críticos independientes nos sumemos y también nos organicemos, y así mismo lo hagamos como lectores. Al final de cuentas se trata de defender un espacio común de existencia pensando estrategias conjuntas.

El objetivo es más que noble: poder contar con variedad en la producción y circulación de esos graneros del alma que son los libros.

Más información:
www.edinar.com.ar
www.alliance-editeurs.org

Nota relacionada: Bibliodiversidadas. Reportaje a Ma Eugenia Romero, directora de Letra Nómada.

Publicado en Leedor el 2-6-08