Los crímenes de Oxford

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Tomando como hilo conductor el crimen de una mujer la película permite al espectador adentrarse en intrincados problemas metafísico-gnoseológico-morales.Ya desde la primera escena se presenta en el film la pregunta acerca de la naturaleza de la verdad, planteándose el siguiente antagonismo: o bien hay una Verdad, de características matemáticas, o bien no hay verdad alguna sino sólo interpretaciones, probabilidades, encuentros azarosos, eventualidades.

Estas dos alternativas generan dos tipos de actitudes cognitivas: por un lado, un conocimiento lógico-sistemático; por otro, un conocimiento que es resultado de despliegues no convencionales, este último tipo de conocimiento es homologado en la película a un pensamiento que ha trascendido los límites impuestos por ciertos cánones teórico-prácticos de una determinada sociedad (y es por esto codificado como pensamiento desequilibrado, loco). Así como el pensamiento lógico tiene como correlato un mundo ordenado matemáticamente, una realidad caótica tiene como correlato el pensamiento del loco.

El joven protagonista interpretado por Elijah Wood, cree (a la usanza platónico-pitagórica) que todo lo que existe en el universo desde el crecimiento (en proporción áurea) de una flor hasta un teorema científico, enunciado según las leyes de la lógica, existe conforme a la triple categoría (belleza-bondad-verdad) que constituye el orden de lo real. Por otro lado, un eminente profesor de lógica de la universidad de Oxford ?interpretado por John Hurt- rebate este argumento por medio de un ejemplo tomado de la misma realidad a la que apela el joven estudiante: es verdad que una flor crece según proporciones determinadas siguiendo un patrón geométrico constante, pero esta teoría no puede explicar un proceso de crecimiento anómalo y descontrolado como es el caso de las células cancerosas.

Y mientras que el caos no puede ser explicado partiendo de un principio de orden; por el contrario un universo caótico sí puede explicar el orden, este último sería una serie posible de acontecimientos entre tantas otras.

El pensamiento común y corriente se mueve dentro de ciertos límites, cuenta con un determinado patrón a seguir, es por tanto predecible, y por ello se puede trazar una secuencia lógica que nos conduzca necesariamente de un pensamiento a otro, de un problema a su solución.

Sin embargo un problema determinado permite abrir un número infinito de soluciones posibles, ante las cuales es inviable postular una única salida. El problema planteado en la película es acerca de la identidad del asesino de una mujer.

Si intentamos desplegar todas las posibilidades que aparecen en este suceso determinado nos encontramos con las siguientes opciones: hay un único asesino, hay varios asesinos (que convienen entre sí para llevar acabo el delito) hay varios asesinos que no se conozcan entre sí, e incluso debemos tener en cuenta la posibilidad de que puede no haber asesino alguno; todas estas opciones están contenidas en la película, sin embargo el crimen reclama una solución ?y la película un final- por lo que se recurre al siguiente principio: ?el crimen perfecto no es el que no se resuelve sino que es el que se resuelve con otro culpable?, el azar se ocupará de introducir en escena al falso culpable en el momento adecuado.

Debemos mencionar también que si bien los diálogos son deleitables por momentos transcurren con una celeridad abrumadora, que el comienzo y el final de la película son un tanto predecibles (si bien los eventos que se despliegan entre ambos extremos no lo son) y por último, que la humanidad de los personajes es desplazada a un segundo plano totalmente opacada por las disertaciones filosóficas; una vez disuelta la humanidad de los protagonistas parece que lo único que queda son encarnaciones de algunos conocidos estereotipos: un profesor brillante pero moralmente censurable (en clara oposición a la visión antigua del mundo en la cual el hombre sabio al aprehender la verdad simultáneamente se hace poseedor del bien moral), un joven estudiante ingenuo, intachable, virginal hasta el punto de cumplir con las escenas de sexo desde un notable automatismo, una relación madre-hija inverosímilmente unidimensional (unidas por celos y resentimientos mutuos).

La película tuvo un propósito bastante ambicioso, intentó llevar la mente ?tanto del protagonista como del espectador- a un punto en el que aparezca una fuerza aleatoria que resulte absolutamente irreprimible, punto en el que se manifiesta la imposibilidad más pura de sustraerse a la infinitud de probabilidades abiertas por un determinado problema, es decir, intentó llevarnos al pensamiento desequilibrado de la locura, en la que a partir del enigma abierto por el crimen cualquier solución que se plantee -aun la más descabellada- resulta probable. Más allá de que haya logrado o no dicho propósito, es meritorio el hecho de exponer un tema tan arduo y lograr entretenernos por algunos minutos.

Publicado en Leedor el 24-0-5-08