La desconocida

0
13

Esperado estreno de la última película de Tornatore, multipremiada en Roma.Mientras en el viejo continente se desarrolla uno de los Festivales más importantes del mundo del que pronto tendremos noticias gracias a la pluma cinéfila de Fredy Friedlander, en Buenos Aires se estrena la múltiple ganadora de los premios Donatello 2007, La desconocida de Giuseppe Tornatore.

Ya escuchará y/o leerá muchas veces el lector que esta nueva película de Tornatore no tiene mucho que ver con aquella dulce Cinema Paradiso. Vendrán variadas enumeraciones de todas aquellos elementos que las hacen diferentes.

Obviamos esa parte entonces.

Primer plano de la película: mujeres semidesnudas y con máscaras se exhiben y alguien, detrás de un agujero en la pared, elige. Eso que de pronto se nos anuncia como un flashback comienza a intercalarse con la llegada de una mujer a una fría y rica ciudad de Italia, según dicen Trieste. Nosotros no la reconocemos.

Ese flashback aparecerá en varias de las primeras secuencias para ir diseñando el pasado de Irena, esa joven ucraniana, triste y alguna vez hermosa que va en busca de algo que no sabemos. Lo que sí podemos adivinar es que nada es lo mismo para Irena. Comienza a sonar la música de Morricone y entramos en conciencia que estamos en el cine: es esa música la que nos da cuenta de eso. Por eso se torna imprescindible y llena la pantalla como en un abismo.

La prostitución de jóvenes de países pobres de Europa, la inmigración explotada y prostituida, la venta de niños a familias adineradas son el marco para ese drama de tono europeo que comienza en un incierto y atrapante suspense in crescendo, sugestivo, con el que la película gana puntos y cierra con un melodrama en el que las cosas se resuelven, pero muy a la larga en el tiempo del relato.

Lo más interesante: la manera en la que Tornatore hace que su protagonista que nunca desaparece de la pantalla, vaya transformándose desde el más absoluto anonimato en espía rusa, mata hari de la mafia, simple ladrona, vengadora de causas perdidas, y todo esto solamente en el imaginario del espectador. Hasta que claro, hay una necesidad de explicar que empieza a diluir algo de ese interés inicial.

Es que ahí la película pierde el vuelo que le da la sugerencia: quizás cuando a Irena le es propiciada una terrible paliza por la cual ya no vuelve a la casa de sus empleadores, y tanto Irena como la película empiezan a explicarse a sí mismas, como si ambas estuvieran en el mismo callejón sin salida.

A ver. Son dos horas. La actriz rusa es un verdadero hallazgo, hay muchas escenas que rozan el gore, algunos golpes un poco bajos, un guión que termina cerrando, la música de Morricone, insisto, extraordinaria.

Muchos motivos para ver La desconocida, que seguramente gustará, pero ante la cual no dejamos de pensar que, como diría el gran John Ford, Hollywood sigue estando en todas partes.

Publicado en Leedor el 22-05-2008