El encuentro de Guayaquil

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Curiosa intervención del autor de la obra en la funcion del 3 de mayo pasado.La función de ?El encuentro de Guayaquil? del sábado 3 de mayo del 2008, cerró con la presencia del autor de la obra. Pacho O’Donnell se sentó en el centro del escenario. A su izquierda Lito Cruz, interpretó a San Martín y dirige la obra, y a su derecha, Rubén Stella, que interpretó a Bolívar. Querían escuchar al público.

Fue realmente interesante el envés de la actuación. Los actores, apenas concluido su trabajo, se sentaron a responder las preguntas del público.

Allí nos enteramos de los pormenores de la elección del elenco. Y también de los ecos del texto en su gira latinoamericana.

Un Bolívar enfático y caribeño y un San Martín cansado se encuentran a discutir no sólo de estrategia militar.

La perspectiva desde la que se muestra en hipótesis ese encuentro, del que no se sabe qué ocurrió excepto por sus consecuencias, es la de la lectura de las posiciones subjetivas de estos dos personajes tan influyentes en la historia de América Latina.

Bolívar maldice la duda y San Martín analiza sus recursos menguados, sin negar la naturaleza anárquica de la población.

Emergiendo del fondo del tiempo, una pregunta irrumpió en la escena. Con la forma de una pregunta retórica, la pregunta lleva a la obra del homenaje y de la intención educativa, al plano de la filosofía política. Bolívar se pregunta ¿qué es el poder?

Entonces enumera aquello que se sabe son los emblemas del poder: los recursos, los recintos, las condecoraciones, los trajes, los brillos. Enumera las insignias del poder, señalando el abuso de sus jactancias. Enumeración crítica, que nos trae del pasado al presente.

La pregunta sobre la naturaleza del poder, no tiene época, es una pregunta socrática por excelencia.

Tan compleja como la pregunta sobre qué es la política hoy, esta obra puede hacer que cada espectador revise los pormenores de su circunstancia, qué es para sí mismo el poder, dónde lo encuentra hoy.

No todos responderán que es una respuesta obvia.

Es una obra polisémica, que puede leerse en distintos campos: el arte, en la educación o en los nacionalismos. Prefiero como lectora situarla en la reflexión política, señalando esa pregunta que la traslada a un plano que nos responsabiliza.

Nota relacionada: Guayaquil, por Marta Opacak

Publicado en Leedor el 12-05-2008

08.05.08