Santería

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Nuevo libro de Leonardo Oyola en nueva colección dirigida por Juan Sasturain, que nos agarra de prepo y no podemos soltar. Dios se fue del barrio.

Hubo una época en la vida de los humanos en que los dioses y semidioses bajaban y se mezclaban en los asuntos de la humanidad. Tenían sus cuitas. Intereses creados. Adeptos y simpatizantes que les hacían ofrendas, les cantaban o les oraban. Sacrificios también.

Ser humano es una manera de estar en el universo. La diferencia con los otros es que nosotros inventamos, creamos seres que nos evitan el sentimiento de orfandad cósmica que nos puede dar.

Hay semidioses. Santos. Santitos. Y toda una pléyade de seres, que tienen algún poder, que habitan en un mundo paralelo al nuestro.

Son necesarios los seres más cercanos a nosotros, disponibles, con algo de humano. Ellos interceden y favorecen. Como que los escucha. No bajan del Olimpo, están al costado de la ruta, viven en altares domésticos entre estampitas y al lado de una vela. Más atrás una fotos amarillentas y una radio tipo capilla que hace mucho que no funciona.

Es más, tienen una historicidad legitimada por su origen, sus actividades, su marginalidad.

Por su vida y por su muerte.

Ahora

Si me permite caro lector le voy a presentar a Leonardo Oyola. No voy a hacer la biografía ni a decirle que es amigo. Escribió una novela que se llama ?Santería?, está en una colección que dirige el Juan Sasturain y pertenece a la editorial Negro Absoluto.

A Oyola lo conozco y lo quiero desde hace casi dos años cuando, de casualidad, descubrí su hermosa creación ?Siete & el Tigre Harapiento?. Esa novela me permitió hacerle un buen regalo a un amigo muy conocedor de lo policial. La verdad: lo dejé anonadado.

Y ahora Santería que lo agarra a uno de prepo con el increíble y creíble discurso-pensamiento-accionar de La Víbora Blanca mina-mujer con ciertos poderes.

Estamos en una época opaca, con una sociedad confusa y decadente que se sumerge en lo otro para encontrarse: drogas, sexo, política y brujería. Así es como la Argentina de los ?90 irrumpió en la historia.

Oyola, como buen cronista, junta discursos, perspectivas y acciones en un relato de rostro y ritmo impresionante. Sumerge al lector en los pensamientos de La Víbora Blanca que, poderes de por medio, puede ver el futuro. Su futuro. Su muerte, pasado mañana, en Navidad.

Y piensa: ?Uno se hunde en su mierda porque de eso son los mares por los que navegamos. Sabelo. Si crees en Dios, por lo menos tenés un bote. ¿Qué cómo lo navegás? Eso es problema tuyo?.

Y claro, la mina tiene fe, se tiene fe.

Santerío

En la novela aparece el Gauchito Gil, como un peón semidivino y planetario que hace gauchadas. Puntero de Dios.

Casi toda la novela es como una brasa. Leer en este caso es darle viento. Y arde. Atrapa, sacude.

También está el poderoso señor San La Muerte. Duro como un sicario de Dios. De respeto. Tenaz.

Un poco más desdibujado pero no menos brillante San Jorge que se confunde con La imagen del Kinski de Aguirre La Ira de Dios y un policía veterano, dogor que le fascina el chipá.

No sé más cómo decirle para que se regale esta novela. O para que la regale a un amigo y luego se la pida prestada.

Tal vez Oyola nos muestra un poco cómo vivimos y cómo agonizamos. En Puerto Apache o en el Jabutí que es por donde andan nuestros queridos personajes.

Recetario

Lea a Oyola. Es una emoción buena, sabe a malbec. Tiene vida y tiene muerte. Pone en movimiento la cabeza, convoca a los mediadores entre el más allá y el más acá.

Estamos en una época de láser, cibernética y donde todo parece líquido. Pero hay que plantarse ante El Enemigo: viejo, choto, sabio, lucido, autoritario, poderoso.

Pero también se lo puede conjurar y hacerlo encorvar. Clavarle una estaca en el cuore. Que escupa los gusanos y hormigas que configuran su rostro. Que escupa.

Que escupa sangre?

Y después el silencio.

Cierre el libro, admire su hechura (cosido por ejemplo), su tapa, los paratextos. Y empiece: Oéé Oé Oé Oééé.

Gracias Oyola!!! Seguí escribiendo.

Publicado en Leedor el 5-05-08