Bye Bye life (III)

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Sobre la presentación de la peli de Piñeyro en el BAFICI, va la tercera opinión.Tres notas sobre un mismo film pueden parecer excesivas y quizás lo sean. Sin embargo, pueden también ayudar a entender la diversidad de opinión de los críticos y la poca utilidad que trae usar para cada film un puntaje único, tan habitual en diversos medios.

Esta nota sobre ?Bye Bye Life? estaba pautada para ser publicada poco después de verla en la misma función a la que acudió Alejandra Portela. La vorágine del BAFICI, donde uno trata de ver lo más posible ante la certeza de que muchos títulos no serán estrenados nunca, postergó su presentación y se convierte ahora en la tercera del mismo film. No nace con la idea de polemizar con la opinión de los colegas que ya la publicaron, sino de aportar algún elemento adicional o mejor sería decir un enfoque algo diferente.

Enrique Piñeyro es un ser multifacético que además de haber ejercido la ocupación de piloto aéreo, es médico, actor y director de cine. Hasta ahora sus largometrajes (?Whisky Romeo Zulu?, ?Fuerza Aérea S.A.?) pivotaban sobre un único tema: la denuncia de manejos turbios en el negocio aeronáutico. Luego de su reciente participación como actor en la sobrevalorada, sobre todo por la crítica, ?Música nocturna? vuelve a dirigir otro documental con un tema que implica un giro total respecto a su obra anterior.

Probablemente ?Bye Bye Life? sea un proyecto anterior a su otra incursión en este género, dado que el personaje a que se refiere, la escritora y fotógrafa Gabriela Liffchitz, murió de cáncer en el 2004 habiendo sido ella quien que le encargó su realización. Sorprende que recién ahora se conozca dado el tiempo transcurrido.

Varios comentarios de la colega Gabriela Puente se adelantaron a esta nota y no serán desarrollados aunque si mencionados. Son aquellos referidos a la ?muerte?, al ?no sufrimiento? y a la palabra ?cáncer?, cuyo desarrollo encaja acertadamente dentro de la trama de la película.

Hay otro aspecto destacable y es el uso del humor que Piñeyro privilegia cuando enfatiza el pasado trotskysta de Gabriela, su adhesión a Lacan y consecuente rechazo del que ella califica como repugnantemente ?freudiano? padre. También son acertadas sus intervenciones cuando, en un tono más humorístico que severo, le enrostra a ella la culpa judía que a él no lo alcanza obviamente.

Es cierto, como dice Alejandra Portela (ver nota), que hay poco espacio para las escenas que debían dramatizar entre otros Mausi Martínez y Alejandro Awada. Pero en verdad puede pensarse que la carrera inexorable contra el corto tiempo de vida que le quedaba a la fotógrafa no se pudo ganar. La prueba palpable fue que la cena en compañía de actores, equipo de filmación y parientes, donde reluce netamente la humanidad de su hermana Laura, llegó justo antes de que el coma y la casi inmediata muerte silenciaran definitivamente a una persona llena de vida, valga la ironía del término.

Es seguro que habrá opiniones dispares y hasta antagónicas, pero daría la impresión de que el proyecto original de Piñeyro tuvo que ser reformulado ante la velocidad con que se sucedieron los eventos que llevaron a un desenlace que se sabía inevitable. ?Bye Bye Life? no es un film placentero y muchos lo evitarán, lo que resulta comprensible y excusable.

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Publicado en Leedor el 19-04-2008