Bye Bye Life

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Dentro de la competencia argentina, la película de Piñeyro documenta los ultimos días de una mujer enferma de cáncer.

Contrariamente a lo que esperaríamos la película no incurre en golpes bajos ni tiende a la proliferación de escenas dramáticas, Gabriela no tiene ni una pizca de víctima, ella misma narra cómo en la etapa de tratamiento con quimioterapia huyó de la vía de autocompasión que parecían ostentar algunos enfermos y al hacerlo huye también de una identidad conformada pasivamente, la protagonista se niega a identificarse con el rol socialmente aceptado ?y por ende más cómodo- generador de ciertos sentimientos estereotipados, llámese pena, angustia, miedo, compasión, etc.

Por el contrario ella conforma su identidad de enferma en tanto que persona-feliz -que quiere-vivir y llevar a cabo un gasto cualitativo del tiempo.

Uno de los puntos más interesantes en esta película es el contraste entre ?al menos- dos posiciones acerca de la muerte: por un lado la de Gabriela que concibe a la muerte como un proceso que se siente en el cuerpo y como la posibilidad de organizar el tiempo en términos del mayor disfrute posible; y por otro lado la posición asumida por una persona del equipo de filmación que opina que la muerte ?es algo sagrado?, y que Gabriela es ?una mujer que se está muriendo y que intenta por todos los medios hacerse famosa?, la banalización de la muerte aparece así cargada de un tinte posmoderno donde la fama o el mero mostrarse porque si conlleva un elemento kitsch que aplicado a la muerte lleva las cosas intolerablemente lejos.

Y lo intolerable es que Gabriela viviendo su enfermedad desde diferentes dimensiones eligió, en la medida de lo posible, mostrar un rasgo de comicidad hasta el final.

Otro de los puntos bien logrados de este film son los juegos de palabras introducidos por los términos muerte y cáncer.

El primer término, de acuerdo a lo que la misma protagonista refiere, nunca fue usado por los oncólogos que la trataron, por lo cual, en las reiteradas visitas de rutina, ella debía ?adivinar? a través del discurso del médico cuánto tiempo le quedaba de vida, discurso que va siendo alterado en el transcurso de la enfermedad: en un principio es vivido por Gabriela como falsamente esperanzador y, hacia el final, aparece en éste con violencia el tema de la muerte, sólo que el médico se las arregla para suplir este término por la palabra sufrimiento, y con ello primero localiza el acontecimiento de la muerte en el cuerpo enfermo, para en un segundo momento expulsarlo de allí, exorcizándolo al prometerle a la paciente que ?no sufrirá?.

También la palabra cáncer es presa de un sistema de sustituciones, la hermana de la escritora relata como su madre se entera de la enfermedad, Gabriela le dijo a su madre algo así como lo siguiente: tengo una amiga cuya hermana tiene cáncer, en alusión a ella misma y utilizando la relación de compañerismo que tenía con su hermana, como una pista otorgada para descifrar el acertijo.

Y también su identidad, en tanto que es una mujer cancerosa y moribunda, se convierte en un enigma, pero es un enigma que no acepta una resolución otorgada desde los lugares comunes.

Por otro lado, el tipo de estética de la película conformada por primeros planos del rostro de la protagonista y planos cortos de su cuerpo, permite advertir la tenue belleza de esta mujer, la fragilidad revulsiva de un cuerpo que en lugar de volverse etéreo (como se espera de una persona que está por morir, de aquí la dimensión de lo sacro que se le reclama) se halla en constante proceso de revolución: vomita, eructa, sufre de gases; y como ella misma bromea (haciendo alusión a la conocida letra de la Bersuit) está a punto de estallar.

Y, hacia el final, reaparece en escena su cuerpo, visto desde un ángulo distinto a través de fotografías tomadas en las primeras etapas de su enfermedad, es un cuerpo decididamente bello según los cánones actuales, delgado, esbelto. Sólo algo está ausente de este cuerpo, sólo una ausencia rompe la simetría, el pecho derecho fue extirpado. Y sin embargo esta ausencia no perturba, quizás justamente porque en los 90 minutos que dura el film nos acostumbramos a ver a Gabriela de otra manera o quizás porque solemos estar expuestos a constantes bombardeos de imágenes de cuerpos femeninos monstruosos, o mejor dicho de un único cuerpo monstruoso reproducido en serie, en sus detalles más ínfimos, hasta el infinito: pechos y colas siliconados, ojos rasgados, labios rellenos, botox en casi todo el rostro, intentando simular salud y juventud; por el contrario, el cuerpo de Gabriela emerge desde la enfermedad como una autoafirmación de ésta ?a través de la exposición del pecho/síntoma extirpado- y de su propia existencia en tanto que enferma, y quizás es este acto, original y propio, lo que le otorga esa delicada belleza.

La imagen del cuerpo erotizado (expuesto desde un desnudo frontal) se mantiene destacada de la oscuridad del fondo por unos momentos, mientras la cámara se va alejando.

Repite: viernes 18 de abril 18:15 HS. Hoyts Abasto; Avenida Corrientes 3247.

Publicado en Leedor el 17-04-2008