Bye bye Life (II)

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Así como hay personas desagradables, hay películas decidididamente desagradables. Bye Bye life, critica versión 2.Vaya a saber qué mecanismos activan o qué interacciones. Ambas, personas y películas, con uno, espectador abismado por ellas. Vaya a saber.

La intención ahora sería explicar por qué Bye bye life entra dentro de cierto grado de desagradabilidad. Voy a dejar a un lado lo obvio, un contenido que ronda la muerte: lo que seguramente traerá polémica, la misma que la película anticipa cuando hacia la mitad alguien señala lo de que es un proyecto que no le gusta: la muerte no es un show, señores! bueno, eso, en el mundo que vivimos estaría por verse. Miles y millones de ejemplos todos los días comprobarían lo contrario: la muerte es un show mayúsculo.

Ahora, intentando separar el contenido del modo de documentarlo que Piñeyro eligió, su voluntad de mostrar el dispositivo permanentemente, y a sí mismo como absoluto responsable de esa mostración habla de cierta omnipotencia que intenta de alguna manera neutralizar la muerte. De este lado estamos los vivos, Gabriela. Ahí estás vos. Muriéndote, exhibiendo tu malestar físico permanente. De este lado estamos los que quedamos. A ver: por qué interrogar? por qué poner al sujeto en evidencia de sus desesperados intentos por llamar la atención? Pero además, ejecutando una perversa maquinaria de llamado de atención también, porque Piñeyro llama la atención él soo. Modos de caminar, preguntar, desafiar. Es claro que mostrar la filmación de un documental también puede ser interesante, pero frente a la degradación del otro, se convierte en una obscenidad, realmente.

Las miradas lastimosas de los otros, los saludos de fin o principio de filmación, en los que se detiene casi pornográficamente parecen siempre los últimos.

Es un despliegue de egocentrismos, de unos y otros. Todo urge. Por eso quizás la película se olvidó del desarrollo de las escenas preparadas por Liffschitz que tenían que ser dramatizadas, y a cuyos preparativos asistimos una buena cantidad de tiempo.

La película no nos da demasiada información del sujeto que registra. No tiene intención curricular, eso está claro. Pero con un poco de poesía hubiera sido menos descarnada quizá y menos ficción, también. Teniendo tantas ganas de documentar, claro.

Publicado en leedor el 17-04-2008