Adriana Lestido

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Hasta el 20 de abril, se puede visitar “Lo Que Se Ve“, exposición de Adriana Lestido en la sala Cronopios del Centro Cultural Rojas.Desde el 3 de marzo y hasta el 20 de abril, Adriana Lestido comparte con nosotros su exposición Lo Que Se Ve, en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, con Juan Travnik y Gabriel Díaz como curadores.

Un poco más de ciento cincuenta fotos y un audiovisual, hacen a la retrospectiva de esta fotógrafa argentina, que abarca desde 1979 hasta 2007. Entre las obras se pueden leer fragmentos de autores tan diversos como Marta Dillon, Sara Gallardo, John Berger, Alejandra Pizarnik, Clarice Lispector, Pedro Salinas y C. G. Jung. Quizá hubiese sido agradable haber encontrado algo escrito por la propia fotógrafa. En tanto los nombres de los ensayos como el de las obras pasan inadvertidos, así es como el público pierde claridad acerca de dónde comienza y termina cada ensayo.

En cuanto a la obra en sí, con un total de seis trabajos en blanco y negro y tres fotos polaroids, Lestido nos lleva por un recorrido donde alternamos sensaciones tan dispares como nostalgia, resignación, calma e ilusión.

Dos de sus trabajos más amplios y a su vez mas conocidos son Mujeres Presas y Madres e Hijas. En el primero, durante el transcurso de tres años, desde 1991 hasta 1993, Lestido captó por medio de su lente las relaciones que se generan entre las distintas mujeres presas en el penal Los Hornos, con su entorno y con sus hijos. La autora se hace invisible y capta en imágenes mujeres duras y resignadas, sensibles y maternales. En otras, las reclusas como modelos publicitarias, adoptan una pose teatral y con una mirada a cámara nos hacen testigos de su encierro.

En el segundo trabajo, Madres e Hijas, Lestido nos hace espectadores de cuatro historias distintas. Si bien es una selección de fotos, que puede verse completo en el audiovisual Amores Difíciles, estas cuentan la relación que existe entre cuatro madres y sus respectivas hijas; que sirven de ejemplo para intuir algo mas acerca del particular vinculo que existe entre madres e hijas.

Una vez mas, la autora hace uso de sus herramientas de fotoreportera y se vuelve imperceptible para las retratadas, fotografiando a estas parejas en su cotidianeidad, en su ambiente privado, en la intimidad de un baño o una cama, como también en los momentos de juego. A excepción de muy pocas imágenes, en las que hay una mirada a cámara, el espectador puede sentirse un voyerista omnipresente que observa sin ser observado.

Estas imágenes, son un relato de cómo tantas veces las hijas salvan a sus madres, del mutuo sentimiento de identificación y a su vez de total desconocimiento, de cómo las diferencias generacionales no son tan abismales cuando se trata del sentimiento de soledad que tenemos ante el mundo que nos rodea, es acerca de cómo a partir del reconocimiento de nuestras falencias podemos aprender a perdonar, y como el amor sobrevive, a pesar de todo, en un lazo tan estrecho como el de una madre y su hija.

En el audiovisual Amores Difíciles, se puede apreciar el trabajo completo acompañado por una musicalización distinta para cada historia. Esto genera en el público un ritmo distinto en el relato, una sensación diferente a la que se sintió inicialmente, si se vio primero las fotos en silencio y a un ritmo propio.

La muestra también se compone por el trabajo Madres Adolescentes, catorce fotos donde podemos ver la relación entre madres muy jóvenes y sus pequeños hijos. Fotos donde la luz diurna es una constante y las imágenes revelan momentos de juego y cariño, hacen a este trabajo una brisa de aire fresco en contraposición de los dos anteriores.

En la otra mitad de la sala, como haciendo un corte físico y temático, tres trabajos más completan Lo Que Se Ve. Con Hospital Infanto Juvenil, El amor y Villa Gesell, la autora nos traslada a tres universos distintos. En el primero niños ajenos al mundo que existe al otro lado de las paredes del Hospital Tobar Garcia, pero no por eso niños menos reales. Estos pequeños modelos juegan a posar ante la cámara que los observa y a su vez la cámara los observa sin que ellos la descubran.

En los otros dos trabajos, fotografías casi surrealistas, altamente contrastadas, juegos de luz y sombra, sin la nitidez de las anteriores hacen pensar que quizá sea un fotorreportaje donde el reporteado sea la misma autora.

Publicado en Leedor el 7-04-2008