Gracias por volar conmigo

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Fernando Peña levanta vuelo en un viaje por su experiencia como tripulante de cabina.En “Gracias por volar conmigo” Fernando Peña, despliega su ingenio en siete personajes creados a partir de sus años como tripulante de cabina, cuando fue “flight attendant“. Milagros López, la estrella del show, es quien comienza y termina la obra, dándole un final sentimental, donde Peña sigue disfrazado e imitando una voz ajena, pero expresa ideas propias.

“La crítica dirá: es grotesco, demasiado explícito, falto de creatividad, se apoya en la burla de personajes políticos y otros famosos” se adelantó Peña una de las veces que dejó de actuar para interactuar con el público.

Muy dinámica mientras no se hace larga ?la obra estreno duró cuatro horas exactamente- Fernando Peña no deja de ser él mismo, entrando y saliendo de los personajes para hablar con el público, acercarse, repartir champagne y hacerlo subir al escenario, convertirlo en cómplice de sus ideas y observaciones políticas -refiriéndose a la Presidenta y su posible affaire con el Ministro de Economía- y a todo su divertido imaginario.

“Es una obra para fanáticos”, -interrumpió otra vez- y eso puede que sea cierto. Sus admiradores no desaprovecharán ni uno de los 240 minutos que está en escena; a otros ?aunque divertidos- puede que les resulte agotador.

Es que no quiere, se resiste, patalea y hasta grita antes a dejar algo afuera. La tiranía del tiempo posee a Peña, quien impedirá por todos los medios que algo de todo lo maravilloso que planeó, quede afuera del show. Entonces empieza a escupir ?en sentido figurado y literal- todas las ocurrencias que lo asaltan mientras hace su monólogo, hasta que entiende que en algún momento tendrá que dejar lo que él considera su casa en la vida, el escenario.

Y se va, no sin antes volver a interpretar a Milagros López ya cerca de morir. Entonces un nuevo monólogo cuenta que, a pesar del desgaste de los años, siguen intactas sus ganas de volar, es decir, sus ganas de actuar; es decir, de vivir.

Volverá a aparecer una última vez haciendo gala de su generosa vanidad, esa que lo impulsa tanto a exigir aplausos, como a entregarse por completo y mostrarse tal como es ?con sus claros y oscuros- y para volver a decirle al público, esta vez con una reverencia, “Gracias por volar conmigo“.

Publicado en Leedor el 2-4-2008