Escuela Nocturna

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Interesante recreación de la obra de Harold Pinter en el Teatro Viejo Palermo.

Dirigida por Rubén Sabadini, Escuela Nocturna narra una historia escrita en 1960 por Harold Pinter, premio Nobel de Literatura en 2005.

Presentado el panorama inicial, la trama se desarrolla en un clima de misterio, habitual en las obras de Pinter y concluye en un ambiguo final abierto.

Walter es un ex presidiario que al volver a su casa después de nueve meses en la cárcel, encuentra que sus tías subalquilaron su cuarto a una joven que, aparentemente, asiste a clases en una escuela nocturna.

Vestida de mentiras y excusas, la historia se mueve sigilosa en un ambiente oscuro que deja causas y razones libradas a la interpretación del espectador. No obstante siempre es más interesante sugerir que mostrar, un recrudecimiento de signos sobre el final de la obra, podría servir para que el público oriente el cierre de la historia con una sensación de complitud y no de vacío.

Muy ingeniosa e interesante desde el montaje, la escenografía permite el paralelismo de acciones en distintos ambientes bien diferenciados. Así, es posible la recreación de dos mundos simultáneos, en lo que significa un mérito del director a la hora de desafiar la linealidad del tiempo, un factor de interés para el hombre acostumbrado a ver pasar los minutos uno siempre detrás del otro.

Entre las características más destacadas de Pinter, se encuentran el “Pinteresque”, un rasgo que refiere a una situación de amenaza, y el “Pinter pause”, que alude a la utilización de silencios prolongados y un tipo de conversación brusca y muchas veces ambigua.

Ambos elementos aparecen en esta “Escuela nocturna” dirigida por Sabadini, donde la inquilina se expone a la constante amenaza de vivir con Walter, un ladrón recién salido de prisión, resentido porque lo han desplazado de su habitación. Por otro lado, frente a los huecos que deja la trama, la amenaza de la duda rodea a cualquier certeza sobre la resolución de la obra.

Respecto al “Pinteresque”, si bien no abundan los silencios -los diálogos son constantes, fluidos y el guión, dinámico-, las charlas bruscas y ambiguas sí están muy presentes en la obra y son las que mantienen y distienden la tensión de la misma.

Así, con sus puntos y contrapuntos, se va escribiendo esta historia que gana en la utilización del tiempo y del espacio y que deja demasiados puntos suspensivos en el lugar donde debería caer el punto final.

Publicado en Leedor el 21-03-2008