LaLola con un par de ovarios

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Apoyado en un humor filosurreal, cambios de registro y giros sorpresivos, Lalola trata en formato televisivo sobre los cambios súbitos de identidad sexual en una ácida crítica hacia la concepción machista de lo femenino. LALOLA, CON UN PAR DE OVARIOS

La idea no es nueva. Tanto el teatro como la cinematografía han abordado con mayor o menor fortuna situaciones de cambios súbitos de identidad sexual. La pregunta es: ¿Qué ofrece de especial la sitcom argentina Lalola (Canal América, producción de Dori Media Group), para convertirse en un fenómeno mediático de escasos precedentes en la producción nacional? No solamente encabeza el rating del prime time sino que arrasa en Uruguay, Chile, Colombia, México, El Salvador, Uruguay, Francia, Rusia, Venezuela y Brasil, y su efecto mariposa no cesa de expandirse. Ha sido galardonada con el premio Clarín de Espectáculos 2007; Mejor Ficción diaria rubro comedia; Mejor actor de comedia; Mejor actriz de comedia; Mejor guión de televisión y Revelación femenina. La audiencia se multiplica en progresión geométrica, es tema de conversación obligada, la omnipresente wikipedia ?internetera? se ha hecho eco de su fama y youtube ofrece fragmentos en video de sus episodios ¿Alguien da más?.

Esta atractiva propuesta basada en una idea de Sebastián Ortega brinda un cóctel de felices hallazgos humorísticos argumentales y estéticos cabalmente concebidos para el medio televisivo. La historia narra las vicisitudes de un exitoso profesional, Ramiro ?Lalo? Padilla (el actor Juan Gil Navarro), redactor jefe de una prestigiosa revista masculina y Don Juan recalcitrante. Una amante despechada, maleficio de por medio, le impone el duro castigo de trasmutarse en un visto y no visto en una de sus hasta entonces víctimas.

Así, de la nada, nace Lola (Carla Peterson, pletórica de recursos histriónicos, impagable y seguramente inolvidable en su rol de ?neomujer?), quien se ve compelida a enfrentarse a su nueva condición desde la desesperación y el más atónito desconcierto inicial, pero que decide a marchas forzadas proseguir con su trabajo presentándose en su empresa como prima del esfumado Lalo, a la par que buscará afanosamente deshacer el hechizo, desembarazarse de su nueva e indeseada piel y recuperar su perdida masculinidad. En su afán cuenta con la complicidad incondicional de su amiga y secreta enamorada Grace, locutora radial de renombre (Muriel Santa Ana, magnífica en su rol de compañera cercana y entrañable). Pero la flamante Lola no contaba con enamorarse de Facundo (Luciano Castro) Director de Imagen y hombre de infrecuente sensibilidad. Y claro, pasa lo que pasa. Más embrollo para su irracional circunstancia, un amor a todas luces imposible? Hasta donde se sabe, porque Lalola insiste en su empeño de propinar sorpresas a su nutrida audiencia. De partida, pues, la propuesta da para mucho y lo logra con creces.

La serie comunica una excelente química grupal que se entreve en las frecuentes improvisaciones y los aportes personales a la historia. Esta libertad de acción, muy de agradecer a la batuta de Diego Suárez (Dirección Integral) y a la Coordinación Actoral de Esther Feldman, permite la configuración de un elenco de lujo. El tratamiento de los personajes secundarios y protagónicos es igualmente novedoso, en tanto gozan de un propio peso específico y es difícil decantarse por una actriz o actor en particular. Todas y todos hacen gala de una calidad inusual ? salvo unas pocas excepciones – en la chabacana oferta televisiva autóctona.

Notable Luis Ziembrowski desplegando un extenso abanico de recursos en su creación de Aguirre, uno de los dueños de la empresa. Como también brilla Lola Barthet ? actriz de una vis cómica sorprendente componiendo a la desconcertante Soledad -, enamorada de Víctor Malagrino y su más que logrado Patricio Miguel tierno y despistado ¿O tal vez merece mención especial Gastón, el inmoral ejecutivo fiel a su lema ?todo vale si es para mi beneficio? e interpretado por el camaleónico Rafael Ferro? Puede, quizás, que se prefiera a Agustina Lecuona y su muy lograda Natalia, la caprichosa y malévola ¿hija? de Aguirre y de una madre perdida por el camino (fugaz y fulgurante creación de Reina Reech).

Y hay más talentos. Violeta Urtizberea borda con encantadora maleabilidad su papel de la ingenua recepcionista Julia; Teo, el maquiavélico empresario que rema en su propia barca (inquietante Pablo Cedrón); la inmoral y deslenguada Griselda (una muy efectiva Diana Lamas), Nico (Tomás de las Heras), el cadete embrollón y vividor; Matías, novio esporádico y desquiciado de Natalia (óptima labor de Santiago del Moro); el fiel y pacífico Boggie (Nahuel Mutti), compañero de trabajo de Grace; Melisa, hija de Facundo (Lucía Fernández, niña que apunta excelentes maneras) y su aya Iris (estupenda Chela Cardalda) ¿Algo más? Sí, por supuesto: tres hurras por las colaboraciones especiales de efímera pero intensa aparición.

Cual si fuera poco, Lalola se apoya en un humor filosurreal – sin por ello perder un ápice de verosimilitud – y un lenguaje coloquial semánticamente muy alejado de las por lo visto obligatorias y ramplonas referencias sexuales de mal gusto notorio, las palabrotas de sal gruesa y la burla ofensiva hacia personas o colectivos, recursos éstos omnipresentes en la caja tonta. Por el contrario, campean los equívocos, gags de excelente factura, cambios de registro y giros sorpresivos en un ir y venir de golpes de efecto imprevistos que, sin embargo, no ponen el peligro su férrea solidez conceptual.

Referencia especial merecen el formato y los guiones (Susana Cardozo y Pablo Lago, magníficos profesionales), con secuencias inteligentemente cronometradas, breves pero muy sustanciosas. Las entregas unitarias de cuarenta y cinco minutos abren con un flashback del capítulo anterior seguido de la situación del día, breve epílogo y avance de la próxima entrega. Los fundidos entre secuencias son dinámicos y traslucen una cierta estética ?almodoroviana? con primerísimos planos de objetos cotidianos, tan eficaces como las frugales referencias visuales a los diferentes escenarios que ubican a la audiencia del cuando y donde transcurre la acción. Una impecable dirección de cámara apuntala en todo momento a la narración.

Cual si la oferta no contara con méritos suficientes, es de destacar el tratamiento desenfadado de las identidades por lo que aporta a la normalización de las diversas opciones sexuales y afectivas desde la intrínseca amoralidad del humor. Pero, y sobre todo, en esta telecomedia sobrevuela ? o subyace ? una crítica ácida hacia la concepción machista de lo femenino.

A través de los ojos y el corazón de Lola se evidencia una vez más que en esta sociedad ser mujer no es ninguna ganga. La ?ex hombre? debe aprender a trancas y barrancas que su nueva identidad conlleva una buena dosis de inconvenientes y desvalorizaciones, desde los puramente orgánicos – menstruar, lidiar con genitales nuevos y los cambios radicales de vestuario y maquillaje – hasta la contención en los gestos corporales, verse obligadamente pendiente de una impecable presencia física, digerir el fantasma constante del acoso masculino, dosificar su inteligencia para contrarrestar el lugar común de que las féminas con cerebro son sinónimo de pedantería o exhibicionismo y someterse a un sobreesfuerzo laboral demostrando que ser mujer no es por antonomasia sinónimo de debilidad o estupidez.

Todo apunta a que el final ? ya próximo – será consecuente con la propuesta ¿Estará el ?the end? a la altura de sus propias circunstancias? No se pierdan el último capítulo.

* Susana Guzner (La Plata, Argentina) es autora de La insensata geometría del amor – traducida a varios idiomas- ; Punto y aparte; la función teatral cómica Detectives BAM.; 72 juegos para jugar con el espacio y el tiempo; Aquí pasa algo raro y coautora de varias antologías. Guionista y creadora de proyectos televisivos para RTV España y canales autonómicos españoles. Colabora con diferentes medios y portales de Internet. www.susanaguzner.com