Sofía Hernández Chong Cuy

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La obra de cinco artistas latinoamericanos en torno de la autopsia entendida como una ?metáfora de investigación artística forman la exposición Autopsia de lo invisible en el Malba. Entrevistamos a su curadora, Sofía Hernández Chong CuyEntrevista a Sofía Hernández Chong Cuy
Curadora de la exposición Autopsia de lo invisible (MALBA)

Por Beatríz Montenegro de Antico y Alejandro Zuy
Fotos: Florencia Antico

Sofía Hernández Chong Cuy (Mexicali, México, 1975), se desempeñó como curadora de Art in General, una institución de arte contemporáneo con base en Nueva York. Además de organizar exposiciones allí, también creó un programa para la Comisión de Proyectos Artísticos para artistas emergentes, que incluyó el trabajo con artistas como Alejandro Cesarco (Uruguay), Sharon Hayes (Estados Unidos), Olivia Plender (Inglaterra) y Judi Werthein (Argentina), entre otros. Anteriormente, fue Curadora Asociada del Americas Society en Nueva York, donde desarolló las iniciativas Conversation Circles (2001-2003) y AS A Satellite (2003-2004), además de realizar la curaduría de las muestras Pictures of You (2002), una colectiva sobre arte conceptual mexicano, y Puerto Rican Light (2003), la primera exposición monográfica de los artistas Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla en Nueva York. Entre sus proyectos independientes se incluyen la co-curaduría (junto a Raimundas Malasauskas y Alexis Vaillant) de Black Market Worlds – BMW (2005), y de la 9º Trienal Báltica, organizada por Center for Contemporary Art en Vilnius, Lituania, y la curaduria de Makeshift (2000), exposición colectiva realizada en ArtPace, San Antonio, Texas, USA.

En esta oportunidad reúne la obra de cinco artistas latinoamericanos en torno de la autopsia entendida como una ?metáfora de investigación artística? que, a través del análisis profundo de un tema o de un cuerpo social, busca reconstruir hechos históricos o eventos contemporáneos. Sus trabajos indagan en desapariciones, secuestros y fallecimientos que quizás pasaron inadvertidos, y en deformaciones e interrupciones de la realidad.

Se exhiben aquí obras de Teresa Margolles (México, 1963); Regina José Galindo (Guatemala, 1974); Ignacio Lang (Puerto Rico, 1973); Mario García Torres (México, 1975), y Juan Manuel Echavarría (Colombia, 1947), todos artistas de diferentes generaciones que se han destacado en exposiciones de arte contemporáneo de los últimos años

¿Cómo fueron tus primeros pasos en la práctica curatorial?

Soy una curadora emergente, no soy una curadora establecida. En 1997, me fui a hacer unas prácticas profesionales a Estados Unidos, una especie de residencia como estudiante a una institución que se llama inSITE que se halla en la frontera de Tijuana – San Diego. Fui allí, en principio, estudiando historia del arte para hacer una investigación de tesis que tenía que ver con un nuevo modelo institucional, en este caso binacional. Había dos consejos directivos, dos equipos de trabajo, cada uno en un país y había, obviamente, distintas maneras de recaudar fondos para los proyectos.
Estaban haciendo proyectos cada tres años, uno que se iba a inaugurar en el otoño de 1997 que tenía que ver con residencias artísticas que se llevaban a cabo durante un período de tres años y durante ese período los artistas estaban invitados a hacer una obra en un sitio específico, particularmente en espacio público. Había cuatro curadores y el foco de esa exposición era el continente americano, eran artístas de las Américas, de Canadá hasta Chile y Argentina. Ahí me tocó trabajar con muchos artistas, ayudándoles a realizar y producir la obra, conseguir permisos y de allí surge realmente lo curatorial.
Durante ese tiempo en forma particular, por las discusiones que se dan en la década del 90´, tengo la pregunta sobre si los artistas están exigiendo a las instituciones que se transformen, que sean menos museos y más casas productoras de proyectos públicos, o si es acaso que las instituciones quieren que los artistas tengan una reflexión social más imponente y entonces dejen de ser museos y se conviertan en productoras. Claro que no es que uno dicta lo otro, es una conversación.

¿Cuál es la alternativa al ?cubo blanco?? ¿Cómo se relaciona el espacio público con las nuevas formas del arte?

He pensado mucho sobre el espacio público, particularmente porque trabajo desde Nueva York y casi todos los espacios que pensamos que son públicos son realmente privados. En realidad, he pensado mucho sobre cuáles son los campos de acción y cuáles son las maneras en que los artistas pueden intervenir en esos espacios y si alguien puede hablar sobre lo efectivo dentro del arte contemporáneo. Son cosas muy difíciles. Pensar sobre arte público me gusta pensarlo sobre cómo los artistas reflexionan sobre historias y la memoria colectiva y cuáles son las maneras en que transforman ideas, colocan objetos o utilizan materiales para hablar sobre esas historias. Creo que hay posibilidades de pensar lo público y lo privado a partir de ahí.
Autopsia de lo invisible es una exposición conciente que va a estar dentro del museo y hay como todo un espectáculo sobre eso.

¿Cuál pensás que es la función de los museos en el siglo XXI?

Dependiendo del tipo de museos. Este, el MALBA, es un museo de una colección privada que abre al público y este es un tipo de museo que está emergiendo más y más en el mundo, particularmente porque los estados no se han involucrado, no han invertido suficientes fondos para la realización de proyectos de formación de colecciones y demás. Es una condición de la cual vivimos y no hay vuelta atrás, va a haber más y más de este tipo de instituciones emergiendo, y el tema es siempre pensar qué significa quién está realmente haciendo las colecciones privadas, qué es el arte latinoamericano, si es el deseo, el interés de un coleccionista.

¿Considerás que el arte latinoamericano se diluye en la globalización o todavía somos considerados desde tópicos como el indigenismo, la revolución, la naturaleza, etc.?

Se me hace que ha habido esfuerzos, particularmente de instituciones que están haciendo exposiciones cada vez más radicales para posicionar a Latinoamérica como un continente moderno, que si bien ha sido relacionado más con el folklore, con culturas indígenas, de alguna manera trata de redefinirse como otro tipo de proyecto. Creo que la situación ha cambiado mucho porque se han publicado historias distintas, no sólo conocemos a Frida Kahlo o a Diego Rivera, sino que ha habido más énfasis en hacer otro tipo de historia y creo que esas publicaciones, que ya están en instituciones importantes, se han dado a conocer de una manera más amplia.

¿Cómo pensás que se va a ir desarrollando la relación entre la presencia cada vez más influyente de los curadores y los otros actores del campo artístico latinoamericano?

Los curadores que vienen de distintos países latinoamericanos tienen una agenda completamente distinta y de alguna manera muchos de ellos ya están totalmente insertados en lo que uno llama el mainstream, pero eso está cambiando. En realidad, lo que está cambiando es la percepción folklórica que se tiene de Latinoamérica. Eso cambia dependiendo de cuáles son los gestos y proyectos que ellos están defendiendo. Quizás los curadores más destacados que trabajan en Latinoamérica o sobre arte latinoamericano han hecho un esfuerzo para también definirse junto a la globalización y uno entonces puede pensar en Gerardo Mosquera, que es un curador que ha escrito sobre este tema, en Paulo Herkenhoff y la Antropofagía, y en otros como Mari Carmen Ramirez y Heterotopías. Entonces, hay gente que ha estado escribiendo en los últimos quince años y que tiene una labor muy importante, pero creo que ahora hay otra generación de curadores.

¿Pensás que esta nueva generación de curadores tiene que tener una formación específica?

No se si un entrenamiento específico. Se me hace que todos somos parte, tanto para bien como para mal, de un sistema que exige más y más la profesionalización en términos de estudios o demás pero también es muy importante la cultura que aporta cada uno.

Da la sensación de que no todos los curadores están preparados para realizar una exposición como la tuya.

Es que cada quien se enfoca en algo distinto. Hay curadores que están más especializados en antropología o en danza y por eso lo del performance y demás. Las especializaciones son distintas de las profesionalizaciones.

A la hora de pensar una propuesta curatorial y su modelo expositivo ¿partís siempre de una hipótesis o también abrís un espacio a la improvisación?

Depende del contexto en donde se desarrolle la propuesta. A mi, cuando MALBA me invita a presentar una propuesta curatorial para el programa de arte contemporaneo me manda la idea, los objetivos del programa, me manda los planos del museo y me manda una historia de las exposiciones que han hecho. Entonces, de alguna manera, yo también respondo a eso, no solamente a mis propias intuiciones e ideas. Pienso qué ha sucedido ahí y en cierta forma un punto de inspiración es el museo y sus historias. Otro punto de inspiración son mis propios intereses e investigación, y hay obviamente, un grupo de artistas en los cuales me he inspirado mucho y están aquí, como Teresa Margolles o Mario García Torres, que son artistas que me han dado mucho que pensar sobre el quehacer artístico o sobre la cultura.
Cuando llego a una propuesta es porque ya he estado pensando sobre obras en particular, en las cuales no he llegado a una resolución en términos de qué siento o cuál es mi experiencia, y a partir de eso empiezo a trabajar en otras ideas que me llevan a otros artistas. Todo es como una serie de puntos a los cuales estoy constantemente viendo y finalmente es una combinación de todo, y por supuesto el diálogo con los artistas de alguna manera va formando lo que son para mi las propuestas curatoriales.

Todos los artistas expuestos tienen en común el tratamiento de temas político-sociales extremadamente sensibles desde un punto de vista poético ¿Tuviste presente que se corría el riesgo de estetizar estas tragedias?

En realidad hay ciertos artistas que están interesados en eso. Juan Echavarría es uno. Para él es importante hacer un objeto bello sobre algo totalmente horrendo. Uno prefiere no hablar de las cosas feas y si de las lindas y la memoria juega así. Uno trata de borrar los hechos traumáticos y quedarse con los lindos momentos. Echavarría juega con esa contradicción para poder generar una serie de experiencias que son muy fuertes y que una vez más ayudan a uno a repensar momentos históricos.

¿Qué lugar ocupa este tipo de obra en el mercado contemporaneo?

En el caso de Ignacio Lang por ejemplo, la obra se ha exhibido en distintos contextos como en el P.S.1 / MoMA (2005) y en galerías comerciales. La obra ha tenido distintas manifestaciones o como decimos en inglés iterations. Es decir, distintas presentaciones. Particularmente me he preocupado más por generar valores simbólicos y de capital cultural en la obra. El potencial de esta exposición ? y creo que llegaremos al objetivo muy pronto- es que la obra va a generar un tipo de capital que va a resonar en términos de la carrera de los artistas. De ese tipo de valores puedo hablar. Es decir, de cómo se generan valores simbólicos a través de las exposiciones. Es importante hablar de los valores que va a tener la obra en la memoria de la gente. En cuanto al valor económico, estimo que va a haber una repercusión pero no se cómo.
Las obras que están en esta exposición son obras objeto, aunque se presenta la autopsia como un modo de trabajo o de investigación en donde el proceso es de suma importancia para la lectura de la obra y para la experiencia de la obra, al final de cuentas para los casos que se presentan aquí, la obra es un objeto. Entonces, es más fácil que haya movilidad de esta obra dentro del mercado, particularmente porque existe como un objeto que se puede ver e intercambiar. Pero la obra de García Torres es interesante para mi, en el sentido que la obra se va a desvanecer, porque está hecha en papel de fax. Entonces, de alguna manera, está poniendo énfasis en los valores que toma la historia porque él está hablando de una destrucción urbana que ha sucedido, y los edificios de Afganistán ya no existen, y las calles ya no están. El soporte habla de la misma historia. Todo esto está cautelosamente pensado por todos los artistas.

Autopsia de lo invisible
MALBA. Avda. Figueroa Alcorta 3415.
Del 29 de febrero al 14 de abril.