3 minutos

0
11

A partir de la película de Lublinsky, nos hacemos la pregunta: ¿existe el cine de ciencia ficción en Argentina?En el cine Gaumont, Incaa Km0 de la ciudad de Buenos Aires.

La historia entra sin dudas dentro del género, ya que supera lo fantástico al tocar un tema de ciencia. Un periodista en crisis matrimonial y laboral viaja a un pueblo con su esposa productora para hacer una nota sobre la desaparición del hijo de una actriz de antaño que ha desaparecido hace 40 años de la escena. El hijo se perdió dentro de una mina misteriosa y maldita. Su búsqueda es la investigación sobre una sustancia que acelera el tiempo, la misma que toman en ese noticero los presentadores de notas para hablar cada vez más rápido y generar en el público un efecto hipnótico y cautivador, con vistas al rating.
El periodista se enamora de una niña pianista de 14 años, que gracias a esa sustancia puede tocar el piano de manera perfecta y de paso superar la diferencia de edad y enamorar al protagonista. Ambos corren por el tiempo paralelo, desafían la lógica y hacen otra vida juntos.

El tema tiene una fuerte relación con problemáticas existenciales típicas del género, como el paso del tiempo, el envejecimiento, la muerte y los niveles de realidad. En este sentido, la ciencia ficción es sin dudas, tanto en formato de literatura o de cine, un espacio muy cercano a la metafísica y la ética.

La película es interesante pero no deja de llamarnos la atención cierta superficialidad. Como si hacer ciencia ficción tuviera tanto de pasatista y tanto de cine de culto, que lo que importa es la historia. Quizás en Argentina creamos que, para los amantes de la ciencia ficción lo que importa es el tema y el relato, y no importa demasiado el detalle fino de cómo se cuenta.

3 minutos tiene muchas desprolijidades a nivel de la narración. Es indudablemente, una película de bajo costo para el género. Vaya novedad, hecha en Argentina, parece más un ejercicio de escuela de cine que una película que nos representó por ejemplo en el Festival Internacional de Sitges, una de las máximas vidrieras del género. Y no es que sea una película de clase B o que siga la línea humorística bizarra de un Alex de la Iglesia. Es una película llena de ganas e intenciones, con un tema muy interesante y con guiños al mundo del cine y los actores.

Pero queda encerrada en un realismo con errores de continuidad. Tiene una música maravillosa, y las escenas más logradas son las de los protagonistas desencontrándose en el foyer del teatro del colegio Bernasconi.

De todas maneras, vayan a verla así ampliamos el horizonte. Y después charlamos. Me encantaría saber si existe el cine de Ciencia Ficción en Argentina. En el Marfici de Mar del Plata, en noviembre pasado, hubo una muestra del género, pero yo estuve más preocupada en ver otras cosas, el tiempo nunca alcanza en un festival para ver todo y quizás con cierto prejuicio, no fui a echar un vistazo.

Pero puedo decir que este año, en el 2×1 de cine argentino de enero, pude ver en el Gaumont una película que me movilizó mucho desde la narración, La Antena (2005, Esteban Sapir), no sé si ciencia ficción o más bien ese cine que hoy se llama Distópico, utópico o de mundos posibles.

Mundos posibles que se hacen de palabras. La ciencia ficción y la reflexión sobre los lenguajes van de la mano. Podría dar montones de ejemplos. Es que como dice el divino Burroughs y canta la maravillosa Laurie Anderson, el lenguaje es un virus del espacio exterior.

En La Antena, quizás por la marcada distopía social que implica todo el film, adopta un recurso narrativo específico, y a su vez brinda muchos niveles de sentido posible y muchos niveles de lectura. No se detiene en su sentido ritual y liberador, porque además muestra que todos los hombres pueden ser otra vez dueños de la palabra.

Todo muy bien, pero yo sigo haciéndome la misma pregunta, ¿existe el cine de ciencia ficción en Argentina? ¿O es solo cine fantástico? Agradezco cualquier comentario que me oriente al respecto.