Poesía en Quequén

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La poesía en esta posmodernidad es como un amuleto extravagante sobre la que todo el mundo habla o no. Y los poetas una especie en peligro. Los días 16 y 17 de febrero mas de 45 poetas se reunieron en Quequén, Provincia de Buenos Aires, en un Encuentro frente al océano,Quequén, Poesía: Playa o Faro.

No tienen santo y seña. Los poetas están ahí como testigos, como gestores, mediadores, sin servidumbres ni con altanerías.
Eso pensaba cuando recibí la invitación para ir al encuentro de poetas en Quequén por parte de la inefable Marina S. de la editorial Sigamos Enamoradas.

Los días 16 y 17 de febrero, frente al océano, mas de 45 poetas leyeron, otros entonaron y los menos cantaron, sus creaciones a las personas que salían del agua fría buscando el abrazo del sol, a los que se miraban de reojo y se decían todo, a los que tomaban mate, a los que leían, a los que compartían, a los que no se animaron a mostrar lo suyo. Vacaciones. Gente de vacaciones.

Entonces un poema puede llevarte a conocer ese universo de acciones subjetivas, como rampas hacia el mundo de la vida misma. Como radares que captan lo que nadie ve por ser tan sencillo o porque está absolutamente naturalizado en nuestra cotidianeidad.
O sea que el poeta es un mirador de la realidad, no es un profeta ni un mesías.
La poesía en esta posmodernidad es como un amuleto extravagante sobre la que todo el mundo habla o no. Y los poetas una especie en peligro.

Estuvieron el provocador Daniel Freidenberg, la hipnotizadora Susana Cella y Daniel Chirón, como un rayo.

Hubo otros y otras. Entretejieron palabras, enhebraron imágenes. Como una fuente llena de frutas que había que saborear: algunos de mucho color y sabor amargo, otros con una pelusa que engañaba porque adentro eran pura miel, otros con la fealdad de los tubérculos pero gratos en el paladar.

La poesía es más que un sabor. Pero es tan intangible como eso que queda y que se recuerda porque para eso estuvo. Lo otro es olvidable. Como una naranja o una manzana en un licuado multifrutal.

En un intento por trascender la mirada del frutero, entre lo visto, lo representado y lo escuchado. Se pueden pensar algunas categorías para explicar un poco más el alma del evento. Pura subjetividad, sino no podría.

Hubo dos clases de poetas y poesías.

1. Poetas y Poesías Playa.

Aquellos que exhibieron sus escritos (cuerpos) como en la playa, bajo el sol. Esto es, una feria de vanidades de tatuajes, purpurina, siliconas o botox.
La playa tiene eso. En la playa hay de todo. Pero también el mar se encarga de devolverlo. Arena y agua imbricadas, como el juego de palabras y forma.
Se los escuchó. Fueron aplaudidos.

Lentamente con la noche desaparecieron. Los poetas son solo seres humanos a los que les gusta la pizza a la parrilla, la cerveza, y se perfuman.
Además las poetas no histiriquean, sufren calladamente y los poetas no son faunos descarriados.
Pueden escribir los versos más tristes esta noche o mañana. No importa.

2. Poetas y Poesías Faro.

Amigos de la noche y eso es determinante porque el que anda en la oscuridad pisa, lleva por delante.
Pero la imagen también es que el poeta nocturno guía, señala, avisa, alumbra un poquito. Este tipo de poetas no está en ninguna atalaya ni tampoco está ensoberbecido, antes bien cree que el mundo para cambiar necesita: locura, ternura y cultura.
Este tipo de poetas le canta al desamor. Bebe hectolitros de vino porque en definitiva las uvas lloran para que los hombres rían. Omar Kayan lo dijo.

El poeta, dicen los poetas del faro, no está para sobornar a la sociedad, debe sabotearla.
Estos poetas, por su temática, salen de noche como seres espectrales.
A la noche ocurren los aquelarres y el viento se enseñorea: lame y erosiona. De noche los traficantes negocian la luna y los sueños de los que duermen abrazados y los de los que andan buscando su próxima víctima.
Este poeta noctámbulo y nocturno parece hematófago, pero eso es mentira.
No le importa Paris, ni los recovecos de una calle cuasi medieval en un país nórdico, tampoco usa palabras en inglés o esperanto. Designan el mundo con las palabras de su cultura.
Lo demás es neocolonialismo. Bah! Posmodernidad.

Claro. Sigo pensando en el poeta, como otros artistas, sumido en la miseria, desatento con el mundo. Ese que es capaz de tomar cianuro con el whisky o meterse en el mar para bebérselo. Ese al que las mujeres le dicen chau y le gritan en la cara que no fue capaz de hacerla feliz y tampoco de hacerla sufrir. Porque en definitiva eso es la poesía y eso los poetas.

Hasta que mi amigo Ernesto dijo: – Eso ya no existe más. Sacátelo de la cabeza.

Uh!! Piup? piup… pie!!!! Uhh?

Y yo, que creí que el poeta era como el tinieblo de las mujeres bellas: prohición, amor inventado, caballo embarbascado, barrote y evasión.

Uh!! Piup? piup… pie!!!! Uhh?

Publicado en Leedor el 22-02-2008