De memorias y sueños

0
12

Artes en cruce: la obra de teatro Del Otro Lado del Mar, de Omar Pacheco dispara relaciones con el escultor mexicano Héctor Velásquez.La puesta de Pacheco es original desde antes de comenzar. En una atmósfera onírica se debaten los tres protagonistas de la obra, un hombre que se desdobla en otro en la lucha por mantenerse al margen de la tentación por el poder y una mujer que le ofrece y le oculta esos símbolos. La relación entre estos seres es absolutamente visceral, es una danza de cuerpos que se encuentran, que chocan, ruedan, se acarician y golpean, se odian y aman al mismo tiempo. Lejos, como en otro tiempo y en otro lugar se suceden hombres y mujeres que se desplazan como en una procesión devocional llevando pequeñas valijas que remiten a los retablos de las iglesias y que no son otra cosa que recuerdos. La oscuridad ocupa la sala, los cuadros iluminados en forma precisa se suceden en una multiplicidad de espacios en tiempos reducidos, irreales e inhabituales en el teatro tradicional.

La imagen vulnera la percepción del espectador, los sucesos llegan como materializaciones del inconciente, no importa lo que se aprehenda a través de lo racional, la música, la expresión corporal y los sonidos de un lenguaje inteligible conforman un todo que apunta a lo emocional. Omar Pacheco en un reportaje expresó que no pretende que su obra se entienda, su objetivo es lograr que el espectador salga de su espacio de seguridad y viva sensaciones distintas, dijo ?Mi propuesta busca instalar al espectador en un espacio inhabitual, sin definición temporal, para vulnerar su resistencia intelectual y apuntar directamente a la percepción y a los sentidos.?

El carácter onírico de la puesta se refuerza gracias a los efectos que se logran debido a la iluminación, a los objetos que parecen flotar en la oscuridad y al acercamiento y alejamiento de las imágenes; también los distintos planos en los que se desarrolla la trama, por momentos parecen ordenados en registros e inesperadamente se abren puertas que nos muestran un recinto profundo por donde emergen cuerpos que se acercan desfilando.

Omar Pacheco refiere que esta obra tiene mucho de autobiográfica, alude a sus miedos infantiles, su relación con la religión, sus fantasías, sus culpas y a la voluntad de acceder a una libertad interior. Despojarse de lo impuesto, de lo obligado es en realidad un deseo que muchos comparten y que les permite abordar la pieza casi como una catarsis.

El surrealismo se presenta con la propuesta de una solución que garantice al hombre una libertad positivamente realizable. Esta propuesta se apoya en la filosofía y en la psicología. Sigmund Freud aportó sus estudios acerca del inconciente y del sueño. El sueño representa una porción de tiempo no menor a la vigilia donde el hombre se satisface plenamente con todo lo que sucede; en él aparecen las experiencias placenteras o traumáticas y los deseos reprimidos inconcientes o no. Los sueños son atemporales y desordenados y algunas veces son tan crudos y libres que el superyo los reprime. André Bretón escribió: ?El poeta futuro superará la idea deprimente del irreparable divorcio entre la acción y el sueño? ; su perspectiva consistía en aprender a liberar las fuerzas del yo inconciente en el estado de vigilia. El surrealismo es entonces: ??un medio de liberación total del espíritu y de todo lo que se le asemeja.? Y volviendo a citar a Bretón: ??es el automatismo psíquico puro? Es un dictado del pensamiento sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.?

Pacheco recrea en su obra los preceptos del surrealismo; lo onírico, los deseos primitivos e inconcientes se materializa en la actuación. La preocupación por alcanzar un estado de bienestar desligado de las tentaciones que le ofrece el mundo de lo tecnológico y material y también la idea de permanecer más allá de la muerte es la expresión del camino para llegar a un mundo maravilloso donde el hombre se libere de la inhibición accediendo a la libertad incondicional.

Héctor Velásquez es un artista plástico mexicano contemporáneo. Conocí su obra en la Bienal arteBA 2007 en el stand de la Galería Terreno Baldío. Su obra me atrajo por su carácter expresionista y por la laboriosa factura: el soporte es de yeso forrado en un finísimo hilo de lino de color rojo.

Este escultor trabaja en series, entre las que se destacan En Silencio, El Grito y Xipe Totec. En ellas el protagonista es el cuerpo humano y Velásquez explora los sentidos del hombre contemporáneo y la impronta de la cultura maya en él.

Xipe Totec es una deidad prehispánica que representa la fertilidad y los sacrificios, su nombre significa nuestro despellejado señor, esto se debe a que se quitó la piel para alimentar a la humanidad igual que la semilla de maíz que pierde la capa externa antes de germinar. El rito se lleva a cabo sacrificando esclavos, eran desollados vivos y su piel usada por los sacerdotes en los rituales de la fertilidad. La sangre riega la tierra, la renueva y rejuvenece. En la obra Velásquez, se mete en otro y toma su piel, de esta manera manifiesta la importancia de ese ?otro? en la construcción de la propia identidad y rompe con el aislamiento físico y espiritual. Forma una sola estructura y usa el rojo para simbolizar la sangre como elemento renovador. Por medio de la posición de los miembros expresa en el caso de las manos en manos la idea de protección, en los rostros dentro de rostros la fusión entre la mirada y la conciencia. Estas uniones nos hablan de la integración del otro a sí mismo como una renovación espiritual y social.

En la serie El Silencio toma la idea de la visión interior. Los bustos tienen la boca y los ojos cerrados y las orejas replegadas hacia adentro. La sensación de silencio absoluto, logra dar una imagen de introspección e inmovilidad. Los sentidos están replegados sobre sí mismos.

En Gritos la boca abierta emerge de un globo color rojo suspendido en el espacio. Es la expresión de la desesperación y el momento del desahogo.

Héctor Velásquez reflexiona acerca del cuerpo humano y su relación con las influencias del mundo exterior. La invasión de la tecnología, la extrema comunicación, la pérdida de la memoria de los rastros del pasado, la imposición a ultranza de los estereotipos que genera la pertenencia a ciertos grupos sociales forman el corpus del cuestionamiento que logra trasmitir. Centra la atención en el interior del individuo y la expresión de las emociones y sensaciones; y su relación con los demás. Su obra conmueve por su significado y por su carga expresiva.

Entre las esculturas de Velásquez y la obra teatral de Pacheco, hay ideologías compartidas. Cada uno a su manera lucha contra la superficialidad del hombre y nos habla de volver a lo profundo, recuperar los recuerdos, la honestidad, no reprimir los sentimientos, aspirar al bienestar que nos proporciona tener sueños y tratar de cumplirlos, sentir al otro, tener con él una relación sincera, estar en su piel, no someterse, ser libre. Comparten una estética expresionista. Utilizan el color rojo y el cuerpo humano, el grito y los silencios. Los fondos negros que nos dan idea de profundidad. Lo cultual al recurrir a los mitos mayas y a las procesiones del cristianismo.

Xipe-Totec es un dios que viste la piel desollada de un esclavo sacrificado y este rito se repite en la cultura maya cada primavera, estación del ciclo agrícola; también se lo llamó Tezcatlipoca Rojo. Velásquez utiliza estambre color rojo, como la sangre, para revestir sus esculturas de yeso como metáfora de renovación de la tierra, del hombre y de la sociedad; del mismo modo Pacheco usa este color en las faldas de sus personajes que buscan, también renovarse y dejar de vivir presos de los atractivos materiales. Es cierto que este color tiene el poder de producir un impacto importante en el espectador, le hace desviar hacia sí la mirada, técnicamente tiene la característica de ubicar al objeto en primer plano, también creo que los dos artistas eran concientes de esto y lo utilizan para remarcar la importancia que desean darle a la pieza escultórica o a la escena teatral.

El sonido es otra característica compartida, el grito nace de lo más profundo del ser y se clava directamente en el otro, estos dos artistas concientes de este impacto lo utilizan con el objetivo de despertar fuertes emociones y sensaciones.

En las esculturas de la serie ?El silencio?, ver, escuchar y hablar se advierten amplificados hacia el interior de las piezas, podemos inferir que el autor nos quiere mostrar la introspección; aquí se cruzan el lenguaje del pensamiento en las obras de Velásquez el lenguaje gutural y los silencios en la obra de Pacheco como expresión del primer lenguaje infantil. También el silencio significa una forma de enfrentarse y no rendirse ni aceptar los rituales impuestos de un mundo que se aparece como oponente.

Ambas obras apelan a los sentidos más que a lo intelectual: la imaginación, lo sensorial y los sueños. En las dos obras el cuerpo humano es el núcleo escénico, y la integración del otro, en la escultura, y la desintegración del otro (el alienado), en la obra teatral, se viven como una renovación.

En la pieza teatral de Pacheco el tiempo se diluye, no hay registro temporal en ningún momento, no es fundamental; en las esculturas el hilo de estambre con que están revestidas nos hablan de un trabajo minucioso como el de Penélope en la Odisea que tejía y destejía esperando a Ulises, lo podríamos interpretar como la recuperación del tiempo mítico en el que el mismo tiempo no es importante ni vertiginoso como si lo es en la actualidad.

Publicado en Leedor el 21-02-08