El trueno entre las hojas

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Roa Bastos le pone fuerza a los diálogos, el director se encarga de las miradas y cierta estética rústica, a puro machete, y la Coca no era el diablo como solía decir el confesor.Verano.
– Si, con hielo, por favor.

Verano.
Refugios fríos en la gran ciudad: los bares sin aire pero con ventiladores y techos altos; la plaza y el añoso amigo que te da sombra; la compu porque te permite poner tu rumbo y navegar; el cine ?

– Aquí me quedo.
En casa. Programa especial: El Trueno Entre Las Hojas. Libro y guión de Augusto Roa Bastos. Dirección: Armando Bo. Actores entre otros: Isabel Sarli. Año 1956, otro dicen 57 y tambien 58.

Hasta aquí, más o menos, la información parece sacada del Diccionario del Cine Argentino de Manrupe y la Portela.

– Pasaron 50 años.
Eso pensé cuando justifiqué el volverla a ver. No está mal la idea si la Sarli me llenó de ratones la cabeza.
Había que verla en el cartel frente a la Ferretería “La Llave del Pueblo”, en Villa Ocampo, provincia de Santa Fe.
Había que ver la propaganda del Cine Ideal: afiche gigante y con tiza azul los horarios y la clave, prohibida para menores de 18 años.

Pero ninguna prohibición podía con mirar el rostro hermoso con esa boca trémula, candente y roja de la Isabel que te mira y te dice papito. Y más abajo las prominencias como faros que guiaban al naufragio de tanto pibe adolescente.

Un poco después Aznavour grabó una hermosa melodía que hablaba de Isabel? Isabel.
No hay otra Isabel en mi vida.

Canalla? ¿Qué pretende usted de mí?

La Isabel siempre fue ladera. Nunca oficial. Como la sombra de un hombre: se esconde en los rincones, se estira, se encoge, odia las luces y el sol porque la obligan a desaparecer.
Es la otra.
Esos amores pueden durar toda la vida y aun después.

Isabel Sarli es Hilda Isabel Gorrindo Sarli, de cáncer, nacida en Concordia, Entre Ríos.
No era el diablo como solía decir el confesor.
Era una belleza argentina: morocha, voluptuosa, motivo de piropo de tanto camionero, afiche en los talleres mecánicos y para el almanaque de firestone. Y verla bañarse era para filmarla o para alcanzarle el jabón o la toalla, o sebarle mate ( y cebarse) hasta que la muerte nos separe.

No todo es amor
El Trueno tiene algo de épico y de aventura. Hay que seguir la vida de los hombres en lo tenaces sistemas de explotación en las economías de ciclo corto. Porque el bosque, el caucho y las pieles no se renuevan fácilmente. Cuando se acaba, se acaba.

Así que el sistema es injusto, voraz, salvaje. Bah! Capitalismo puro.
O sinó recuerde, caro lector, la explotación del quebracho, o las prácticas aberrantes que desnuda Hugo del Carril en Las Aguas Bajan Turbias.
El sistema de explotación es económico con prácticas que deshumanizan la humanidad.

Roa Bastos le pone fuerza a los diálogos, el director se encarga de las miradas y cierta estética rústica, a puro machete, y de la música que, como la selva, es un telón de fondo insondable, duro, fuerte.
La lógica del machete y de la pólvora transforma a todos en un blanco móvil. La tragedia determina la pasión y el odio, que van de la mano.

Es que en la selva los rituales de la cultura no esconden. Es lo que es: vida, reproducción y muerte.

Vale la pena, en una tarde calurosa cualquiera, mirar y disfrutar este cine que nos conecta con el ethos heroico que escasea tanto en la noción de argentinidad.
Hay mucha pavada cultural y neocolonial por ahí: Harry Potter, San Valentín y san Patricio, halloween,
papa noel, la nieve y el paisaje nórdico y la comida de la navidad. Y no sigo porque no es pertinente.
Digo, la resistencia cultural es legítima en época de disvalores.

Hay muchas actrices y prácticas culturales que son como una mujer frígida: fascinantes en su envoltura y decepcionantes a la mañana siguiente.

Por eso, Isabel, con mucho cariño: TQM.

El trueno de las hojas fue editada recientemente en dvd

Publicado en Leedor el 15-02-2008