El amor en los tiempos …

0
6

Algunas razones para llevar a sus hijos a ver la historia de Fermina Daza, Florentino Ariza y Juvenal Urbina.Un amor que puede durar cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días.Sed y Agua en los Tiempos del Cólera

En una época en donde el amor se toma como una visita higiénica y nada más que eso, viene bien escuchar un poco del Sandro de “Así o Penumbras”, los Beatles de “Oh! Darling”, o al Carlos Gardel entonando “El día que me quieras”.
Lo que quiero decir es lo siguiente. Usted sabe sobre la educación amorosa de sus hijos?
No solo la genitalidad, sino eso otro que le pone sentido, de golpe, a todo. Lo que abatata y tilda. Que lleva a escribir su nombre en las paredes y los versos más tristes esta noche.

Yo no sé que le pasa a este chico!

A ver. Los pibes de la esquina, la barra y la comunidad gregaria en torno a cualquier asunto, ya no existen. Los convoca el rock pero el volumen altísimo los deja sordos.
Bailar. Imposible porque se baila solo o haciendo pogo.
Ah! Ya sé. Usted piensa que en el colegio? Pues allí la vida y el amor ya están instalados y dados por sabidos. Sinó sos un marciano!
Los libros. Creo que Ediciones Paulinas sigue publicando cosas como “El Diario de Daniel” y “El Diario de Ana,” una mirada sobre qué me pasa y por qué me pasa.
Perfecto para uno que con menos de veinte disfrutaba de ?Ayer no más, una mujer en mi camino, me hizo creer que amándola sería feliz?uuuh uuuh. Hoy desperté, pensando en ella y me di cuenta??.

Entonces la televisión. En el cable Venus y Play boy degradan el amor.
Después viene la forma bizarra de amar de los Fierro, que antes amaban de la misma manera, torpe y desamorada, siendo verduleros, boxeadores, recolectores de basura, indios o gauchos. Personajes.
Lo mismo da. El estereotipo está y funciona. En el amor todo es intriga, el débil es débil y boludo. Lo mismo que el que ama.

Déjeme decirle algo. Todas estas razones justifican para que usted lleve a sus hijos a ver El Amor en los Tiempos del Cólera. La historia de Fermina Daza, Florentino Ariza y Juvenal Urbina.
Hay que pensar para entender un amor que puede durar cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días.

Eso no es amor líquido. Es un amor de miradas furtivas, ganas de morirse y no volver nunca más; mechones de cabello, cartas y poemas infinitos.
Si bien el amor es un invento, su desorden y desesperación a veces mueven la cultura. La favorecen en sus contenidos y se amamantan de ella.

Destruir un amor es tan difícil como fundarlo
El amor no es genocida. Y eso es bueno, antes bien enmadeja la vida. No hay mala fe, pero lo puede volver errante, desprolijo, enlodado, borrachito y todo lo que incluye el llamado mal de amores.
O sea que el amor incluye el desamor. El olvido y la indiferencia pueden ser definitivos. O uno se puede quedar con esta gran paradoja: te odio con ternura, te amo ferozmente.

Formas y circunvoluciones de esa cosa llamada amor.

Oh! Amada mía
El amor nos vuelve sibaritas, angurrientos, insaciables y voraces. Pero una cosa es la búsqueda de Florentino Ariza y otra es la de los encuentros que hoy se dan: el amor es un encuentro (un acontecimiento?) sin pasado y, por lo tanto, sin futuro. Apenas un roce.
Esta bien que el amor sea glorioso. Lleno de tristeza y desaciertos pero glorioso al fin.
Florentino es el amador. Por eso es un amor de hombre.
No va a la guerra y ella se queda esperándolo. No se lo llevan a la fuerza y ella llora una eternidad.
Acá hay un hombre al que los acontecimientos llevan por delante, entonces se arma, se protege: ??mi fidelidad eterna y mi amor para siempre?. Eso le dice a Fermina, y eso configura su corazón y su vida.
Los amores así, inventados y alimentados enredan todo lo que sigue. Pero no es suicida un amor así.
Lleve a sus hijos a ver un poco de sueños que movilizan!
Y recuérdeles que aunque nos rompan el corazón uno junta los pedacitos y comienza de nuevo ensayará unas decenas, un centenar de veces. O bastará con una sola.
Ahí aparecen los misterios del amor.

Esta mujer es mía y fue de otros
Esta otra se cruza en mi camino y gestiona fugacidades cuasi histéricas, clandestinas.
Esta otra fornica, se arregla el pelo y ni siquiera me dice chau.
Esta otra parece Maquiavelo en faldas.
Esta otra tiene espesuras de adolescente que van de la lágrima al torrente.
Esta otra se cree maniquí.
Esta es a medida, pero es de arena.

Amor o amargura. No importa. Vaya al cine y no vaya solo.

Después, si quiere, vuelva a leer a Gabo, para meterse por los intersticios que nos regala el amor, que es la vida misma.

Publicado en Leedor el 21-01-2008