Estrellas

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La relación que se establece en la película de León y Martínez entre la cultura y la pobreza da para pensar y para decir algunas cosasSueños con estrellas, que no son cosas.
Siempre que pienso en cine me vienen a la mente una diversidad de imágenes. Por ejemplo pienso en la Alegoría de la Caverna. Lo que se ve es un reflejo de la realidad.

También se me ocurre algo con la Cueva de Altamira y todas las pinturas rupestres, esa idea mágica de representar lo que se anhela o se quiere capturar. La realidad está afuera. En el trabajo, el poder y hasta en el amor el tipo se hace la peli. Imagina, sueña, proyecta, hasta que se tropieza y chau cántaro.

O sea que puedo decir que el cine es, también, una representación de la realidad. Eso pensé y eso se me ocurrió después de ver Estrellas. Muy recomendada por mi amigo El Chino. Es que uno sin los amigos va muy solo.

Ahora, y esto es para charlarlo, esa película me dejó pensando en un montón de cosas.

Bien por algo que dura 65 minutos y te revira. Pongo aquí, medio crudo o medio cocido, todo lo que me bulle dentro: Por un lado el tema de la pobreza. Esos problemas de definición que tiene y que los sociólogos, antropólogos y economistas no han podido concretar. Por otro lado la pobreza como una representación social que el cine, la televisión y la prensa escrita presentan a diario y que modelan, o cargan de sentido nuestros pareceres.

Pienso por ejemplo en cómo se encara la relación cultura y pobreza en la película Luna de Avellaneda. Con un tutú y un poco de compasión? (Fue lo que le puso Darín?) La nena puede cruzar el riachuelo.

Hay toda una ideología que sustenta, aunque no lo parezca, la desigualdad. Esconden, matizan, camuflan lo real.
En la película encuentro presente muchos discursos. Y los discursos son representaciones. De la pobreza. De la moda de lo marginal. De los procesos de autogestión. De las estrategias de supervivencias. De la creación y la creatividad. De los límites entre la realidad y la ficción.

O sea dos mundos. Aquí, frente a la compu, con cafecito incluído y el allá adonde ni los marcianos quieren invadir. Pero de donde salen jugadores de fútbol endiosados, boxeadores que hicieron cantar el himno a miles, barrenderos que mantienen limpia la ciudad que no querés y ensuciás. Músicos, poetas, albañiles, vigilantes, también ladrones y, por qué no?, actores. Tal vez haya muchas diferencias entre los llamados lugares de la pobreza con los lugares de la riqueza. Quiero decir que en el country, máscara de por medio o botox o como se llame, los marcianos no quieren ni aterrizar porque todos los valores son disvalores.

O sea lo mismo o peor.

Qué dice Julio Arrieta de ellos. Qué pueden hacer de lo que son. A mí me suena como muy resignado escuchar que los villeros hagan de piqueteros, tumberos. Okupas, delincuentes y toda la lacra social que al director se le ocurra. Eso si, nunca un Hamlet, Romeo, Alcalde o Monsieur Jourdain! O sea que tanto insisten con el estigma que al final te lo creés!

Y el sindicato de actores? Son ingenuos y creídos que reproducen hacia abajo lo que empresarios y directivos de canales les hacen a ellos. Hay una perversión en la descalificación. Después cuando les dan un premio a la trayectoria (esto es para no perdérselo en el próximo evento que haya) algunos aplauden, pero la mayoría se ne frega en el premiado.

Miran a otro lado cosa de que el cameraman los enfoque. Están conformes con mostrarse disconformes. Qué aburridos, por no decir otra cosa más criolla. No se acuerdan de los compañeros actores que se suicidaron por no tener más lugar en un mundo de carilindos, que nunca pasaron por las tablas y que nunca pasarán por ahí?

La película se llama Estrellas, pero parece más bien un panorama de estrellados.

Y qué decir del mundo del laburo? El trabajo aparece aquí como una changa, muy posmo, sin protección, sin sindicato, sin aerreté y sin obra social. Bah! Todo es una obra del mercado: el trabajo, la pinta, la mirada y todo, incluyendo libros, pinturas, músicas, todo como una mera mercancía. Sujeta a la mano invisible de la oferta y la demanda.

No hay que confundir las estrellas con los foquitos que cada uno enciende, pone en el techo y cree que son estrellas en el cielo.

Publicado en Leedor el 2-01-2008