La muerte lenta de Luciana B.

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En esta nueva novela de Guillermo Martínez la pregunta parece ser el azar o las monotonías del azar, por las que también se preguntaba Borges en ?La lotería en Babilonia?.

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Guillermo Martínez define esta novela que ha publicado en noviembre, como un ?policial abstracto?. Al modo en que lo ha hecho en ?Crímenes imperceptibles?, hizo consistir la historia, organizándola con ciertas hipótesis. En este caso la pregunta parece ser el azar o las monotonías del azar, por las que también se preguntaba Borges en ?La lotería en Babilonia?.

Fue Borges quien llevó al género policial a tramarse con la filosofía. Josefina Ludmer, se preguntaba en 1999, cómo salir de Borges, y se respondió que se podía salir desde Borges mismo.
Tal vez esta novela, sea una de las tentativas de salir de Borges, con sus recursos.

El narrador de esta historia describe: ??una idea demasiado vaga buscaba cómo expresarse, como si fuera un animal esquivo que estuviera merodeando, a punto de tocarme, a punto de huir, en el silencio del sótano.?; mientras intenta contrastar los hechos que coteja en los diarios del pasado, con la versión de Luciana B.

Esta descripción bien podría ser el ?aura de la escritura?, ese estado previo al encuentro con los significantes exclusivos de cada escritor, los significantes que lo gobiernan, sus insistencias.

Esta novela, que se presenta como policial, trata también sobre los efectos de la escritura. Es una carta escrita por Luciana B. la que desata las desdichas. Luego el narrador escribe una versión de la historia. La escritura produce efectos, la palabra crea mundos, aunque no modifique lo real, en tanto lo imposible de ser nombrado.

Cuando el narrador se embarca en la investigación y llama a Kloster se miden en un breve diálogo:

?-lo llamo porque estoy por escribir ahora una novela sobre una historia real?
-¿Real?-me interrumpió, con un tono de burla-. Cuántos cambios. Creí que usted abominaba de los realismos y que sólo le interesaba no sé qué experimento arriesgadísimo del lenguaje.?

El narrador es escritor, es crítico y se convierte en periodista-detective. Pero no investiga necesariamente los hechos, sino que interviene sobre las versiones de los implicados. Parece no importarle la inocencia o la culpabilidad de las partes, sino cotejar las diferencias en las versiones. De lo que resulta una Luciana B. sumida en la certeza, y tal vez en un modo de locura.

Luciana B., una mujer agotada por el real de la vida, también es un MacGuffin, un objeto-excusa acerca del que dos hombres escritores van develando su modalidad deseante. Los dos, tanto Kloster como el narrador, han estado subyugados por su seducción, casi silvestre.

Luciana B. es el personaje que irá compaginando el clima del relato, hasta que Kloster, el oscuro y críptico, comience a hablar.

También ha dicho Guillermo Martínez en ADN Cultura La Nación del 10 de noviembre del 2007: ?esta novela tiene algo de los mundos de mis tres novelas anteriores. Hay muertes, como en Crímenes imperceptibles; hay un mundo de escritores, como en ?La mujer del maestro?, y está la acechanza de lo diabólico, como en ?Acerca de Roderer??.
Como lectora, diría que esta novela de Martínez, está bien calibrada logrando el efecto de los cuentos clásicos, como sistemas cerrados. Deja librado al lector la elección de la perspectiva que puede adoptar, a diferencia de ?Crímenes imperceptibles?, donde efectivamente contamos con un asesino que se descubre y da cuenta de sus razones.

?A la justicia no le importa cuál es la verdad, me dijo, son sólo las versiones que pueden demostrarse? Esto también se parece a la verdad de la ciencia.

Recreando un proverbio de William Blake, tal vez el azar esté enamorado de las creaciones del pensamiento.

Publicado en Leedor el 13-12-2007

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