4 meses, 3 semanas, 2 días(II

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Profundamente femenina, la película de Cristian Mungiu es mucho más que una película sobre el aborto.“Antes las mujeres estudiaban medicina, ahora estudian tecnología”. Dice uno de los invitados al cumpleaños al que asiste Otilia, en medio de la noche, cuando ha dejado a su amiga en el hotel esperando que se produzca el aborto inducido, previamente pagado, en dinero y en especias.

“Antes los jóvenes no fumaban en la mesa” dice el mismo personaje. La mesa está servida, es un cumpleaños familiar en el que Otilia conoce a a la familia de su novio. Pero ella no está ahí. Porque solamente piensa en hacer una llamada.

¿Se puede pensar 4 meses, 3 semanas, 2 días por fuera del contexto de la Rumania de fines de los ´80, en plena dictadura de Ceacescu, o yendo un poco más allá por fuera de la Europa de fines de los 80.?

Una película que pasará al recuerdo seguramente como una película sobre el aborto pero que es algo más, mucho más. Porque el compromiso que tiene Otilia con Gabita va más allá de una relación de compañeras de universidad, es un compromiso solidario profundamente femenino, profundamente humano. A Otilia ese compromiso le viene de las entrañas. Y la película, en su relato y en su cuerpo narrativo se ocupa de enfatizarlo.

En ese mundo de control, de preguntas por exceso, mínimas y máximas, donde hay que identificarse permanentemente, explicar, fundamentar, mentir, ese cuarto de hotel se convierte en una cápsula donde pasa desde lo más humillante hasta lo más solidario. Un hall con sillones rojos antes de entrar a la cápsula. La puerta puede estar cerrada. Y es peligroso. O abierta, y tambien es peligroso. El mundo, afuera es hostil, adentro tambien pero se puede elegir.

En ese mundo de control, los personajes construyen grietas, el peligro está afuera, en la noche oscura, cuando la cámara se hace documental, en mano nerviosa. Responden a preguntas obvias con respuestas obvias, responden y responden.

Bebe es un personaje siniestro, tiene la calma de un torturador, explica y exige lo más terrible con la pasmosa seguridad que le da saber que lo va a conseguir. Gabita está desesperada, y de esa desesperación Bebe se aprovecha. Porque lo humano también es el desprecio.

Claustrofóbica, nerviosa, la película de Cristian Mungiu elige qué mostrar y qué no. Juega con el espectador en el plano de la sugerencia y exhibe con crudeza lo más políticamente incorrecto, y tal vez lo más real.

Otilia toma las decisiones y acciona. Gabita, pasiva, es un cuerpo desesperado. Permanentemente interrogadas por los otros, tambien se interrogan entre ellas.

Pero finalmente, el último plano es el del silencio..

Publicado en Leedor el 6-12-2007