La pintura de la plaza

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En las paredes de Buenos Aires repercuten pujas simbólicas, a través de la disputa por los signos y por las representaciones: la de la esquina de Federico Lacroze y Córdoba es solamente un ejemplo.La pintura de la plaza

El proceso de cercenamiento (muchas veces privado) del espacio público en la ciudad de Buenos Aires es un hecho harto evidenciable en los últimos años. Las plazas enrejadas son quizás los signos más elocuentes de tal proceso. La privación del ingreso libre a un espacio público, su uso bajo restricción policíaca, son síntomas de una política de ?lo público? que tiende más a la prohibición y represión que al consenso y al diálogo. Curiosamente, tales medidas fueron tomadas (y agudizadas) por gobiernos de autoproclamado tinte progresista. Pero sabemos, las palabras se constituyen, significan por contexto, en relación con otras, y ser hoy progresista, es un jactancioso y vaciado matiz retórico que todo porteño ?bien pensante? puede autoasignarse sin mayor esfuerzo ni responsabilidad (estos dos últimos, valores victoriosamente rechazados por el mismo espíritu progresista contemporáneo, ingrávido e indolente)

Pero tal cercenamiento no solo incide de modo material sobre los usos y costumbres del porteño medio. Ese otro espacio público, no transitable más que a través de la mirada, que configuran las paredes de la ciudad, no queda exento de restricciones, pujas; no queda fuera de las disputas que a veces ruidosas, otras silenciosas, se dan por un espacio público, que, en términos de Marc Augé, no es otra cosa que el ?espacio de debate?. En las paredes repercuten tales pujas en forma simbólica, a través de la disputa por los signos, por las representaciones. ?Si todavía existe hoy algo parecido a lo que en aquellos tiempos pretéritos se llamaba lucha ideológica, esta se da en el campo de las representaciones antes que en el de los conceptos?, dice Eduardo Grüner, conminando a las paredes a convertirse en espacios de batallas, terrenos de lucha por el sentido de la Historia reciente, ámbitos en donde la identidad social se pone en juego y se construye.

En la esquina de Federico Lacroze y Córdoba, hasta hace unos pocos meses atrás, en una pequeña plaza, había una importante pintada recordando ?el cacerolazo?, y los muertos en aquellos días. Un buen (mal) día la plaza es ?reciclada? (otro término de eufemística progre), y la pintura/rememoración es tapada (curiosamente para esos mismos días, un departamento ?tomado?, a media cuadra de la plaza, es pintado, y con el mismo color con el que se pinta la plaza: un ocre de neutralidad cool) A los pocos días, casi como en contraofensiva, se coloca una plaqueta recordatoria de los asesinados en los ardorosos días caceroleros, y se grafitea ?la memoria no se tapa, si sacan la placa le pintamos todo?. Días posteriores, la placa es arrancada. Hoy sábado, a algunas semanas de ese último ?movimiento?, un grupo de vecinos, de la Asamblea Popular Chacarita-Colegiales, está volviendo a pintar aquella primera obra luego tapada, en la que se veía (se está volviendo a ver nuevamente, a medida que avanza la obra) a una mujer de rasgos amerindios, que con fiereza sostiene y golpea una cacerola, sumado a los nombres de los asesinados, a quienes se les han agregado -actualizando, reinterpretando el devenir histórico- nuevas víctimas (Julio López, Carlos Fuentealba)

Un detalle aún no mencionado. A media cuadra de la plaza, y enfrente del edificio ?tomado?, están por estrenar un departamento que ocupa casi un cuarto de manzana, el cual será, según lo promocionan, de ?primera categoría?. No es extraño suponer que ante un pedido ?de legitimidad progre-, por parte de la empresa privada a cargo del departamento a estrenar, de un ?lavaje de cara? de la cuadra, el gobierno de la ciudad haya actuado ?limpiando? (de historia, de realidad) la zona.

El debate (es decir, la construcción por consenso/disenso de una sociedad) tiene lugar en el espacio público. El espacio público es el principal espacio donde se dirimen modos de vivir, ideas, visiones de mundo (ideologías) En este caso, tal debate se dio entre quienes intentan rememorar un hecho y quienes proponen ocultar tal rememoración (y por tanto, invisibilizar el hecho) A escasos días de la asunción en Buenos Aires de un gobierno, cuyo líder (en esos pequeños raptos de declamación que posee) aboga, y con él un sinnúmero de proactivos ciudadanos, por un olvidar el pasado para mirar hacia el futuro, la puja por la pintura de la plaza se vuelve un sintomático augurio.

La lucha por lo recordable, por las valencias de aquello rememorado, es la lucha por la identidad. Sin definiciones acerca del quienes fuimos, se vuelven insustentables las preguntas acerca del quienes queremos ser. Y el presentimiento que me despierta el suceso que relato en este escrito, es que si bien la lucha, como dijimos, es intrínseca a las relaciones sociales, al propio devenir social, se vienen tiempos donde la indiferencia a tales pujas, estará tan cercana a la complicidad, como el ocre del amarillo (ese, que de fondo, acompañaba ?neutro y cool-a Mauricio y a Gabriela)

Fotos de Sebastián Russo

Publicado en Leedor el 27-11-2007

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