Honor de cavallería

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Divide opiniones y es sólo recomendable para un público que privilegie lo sensorial frente a lo temático
Pocas veces una película logra dividir de manera tan extrema tanto al público como a los críticos de cine. ?Honor de cavallería? había integrado la Competencia Oficial del último Festival de Mar del Plata en marzo de este año, siendo muy comentada la reacción de una parte significativa del público asistente, abandonando la sala a los pocos minutos de iniciada la proyección.

En base a lo antes señalado y a las críticas dispares, mayormente favorables, de los principales matutinos nuestros lectores se preguntarán si realmente vale o no la pena ver este film. Y la respuesta resulta difícil de formular, pero no por ello dejaremos de intentar orientarlos.

Se trata de una opera prima de un director catalán, Albert Serra, que decidió convocar a dos no actores (Lluís Carbó, Lluís Serrat), como los llamaría Carlos Sorin, para hacer una versión muy libre del Quijote de la Mancha.

Ya la utilización del catalán, que no es la lengua en la que imaginamos se expresarían el hidalgo caballero y su fiel escudero, resulta un primer elemento chocante. La incesante e innecesaria repetición del nombre ?Sancho? por parte de don Quijote logra involuntariamente exasperar al estoico espectador aunque esta penuria será menor si se la compara con otra reiteración que marca a todo el metraje del film. Nos referimos a la utilización de planos fijos (o casi) donde nada parece ocurrir. Se recuerda una escena, hacia la mitad de las casi dos horas de duración, en que ambos personajes reposan a la luz de una enorme luna. Y es aquí donde deberían divergir las apreciaciones del público, ya que las imágenes son de una rara belleza pero de hecho es poco lo que acontece. Si además uno busca reencontrarse con otros personajes clásicos de la obra de Cervantes empezando por el de Dulcinea o los famosos molinos de viento, la desilusión será mayor. Ni siquiera la presencia de Rocinante, aquí apenas un caballo blanco lejano del estereotipo que nos da la famosa novela, logra compensar las ausencias señaladas.

Albert Serra se declara un admirador de maestros del cine como Bresson y Rohmer, de cuyas respectivas obras ?Lancelot du Lac? y ?Perceval le Gallois?, parece haberse claramente inspirado. En cambio, resultan poco felices las referencias a Ozu e inclusive Pasolini que hacían un cine con poderosa temática, aquí virtualmente ausente. Quizás se pueda ubicar a su cine como algo próximo al Sokurov de ?Madre e hijo?, aunque sin el preciosismo de este último. El realizador parece privilegiar, a la manera de un pintor, las imágenes de los dos personajes agregándole en buena banda sonora el ruido que hacen los grillos o el viento que mueve el follaje. Para quienes disfrutan de este tipo de expresión cinematográfica donde lo que prevalece es una visión estática de la naturaleza, ?Honor de cavallería? puede ser disfrutable. En cambio, para el resto de los espectadores, seguramente mayoría, será mejor que elijan algún otro título en una semana que, de todos modos, no se caracteriza por la abundancia de estrenos de interés.

Publicado en Leedor el 27-10-2007