Eat Art: Laurent Moriceau

0
35

¿Arte efímero?, ¿arte conceptual?, ¿arte culinario?, el desafío de Laurent Moriceau esta semana en el MAMBA fue provocar reacciones en el espectador-consumidor.Hoy en día, en nuestro país, en medio de la polémica por la suba de precios de la canasta familiar, usar la comida como material para hacer arte parece poco apropiado. Pero no hay que desconocer que en el mundo es una de las muy variadas propuestas, válidas o no, del arte contemporáneo.

- Publicidad -

Proponiendo a la cocina como un nuevo arte, hace tiempo que museos, bienales y galerías (enérgicas discusiones de por medio) comenzaron a incluir en su mundo a personajes del medio gastronómico, como el famoso chef catalán Ferrán Adrià (invitado a la ultima Documenta de Kassel) conocido por su cocina de vanguardia.

La comida siempre estuvo presente en la historia del arte como símbolo y como modelo, pero es en el siglo XX que se le da importancia como material cuando aparece el Eat Art o Arte comestible. Su precursor fue Daniel Spoerri con sus “cuadros-trampas”: sobre planchas de madera fijaba restos de comida simbolizando la trivialidad. Seguirán sus pasos artistas como Gordon Matta Clark, Arman, Ben, Ary Roncaglia o Dorothée Selz, quienes utilizaran también el alimento como elemento principal en sus obras.

El movimiento del Eat Art busca que el espectador se convierta además en consumidor. Propone un arte con una carga simbólica importante y un arte sensorial donde se ponga en juego no solo la vista sino también el olfato y el gusto. Se expande de esta manera el campo de influencia de la obra sobre los sentidos.

En el ámbito nacional Marta Minujín fue la precursora en este tipo de prácticas, durante los setenta realizó, entre muchas otras, el Obelisco de pan dulce y la Venus de queso. Precisamente fue Minujin quien dio el puntapié inicial el pasado martes en la perfomance del artista francés Laurent Moriceau.

Déguste – El arte de saborear diferente ? tuvo dos capítulos, el primero L`Artiste diffus (El artista difuso) y el segundo Vin des heures passantes (El vino de las horas que pasan).

El primero tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) donde el artista presentó, con gran afluencia de público, una escultura-calco de sí mismo en chocolate para que todos la degustaran.

¿Arte efímero?, ¿arte conceptual?, ¿arte culinario?, el desafio fue provocar sensaciones y reacciones en el espectador-consumidor.
Lo más interesante, dice Moriceau, es descubrir quéle pasa al espectador. Sus obras, asegura, son un espejo que nos mira.
La entrada en procesión y con aire ceremonial de la figura de chocolate, Minujin dando el golpe inicial para partirla, la gente abalanzándose para conseguir un pedazo para saborear o guardarlo en la cartera: fueron momentos que se vieron esa tarde. En pocos minutos, el cuerpo del artista en chocolate había desaparecido.

Comentó Laurent al día siguiente, en la conferencia que brindó, que la misma experiencia en Paris había durado alrededor de una hora. Al artista le interesa observar y analizar el fervor y las reacciones que provoca en los diferentes pueblos que visita para realizar esta performance y acusó: ?Los argentinos dieron prueba de ser muy golosos?.

Podemos afirmar que logró su cometido, crear sensaciones e imágenes diferentes donde lo erótico, lo repulsivo, lo lúdico, lo salvaje o lo transgresor estaban presente y encabezaban el ranking de los comentarios.

El segundo capitulo tuvo lugar en la sede de la Alianza Francesa de Avenida Córdoba el día miércoles 20. En esa oportunidad el vino fue el protagonista. Luego de una charla donde el artista dio a conocer a través de videos explicativos diferentes trabajos y muestras que realizó alrededor del mundo (no todas relacionadas con la comida y en muchos casos muy originales) invitó a todos a probar ?El vino del tiempo que pasa?.

El define la experiencia como científica y artística. Al descongelarse el vino se va desestructurando en su composición y puede hacerse una relectura con el paso del tiempo, tal vez trazando una analogía con la vida misma.

El juicio valorativo, si se puede pensar el arte en estos términos, queda en cada uno. Los debates están en vigencia, abiertos y acalorados, lo cierto es que son cosas que suceden.

Publicado en Leedor el 21-10-2007