Estrenos: Encarnación

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Gran acierto la actuación de Silvia Perez en la segunda pelicula de Anahí Berneri.ENCARNACIÓN

Dentro del alicaído panorama de estrenos locales del 2007 resulta reconfortante el aporte de varias mujeres directoras, debutantes como Lucía Puenzo, o de segundas películas como es el caso de Anahí Berneri (?Un año sin amor?), que este jueves presenta Encarnación.

En más de un sentido esta novedad recuerda también a otra de hace exactamente cuatro meses. Nos referimos a ?Una novia errante? de Ana Katz, dado que ambas siguen los pasos de una mujer que se encuentra circunstancialmente sola (aunque obviamente por diferentes motivos) en un lugar relativamente poco poblado. Si hasta una parte importante de sendos relatos transcurre en un hotel del interior y, si por si esto fuera poco, en ambos casos aparece un personaje similar interpretado por el mismo actor (Carlos Portaluppi). No se interprete el comentario anterior como que ha habido alguna intención de copia pero, en cambio, es innegable que al mal llamado nuevo cine argentino le complacen las filmaciones en sitios generalmente alejados de las grandes urbes, lo que también acontecía en el caso de ?XXY?.

La singularidad y acierto de ?Encarnación? es haber elegido a Silvia Pérez para personificar a una actriz (Erni Levier) que siente el peso que significa el paso de los años. Quien es fácilmente identificable con personajes zafados, como los que realmente protagonizó junto a Alberto Olmedo y de la mano de Gerardo Sofovich y Hugo Moser, se nos presenta aquí como una mujer a quien el éxito pasado la rehuye. Ello resulta sumamente gráfico en las escenas iniciales, quizás debieron ser más, cuando visita al oculista o asiste a una avant-premiere donde nadie parece reparar en ella.

Cuando recibe una invitación de su sobrina Ana, que festeja sus 15 años, Erni pasa a ser la tía Encarnación, su verdadero nombre, y emprende un viaje a su pueblo natal. La fría recepción que le propina la hermana, sobre todo al enterarse de que la ex vedette prefiere ahora vivir en un hotel, configura una clara señal de que ambas pertenecen a mundos opuestos. En cambio, el acercamiento con su sobrina, muy bien interpretada por la casi debutante Martina Juncadella, quien prefiere quedarse en la pileta del hotel antes que en su casa agrega aún nuevos matices a un adecuado estudio psicológico de la mente femenina. La aparición del joven gerente del hotel, en una no muy acertada caracterización de Luciano Cáceres, y la diferente vinculación que tendrá con Encarnación y Ana, marcará el momento de mayor tensión del relato. A destacar una escena en la habitación del hotel eficazmente resuelta por la directora y que tendrá consecuencias que se prefiere no revelar.

Aún con sus limitaciones y un desarrollo algo desparejo, la película logra atraer merced a las buenas interpretaciones de sus dos personajes centrales, justificando los premios que obtuvo en los Festivales de Toronto y San Sebastián.

Publicado en Leedor el 15-10-2007

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