Imperio

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Pensar (en) el cine

Dada la reducida cantidad de copias con que Imperio se estrena en Argentina (seis), es bastante seguro asumir que el público de la película serán los cinéfilos y los seguidores de David Lynch. Pero en lugar de quejarnos por la poca salida comercial que se da al cine que no vende pochoclo, en este caso hay que admitir que un estreno comercial en seis salas es bastante apropiado. Si el cine de David Lynch fue siempre hermético, surrealista, directamente raro, para Imperio hay que inventar otros adjetivos.

Para decirlo claramente: si El Camino de los sueños parecía un delirio absoluto, comparada con Imperio parece tan lineal, tan fácil de leer e interpretar como la más clásica de las telenovelas de la tarde. Cansado de los problemas de presupuesto que implica hacer un film con película cinematográfica, Lynch filmó su nueva obra con una cámara digital. Y ni siquiera con una sofisticada, si no con una casera. Y la filmó mitad en Los Ángeles y mitad en Lodz, Polonia, sin un guión prefijado, armando escenas y diálogos cada día antes de que llegaran los actores, esperando (en palabras de Lynch mismo) que las cosas sueltas que se le iban ocurriendo se fueran uniendo por sí mismas, armando alguna especie de relato.

El resultado es tan desconcertante que escribir sobre Imperio se vuelve un gran desafío. ¿Cómo criticar, reseñar, evaluar, determinar qué funciona y qué no cuando la película responde únicamente al mundo interior de su director?

Imperio, como casi todas las películas de Lynch, pero más que ninguna otra, está más allá de las calificaciones de “buena” o “mala”. Es, y punto.

Nunca Lynch fue tan lejos, nunca le importó tan poco ser prolijo, nunca le importó tan poco desconcertar al público, jamás le negó más explicaciones (y eso que nunca fue adicto a darlas), jamás había llevado al extremo su propuesta de un cine hecho desde y para los sueños. El crítico inglés Jonathan Ross dijo que Imperio es ?la obra de un genio… creo?, y en esa frase resumió todo.

Pero como esto es una reseña, alguna especie de relato de la trama es casi obligatorio, así que ahí va: Imperio es la historia de Nikki (Laura Dern) una actriz que consigue el protagónico en una película que parece estar maldecida. Pero es también la historia del personaje que interpreta en la película dentro de la película, Sue. Y es también la historia de una Sue que quizás sea la misma de antes, o quizás sea otra, o quizás la misma vista desde otro lugar (y que la hace, otra vez, Dern). En medio de todo esto, hay una prostituta polaca que mira las tres historias (si en realidad son tres) en un televisor y llora, y también un grupo de personas con disfraces de conejo pasando el tiempo en una habitación derruida.

Lynch escribió sobre el proceso de realización de Imperio: ¿Cómo se relacionan estas cosas aunque parecen tan lejanas? Conjura una tercera cosa que casi unifica las dos primeras. Es una lucha ver cómo esta unidad en la niebla de la diversidad podría funcionar. El océano es la unidad y estas cosas flotan sobre él?.
La mayor parte del metraje, especialmente el segundo tercio del film, es el que más desarrolla esta idea de Lynch, la de cosas que flotan, de escenas que se funden o cortan de unas a otras, haciendo que el espectador busque entre ellas el océano que les dé un sentido global. Que, por supuesto, no está en ningún lado.

Es posible ensayar alguna lectura de la relación entre las tres historias, tomando en cuenta que la ficción y la gente que se dedica a hacer ficciones es un foco de interés de Lynch: hay aquí tres historias que se cuentan las unas a las otras, la de la estrella que hace una película, la versión Hollywood de esa película, y la versión “vida real” de esa misma historia. Pero de ahí a poder encontrar alguna conexión más concreta entre todos los elementos, a llegar alguna vez a armar un relato lineal y coherente que unifique y explique todo, hay una gran distancia. Que Lynch no recorre.

Como espectadores, nos quedamos en medio de ese océano, mirando todo lo que flota en él y no podemos unir. Sin dudas, Lynch hace a su público pensar. A esta altura, es más fácil entender sus películas como incitaciones a la imaginación, como invitaciones a soñar y asociar libremente, que como narraciones.
El modo de producción de la película ha traído, como ya remarcaron varias críticas de Argentina y del mundo, algunas cosas positivas y otras negativas. Del lado de lo positivo está la actuación de Laura Dern, alternando siempre entre tres registros distintos (Nikki y las dos Sue), con una habilidad apabullante. Además, siempre es bien recibida la capacidad de Lynch de generar emociones en el público: miedo, suspenso, intriga, desconcierto. Y por último, el gran beneficio es que a Lynch nadie le puso ninguna barrera: pudo experimentar en Imperio más que nunca, llevando su propuesta cinematográfica tan lejos como le fue posible.

Pero que nadie le haya puesto ninguna barrera está, también, del lado de lo negativo. La película dura tres horas. Y no es que una buena película deba ser breve, pero Imperio se dedica a desafiar al espectador, y para muchos, un desafío tan largo puede ser demasiado. Definitivamente sí existen las sobredosis de Lynch.
Además, siempre hubo en sus películas algún MacGuffin, alguna intriga, generalmente de corte policial o de suspenso, que organizaba el relato en sus primeros minutos y luego iba disolviéndose hasta desaparecer, dando paso al desfile de imágenes y temas unidos por ese ?océano?. En Imperio hay un esbozo de intriga (¿está maldecida la película que filma Nikki?), pero el despliegue de imágenes y situaciones la anula antes de terminar de establecerse por completo. Nunca antes Lynch había dejado al espectador tan despojado ante el transcurrir de sus imágenes.

Entonces, nadar en ese océano por tres horas, viendo todo lo que en él flota… ¿valió la pena?.

No lo sé. Sé que lo recorrí. Que entendí muchas cosas por haber visto otras películas de Lynch. Que por momentos me dejé llevar. Que por otros, fue demasiado para mí. Que pensé durante y después (durante mucho tiempo después) sobre la película.

Esto, cuando hoy en día el cine más chato nos llega con más fuerza que nunca, no es poco.

Publicado en Leedor el 17-09-2007