La señal

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La muerte impidió que Eduardo Mignogna filmara su octavo largometraje basado en una novela que había escrito varios años atrás. Ricardo Darín que ya había sido dirigido por el director en dos oportunidades (El faro, La fuga) era quien debía interpretar a Corvalán, un detective de poca monta. Los otros dos roles protagónicos: Santana (su socio) y Gloria, una enigmática mujer, también ya tenían actores asignados: Diego Peretti y Julieta Díaz. Los tres están en La señal, codirigida por el propio Darín y por Martín Hodara, entre cuyos antecedentes figuran colaboraciones con Mignogna (El faro) y también con su amigo, también fallecido, Daniel Bielinsky. El guión fue algo reelaborado, como indica Hodara, al cambiarse la figura materna por la del padre del detective, bien interpretado por Walter Santa Ana. El personaje de Perla, la novia de Corvalán, fue asignado a Andrea Pietra mientras que Vando Villamil hace de chofer de Gloria.

La acción transcurre en julio de 1952 en los precisos momentos en que Eva Perón agonizaba. Corvalán es contratado por Gloria para seguir de cerca a alguien e informarle. Los consejos de Santana, que intenta disuadirlo de la tarea propuesta, no logran su efecto pudiendo más la atracción ?fatal? que sobre él ejerce la atractiva mujer.

Es indudable y de ninguna manera oculta la influencia que el cine negro norteamericano ha ejercido en los realizadores tanto a nivel de la estética como del comportamiento equívoco de los personajes. Posiblemente la película remita más a la década del ?40, anterior a la elegida por el relato, aunque ciertos lugares y diálogos le confieren un auténtico toque argentino y más precisamente porteño. Gran mérito debe asignarse a la dirección de arte de Margarita Jusid, de fotografía de Marcelo Camerino y del vestuario de Beatriz de Benedetto, habituales colaboradores de Mignogna.

Posiblemente sea con La fuga con la que mejor pueda emparentarse a La señal.
En cuanto a las actuaciones sobresale la de Ricardo Darín, cercana a la perfección, y que seguramente lo tendrá nuevamente nominado y posiblemente ganador como mejor actor el año próximo. Diego Peretti, en cambio, aparece como algo rígido en un personaje que trata permanentemente de “usted” a su socio. Es probable que no todo el mundo comparta esta impresión y además en su descargo puede afirmarse que seguramente el actor debió ajustarse a lo que le transmitieron la dupla de directores. Tampoco convence excesivamente Julieta Díaz a la que se veía más cómoda en Derecho de familia. La escena con Darín, que debió ser fuertemente erótica, transmite en realidad mucho menos intensidad que otra situación íntima que Corvalán sostiene con su novia.

El desenlace, que por razones obvias no será develado, difiere singularmente del de la novela y encaja correctamente con el resto del relato sin quitarle coherencia. La señal puede no significar necesariamente el nacimiento de dos nuevos realizadores pero es en todo caso un digno homenaje a un director cuya muerte, en lo humano y artístico, mucho se lamenta.

Publicado en Leedor el 13-09-2007