Estrenos: Mujer de lujo

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Deliciosa comedia francesa con la actriz de AmelieMoney Money

De Francis Veber para acá, hemos aprendido a esperar de una comedia francesa ciertas cosas: impecable timming para los gags, comediantes hábiles, un ambiente más que fotogénico donde ocurre la acción, y una premisa sencilla y bien explotada. Pierre Salvadori había entregado lo que prometía en su película anterior, El restaurante, y vuelve a hacerlo con Mujer de lujo. Pero esta vez cuenta con dos grandes aportes: la siempre impecable Audrey Tautou y una gran labor cómica del actor y humorista marroquí Gad Elmaleh, verdadera revelación de la película.

En la paradisíaca costa mediterránea de Francia, en medio de hoteles cinco estrellas y tiendas de lujo, Irene (Tautou) es una cazafortunas sensual y atractiva que se dedica a conquistar hombres mayores y millonarios. Jean, por su parte, es un ignoto barman en uno de los hoteles que Irene frecuenta buscando víctimas. En una de sus recorridas, usando esos vestidos y esa sonrisa fatal que tanto éxito le ha traído, Irene confunde a Jean por un millonario. De ahí en más se suceden mil y un enredos. Y todo vuelve a girar y sentar la base para más problemas cuando Irene descubre la verdad, se consigue otro sugar daddy y Jean (casi por accidente) se convierte él mismo en gigoló.

La dirección de Salvadori es más que impecable: cada chiste está ejecutado a la perfección, cada escena está filmada para sacarle el mayor jugo posible. Y cada plano se dedica a darle espacio a Tautou y Elmaleh para hacer lo que mejor saben hacer. La protagonista de Amèlie, fatal y fría cuando no busca seducir a nadie, le da a Irene una pátina de sensibilidad y delicadeza que la hace irresistible. Y Elmaleh, con su perfecta cara de nada, va jugando el giro de su personaje (de tímido algo patético a seductor implacable) con elegancia y carisma.

Se agradece, además, la franqueza con que Irene y Jean tienen sexo con sus conquistas. No es que haya escenas de sexo, ni que Salvadori se concentre en ese aspecto; pero los dos protagonistas, son, a fin de cuentas, prostitutas glorificadas, y el director no elude esto. La historia avanza, entonces, sin moralismos baratos y sin castigar a nadie por usar su cuerpo para salir adelante en el mundo. Todo lo contrario: ¿quién no querría poseer el charme que Irene tiene y que Jean se esfuerza por conseguir? Cuando llegue la inevitable remake hollywoodense (ya en tratativas) esta franqueza seguramente se habrá perdido, y el desparpajo que es gran parte del atractivo y gracia de Mujer de lujo sin dudas habrá sido eliminado.

Hasta que esto pase, es sencillamente delicioso ver una película que busca entretener y logra hacer reír con una falta total de pretensiones. No es que Mujer de lujo revolucione el cine tal como lo entendemos… pero cuando un director se propone hacer algo, y lo hace con perfecta puntería, logra hacer mucho más que todos los que buscan ?hacer algo nuevo?.

Publicado en Leedor el 6-09-2007