La pasión de Beethoven

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Especialmente indicada para melómanos y amantes de films biográficos bien ambientadosAunque muy a menudo se diga que la referencia inevitable a ?La pasión de Beethoven? es ?Amadeus?, con la cual tiene algunos puntos de contacto, es mejor con ?Amada inmortal? con la que debería compararse. En ambas se alude a una relación entre el gran compositor y jóvenes mujeres, aunque el enfoque resulte bastante diferente. En la protagonizada por Gary Oldman y dirigida por Bernard Rose, la vinculación era básicamente sentimental mientras que en la que ahora se estrena el personaje presuntamente ficticio de Anna Holtz es más bien el de una compañera que ha sido contratada para ayudarlo en el proceso de transcripción y revisión de la partitura de su novena sinfonía. Quien la interpreta, Diane Kruger (?Troya?, ?El departamento?) ha sido acertadamente seleccionada no sólo porque lo hace bien sino porque además es en verdad alemana, pese a que su carrera se está construyendo en gran medida en Hollywood. La otra diferencia mayor entre ambos films radica en que mientras que el de 1994 abarcaba una parte sustancial de la vida del genial compositor, ésta se concentra en los últimos años cuando la sordera que lo aquejaba ya hacía estragos en su carrera. La directora polaca Agnieszka Holland eligió nuevamente y por tercera vez a Ed Harris como su protagonista central.

Ya lo había hecho en ?Complot contra la libertad? y en ?El tercer milagro?, dos películas menores si se las compara con obras más tempranas como ?Cosecha amarga? y ?Europa, Europa?. Curiosamente ella y el director comparten el 28 de noviembre como fecha de cumpleaños y pertenecen a una misma generación.

Ed Harris es un actor poco convencional que además de haber coprotagonizado films taquilleros como ?Bajo fuego?, ?El abismo?, ?Apollo 13? o ?Una mente brillante? ha participado en otros donde su actuación ha sido el motivo principal de sus logros. Nos referimos a ?Pollock?, que también dirigió y a ?Enemigo al acecho?, una obra subvalorada por la crítica local. En esta oportunidad se adivina que la caracterización de Beethoven, dictada por el guión y por la directora, ha procurado desmitificar la figura del músico lo que se vislumbra en varias escenas. Particularmente merece destacarse aquella en que prácticamente destroza, con cierta crueldad, la obra musical compuesta por la joven Anna, al caracterizarla en forma gráfica y explícita como una flatulencia intelectual. En franco contraste, en otros momentos, la elogia y hasta la designa como secretaria de Dios, cuando alude a que la música es el lenguaje celestial. Pero el momento de máxima armonía entre el maestro y su discípula y el de mayor emotividad del relato es cuando estrena y dirige la novena sinfonía con la asistencia de la joven. A la potencia natural de la obra musical, Holland agrega una escenografía notable con la reconstrucción de una Opera de Viena repleta de grandes celebridades, que incluyen al Archiduque, miembros del clero y compositores, que uno de sus amigos caracteriza como los ?buitres? de siempre. Un coro de casi cien personas, una banda sonora magnífica y un uso inteligente de la cámara logran que esta sola y extensa escena justifique a toda la película. Justo es sin embargo reconocer que hay desniveles notorios y que en particular tanto el personaje de Karl, el sobrino de Beethoven, como el del novio de Anna resultan impostados y peor interpretados. Queda, sin embargo, un balance favorable que particularmente será apreciado por los melómanos y aquellos afectos a las biografías de grandes personajes.

Publicado en Leedor el 25-08-2007

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