Estrenos: Black Book

0
9

Si Verhoeven buscaba regresar a Europa para escapar de su ?decadencia?… Tarde, pero no seguro

Dejando atrás las superproducciones llenas de efectos especiales que le valieron éxito e, incluso, cierta apreciación de la crítica (El vengador del futuro, Robocop, Bajos instintos), el holandés Paul Verhoeven regresó a su país natal para filmar Black Book una historia más ?personal?, en la que afirma estar trabajando hace más de 15 años. Y para la que contó con el aporte en el guión de Gerard Soeteman, quien fuera también su co-equiper en sus primeras películas, aquéllas que sí le valieron reconocimiento crítico al por mayor (El soldado de Orange y Delicias turcas).

Pero los años han pasado. Y si Verhoeven buscaba regresar a Europa para escapar de su ?decadencia? (aquélla de la que se empezó a hablar cuando sus películas de ser éxitos y pasaron a ser, bueno, grandes bochornos como Showgirls o Invasión), entonces el paso fue otra vez en falso.

Porque el resultado es una película a medio camino entre un cine comprometido y hasta de reflexión, y el entretenimiento masivo y algo hueco que Verhoeven supo hacer en sus años de mayor éxito hollywoodense. Y la mezcla no sale a flote, no porque sus componentes sean diferentes entre sí, sino porque más que mezclarlos, Verhoeven hace que uno siga al otro: la primera mitad de la película es un despliegue de aventuras que luego es reemplazado por un film diferente. Más interesante, pero que llega demasiado tarde como para contagiar al todo.

Es que en los últimos 40 minutos Verhoeven profundiza más allá de la historia de espionaje, y habla de la violencia en una manera más universal. Es difícil hablar de ésta, la mejor parte de Black Book, sin adelantar el final, por eso tendrá que alcanzar con decir que la verdadera violencia no empieza en esta película hasta esta última parte, cuando el fin de la guerra por fin llega. Sorprende entonces lo intrépido del planteo: Verhoeven sale del cine típico sobre el Holocausto, aquél que divide a los malos (los nazis) de los buenos (los judíos, los pueblos invadidos, los ejércitos de EE.UU. y la U.R.S.S.), y con el epílogo del film parece hablar más bien de un continuun de violencia, de una tragedia muy real y desagradable: las guerras y la discriminación racial no ?acaban?. La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945, pero luego vinieron Corea, y Vietnam, y la Guerra de los 7 Días, y la del Golfo… por sólo nombrar los conflictos más grandes.

Si Verhoeven hubiera encontrado esta inspiración desde el principio, si hubiera teñido con el mismo nivel de subtexto y denuncia todo el metraje de Black Book, sin dudas hubiera realizado una gran película. En cambio, lo que pergeñó es un entretenimiento agradable con un toque tardío de inteligencia y denuncia.

Publicado en Leedor el 24-08-2007