Hotel Melancólico (II)

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Seleccionada para el VI Festival Internacional de Buenos Aires, Hotel Melancólico aborda, desde distintos puntos de vista, los temas del deseo, el amor, la soledad y la vida en un ambiente caracterizado por la incomodidad. Ya desde un primer momento, al ingresar en la sala y encontrar la estructura de un baño en escena, sabemos que, en esta pieza, el aspecto más íntimo de los habitantes del hotel no nos será vedado. Todo lo contrario, repentinamente, nos convertimos en voyeurs– ellos mismos lo son- de los aspectos más esenciales de su cotidianeidad.

En esta suerte de ?casa tomada? se encuentran los más curiosos personajes, exponentes de los prototipos de la sociedad contemporánea. Ellos: el típico machista, el homosexual; ellas: la dominada, la que domina y esta suerte de perro-mujer que reúne en si misma a las dos anteriores. Todos, se nos muestran como se ven a sí mismos y, al mismo tiempo, (y a pesar suyo), dejan entrever su verdadera naturaleza.

En Hotel Melancólico Mariela Asensio ilustra magistralmente los conflictos cotidianos: la búsqueda del amor, la soledad, la sexualidad, el deseo y lo prohibido hacen acto de presencia en ese curioso lugar que es el hotel; aquel donde la intimidad es un lujo soñado.

Los diferentes personajes inician sus búsquedas individualmente, cada uno dentro de su universo, a pesar de hallarse unidos en el mismo entorno. El idioma es también una traba para la comunicación. Sólo la música, los juegos y el típico ?asadito argentino? son capaces de unir, de agrupar a estos seres que viven en universos separados dentro del mimo hotel. Son estos momentos (el de cantar, el de comer) los que posibilitan que cada uno se olvide de sí mismo para reconocerse como parte de un todo mayor; para reconocer que ?el otro? es similar desde su ?otredad?. La melancolía sería producto, quizás, de la indefinición entre las ansias de compañía y de soledad.
Finalmente, llega la definición, y, cómo si se tratara de un acto de magia, ellos comprenden y aceptan tácitamente que es estando juntos donde pueden olvidarse de cada uno y aceptar la paradójica similitud de sus naturalezas.

Hotel Melancólico podría ser una metáfora de las relaciones humanas en la actualidad. Los hay diferentes idiomas, diferentes sueños, deseos, estereotipos que, al hallarse dentro de un espacio donde los límites son difusos y la intimidad es mínima, chocan entre sí. El conflicto se da entonces por la necesidad de compartir el espacio; necesidad que a su vez constituye la solución del primero. Entonces, por qué esa constante preocupación por separarnos, por definir territorios?.

Nota relacionada: El “Hotel de Corazones Destrozados” queda en San Telmo, por Marta Opacak

Publicado en Leedor el 21-08-2007