Luisa

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Pocas veces se ha ilustrado tan bien la imagen de esta Penélope que desteje no por astucia, sino por desengaño.

Al parecer siempre los hubo, siempre estuvieron allí, esos curiosos personajes que dedicaron su vida a la espera del ser querido; aquellos, aquellas para los cuáles el tiempo se detuvo en la espera del cumplimiento de una promesa: la del retorno, la de la felicidad. Desde Homero con su Penélope, pasando por Catherine de Henry James y la célebre Madame Butterfly, hasta García Lorca con su “Rosita la Soltera”; nos encontramos con estas mujeres signadas por la espera del amor.

Con dramaturgia de Daniel Veronese y la acertada puesta en escena de Diego Brienza, Luisa retoma una vez más el topos de la mujer expectante, alienada en el objeto del deseo.

Originalmente planteada como un monólogo, la Luisa de Brienza cuenta con tres voces: la de la propia Luisa, la de él – aquel esperado- y la del ser que, acertadamente, encarna las pulsiones reprimidas de la primera. A través de este recurso, del desdoblamiento de una voz en otras tres, Brienza nos permite ingresar en un espacio diferente. Nos hallamos así frente a universos distintos y, al mismo tiempo, apenas delimitados.

Con el auge del cine, el teatro debió enfrentarse a una de las posibilidades más sorprendentes que otorga la cámara: la posibilidad de introducirse dentro de la mirada del personaje, de mostrar lo imperceptible. El teatro, al carecer del enfoque en planos, muchas veces necesita de otros recursos para producir el mismo efecto. A través del espacio, Brienza logra esta visión cinematográfica e intimista, propia de las películas. Repentinamente, los diferentes aspectos psicológicos de la protagonista toman cuerpo en distintos sectores de la sala, posibilitando al espectador un ingreso inesperado al relato del desencuentro y del abandono.

Luisa se nos presenta entonces completa, intimista, pequeña y, a la vez, totalmente abarcadora. En ella se conjugan no sólo un impecable manejo del espacio, sino también actuaciones más que logradas. Analía García, siempre desde su pequeño lugar, desde lo sutil, logra expresar acertadamente el dolor y la ansiedad de la protagonista.

Gracias a Brienza y su elenco, la Luisa de Veronese, permanece con nosotros, y nos lleva al pasado y nos cuenta su futuro. Pocas veces se ha ilustrado tan bien la imagen de esta Penélope que desteje no por astucia, sino por desengaño.

Publicado en Leedor el 20-08-2007