Mein Liebster

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Mein Liebster no es una historia, sino momentos efímeros unidos por un montaje impreciso. Sketches o momentos que, si se quiere, pueden formar pequeñas historias nos invaden progresivamente hasta estallar en risas de los espectadores y enfrentamientos absurdos de los actores.

De este modo, y con un ritmo in crescendo, Florencia Vecino y Martín Piroyansky logran engancharnos en su dinámica absurda, para contagiarnos de su humor sencillo e ingenuo basado principalmente en el detalle de las acciones.

El simple enfrentamiento entre dos jóvenes es el disparador para hacer explotar un sin fin de escenas delirantes, incoherentes y por esas razones graciosas.

Sin embargo Mein Liebster resulta absolutamente coherente en el sentido de explorar una estética Kitsch donde el pastiche de objetos en escena nos desorientan en la búsqueda de una significación precisa: ¿Qué tendrán que ver una tira de chorizo y una máscara de Winnie de Phoo?…

Y asi como la incoherencia aparece en la conjunción de objetos, por instantes el lenguaje verbal se transfigura en un sin sentido pero manteniendo al mismo tiempo su función imperativa.

Y el cuerpo, a modo de simulacro, responde a estas órdenes para convertirse en autómata por el hecho de dejarse llevar y responder al impulso del otro. Es entonces cuando golpes y caidas nacen por la direccionalidad que decide alguien extraño a uno mismo.

Mein Liebster no es una historia, sino momentos efímeros unidos por un montaje impreciso. Y es la fuerte presencia de sus actores-bailarines la razón principal de que el público se involucre en esas ráfagas de risas. Tanto Florencia como Martín poseen una gran versatilidad corporal, y sumándole la expresividad gestual, hacen que cualquier cosa que toquen se transforme mágicamente en algo que sin saber bien lo que es, parece un gesto para seguir riendo.

Publicado en Leedor el 15-08-2007