Homero Manzi

0
9

Como ocurre con los auténtico creadores, Homero Manzi tiene la suficiente tela como para que diversas miradas se detengan sobre su persona. En el año Manzi, Abel Posadas aproxima su relación con el cine argentino.Homero Manzi: una canción hecha pedazos

En la Avenida Garay 3251, a pocas cuadras de donde vivo, se hallaba la casona que la familia compró al llegar de Santiago del Estero. Homero tenía entonces cuatro años, es decir, era hacia 1911. Hoy, en ese lugar, hay una casa amarronada, flamante, al estilo de los suburbios con pretensiones de Los Ángeles. En el taller mecánico lindero hay un cartel que reza de manera ostentosa TEATRO HOMERO MANZI. En la esquina, un maltrecho cartel de la Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal intenta decirme algo de la trayectoria de este hombre.

A dos cuadras de donde vivo, la esquina Homero Manzi es un café para turistas donde se baila y canta tango. En el youtube, cerca de donde no vivo y también en el google, que habito, hay infinidad de notas sobre quien despierta una curiosidad que comenzó allá por 1971, cuando Aníbal Ford publicara la biografía en el Centro Editor de América Latina. Era una época difícil y Aníbal utilizaba el término budinera sociológica para referirse a los que mezclaban la Biblia y el calefón en aras de un erróneo concepto de cultura.

Descubro, además, que en el MALBA, Fernando Martín Peña ha programado para agosto POBRE MI PADRE QUERIDA y EL ÚLTIMO PAYADOR, con una nota en la que menciona la opereta tanguera. Ocurre que ambas fueron escritas y co-dirigidas por Manzi junto con Ralph Pappier y que se trata de sus últimos esfuerzos. ESCUELA DE CAMPEONES lo contaría como co-guionista y moriría de cáncer el 3 de mayo de 1951. No había cumplido aún 44 años.

UN DÍA ALEGREMENTE, TE CONOCÍ, CIUDAD

Se ha denominado a 2007 El Año Manzi y las diversas fracciones del peronismo andan merodeando por los restos como las aves de rapiña en busca de carne podrida. Se sabe: el hombre adhirió a ese movimiento, aunque no de la manera incisiva, directa y kamikase de Enrique Santos Discépolo. Su adhesión fue algo menos aparatosa, bastante más ambigua. Dejo esta tarea para los politicólogos de turno. En un año eleccionario no seré yo quien deschave secretos sobre ciertos argumentos inéditos de Manzi y aquel 17 de octubre.

Durante los años 50 y luego a través de la TV abierta primero, luego del cable y por fin del video, he recorrido todas y cada una de las contribuciones de este hombre al cine argentino. Desde aquellas letras que escribiera para MONTE CRIOLLO (Arturo S. Mom-1935), pasando luego por la SONO y las canciones que en colaboración con Alfredo Malerba compusiera para los vehículos Lamarque, o bien con Sebastián Piana y otros para Hugo del Carril, Alberto Vila Agustín Irusta et al, su trayectoria es, sino inabarcable, al menos vasta. Incidentalmente, y según confesión de Luis Saslavsky, la idea de insertar ¿Por qué? al final de PUERTA CERRADA (1939), le corresponde a Manzi.

Hacia 1941 se convierte en socio co-fundador de ARTISTAS ARGENTINOS ASOCIADOS y escribe para ese sello en colaboración con Ulyses Petit de Murat. Los avatares políticos y económicos logran que, hacia 1948, Manzi firme un contrato con SAN MIGUEL por la suma de veinte mil pesos para rodar dos biografías: la de José Betinotti ?que él escribe como Betinoti- y la de Rubén Darío. De la segunda queda solamente un bosquejo.

LA MANO DEL RECUERDO ME APRIETA EL CORAZÓN

Tanto el payador como el poeta mencionados dan una idea del romanticismo cabal de Manzi. Se trata de seres que trascienden a pesar de ciertos impulsos autodestructivos, de creadores utilizados por los políticos de turno, de vidas complejas y complicadas cuyo núcleo central, el eje de la creación, debe buscarse en la lejana infancia y en la adolescencia. Nada nuevo, pero esta vez muy palpable.

Tal vez el mundo de Manzi corresponda al barrio desde el que esto se escribe y el epicentro se halle entre los años 1911 y 1920. Esto es, al menos, lo que se desprende del guión original de El último payador ?y también de Pobre mi madre querida de la que no voy a hablar-. ¿Por qué o para qué ocuparse de José Betinotti (25-07.1879-21-04-1915)? Los discos que tengo me traen una voz aflautada -era un tenorino al estilo Ignacio Corsini-, uno de los tantos payadores de la época que tuvo la suerte de trabajar en el circo de Frank Brown.

Ese guión original estiliza y escamotea: Betinotti tuvo un hijo que vivió siete meses y que no figura en esta biografía. Según su mujer, el romance con Sara, la ecuyere del circo, es pura invención de Manzi como lo es también el hecho de que el tango lo hubiera eclipsado. Hay motivos más oblicuos: Manzi proyectó en este hombre varias de sus constantes: el Buenos Aires que él había conocido en su infancia y adolescencia, los amores contrariados, la nostalgia por el paso del tiempo, la insegura vida de quienes dependen de lo que consideran su arte. Y el miedo al olvido.

MANÍA DE ANDAR SIEMPRE PENSANDO EN EL AYER

Estrenada en 1949, El último payador se convirtió en un éxito absoluto, aunque algunos críticos no dejaron de señalar lo sombrío de la historia ?no repararon en que el relato es aún más luctuoso-. Ralph Pappier no respetó, para beneficio de la película, todas las indicaciones de Manzi sino que los encuadres y la poda general -la película se hubiera ido a más de cien minutos- le pertenecen.

De lo que Manzi se ocupó, según me aclarara Aída Luz, fue de la marcación de los actores. E hizo un trabajo sobresaliente, nadie lo pone en duda. Desde un Hugo del Carril por completo derrotado, deprimido, pasando por un Gregorio Ciccarelli con quien el cine tuvo siempre una deuda, hasta la algo más que correcta Aída Luz, todos y cada uno de los actores parecen saber de qué va la cosa. No hay nadie que desentone, ni siquiera la cubana Orquídea Pino, una cantante de paso por Buenos Aires que terminó enrolada en la revolución castrista.

¿Desde dónde piensa Manzi ese ayer? Si el núcleo se encuentra en aquellos años de su infancia y adolescencia que viviera en un Buenos Aires pre-moderno, el guión está escrito desde una solitaria depresión que lo llevaría al cáncer y a la muerte. Esto escapa ya a cualquier análisis racional. Se desconocen los motivos. Como creador romántico permanece dentro de un estatismo que esquiva los avances y se refugia en el pasado. Sería una actitud peligrosa si no consiguiera que ese material de sus sueños se plasme en algo que no se ha tenido en cuenta hasta ahora: la biografía, ese terreno sumamente frustrante, consigue con El último payador una pequeña obra maestra, casi una lección de cine.

TU NOCHE ESTABA CERCA, TU NOCHE PUDO MÁS

Como ocurre con los auténtico creadores, Manzi tiene la suficiente tela como para que diversas miradas se detengan sobre su persona. Detestaba la algarabía de Manuel Romero, tal vez por su exuberancia y, curiosamente, coincidía con Luis Saslavsky en diversas apreciaciones estéticas sobre el cine. Si desde el diario El Sol había disparado dardos contra Hugo del Carril como estrella, no tardó en darse cuenta de que era irreemplazable a la hora de adjudicar ciertos papeles.

Contradictorio, nostálgico, remando contra la corriente como el narrador de otro romántico, Francis Scott Fitzgerald en el cierre de El Gran Gatsby, Manzi se propone como un ser al que todavía hace falta descubrir. El anecdotario de los tangueros no basta, como tampoco su compromiso político y mucho menos los chismes de boudoir. Ocurre que, al parecer, tal como ocurriera con la casa de la Avda. Garay 3251, es más fácil hacerlo desaparecer bajo el fárrago del turismo y de los dólares. Todo ha muerto, ya lo sé.

Publicado en Leedor el 10-08-2007