Alejandro Sirio

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Un antecedente de pura cepa gráfica, que conjugó arte y oficio como pocos.
Mujeres exóticas y exuberantes que nada tienen que envidiarle a la afichística del Art Nouveau, dignas hijas de la publicidad que invade los medios gráficos argentinos en las primeras décadas del siglo veinte, pueden llegar a salir de la pluma de un dibujante excepcional, a condición de que este se tome su oficio de ilustrador como un arte.

Es el caso de Nicanor Álvarez Díaz, más conocido como Alejandro Sirio (1890-1953), un asturiano que vino a hacer la América en aquella época en las que nuestro país estaba entre las primeras economías del mundo.

Caras y Caretas, Plus Ultra, La Nación y El Hogar fueron algunos de los diarios y revistas que lo tuvieron como hacedor de imágenes para los grandes públicos, en una época en la cual los periodistas eran fundamentalmente, artistas, cultos y populares, tradicionales y vanguardistas, floridas y boedos, compartiendo caminos con Leopoldo Marechal, Oliverio Girondo y Norah Lange, Alberto Gerchunoff, Eduardo Mallea, Leopoldo Lugones, José León Pagano, Fioravanti?

En aquel entonces, ser ilustrador era la clave para flexibilizar la morfología tan estructurada que permitía la tipográfica manual, que además de componer con cuerpos menores de 12 puntos, sólo permitía líneas rectas. Sirio entonces se destaca como un perfecto conocedor de la relación texto/imagen, y como un impecable calígrafo que va a jugar con arabescos para crear unidad visual. De su fuente salieron así viñetas, ornamentaciones, guardas, sugestivas formas orgánicas que hacían recordar la más pura tradición del Arts&Crafts inglés, iluminando las letras capitulares y añadiendo manuscritos para hacer aún más atractiva la puesta en página.

Uno de sus mayores éxitos fue la ilustración del libro La gloria de Don Ramiro, de Enrique Larreta. Esto le permite vivir un año en París, donde va a abrevar en la bohemia artística del 30.

Además de trabajar en medios gráficos, en 1936 logra su primera exposición en la galería Witcomb y en 1940 ingresa como profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Arlt le dedica una de sus Aguafuertes, y el genial Macedonio también lo recuerda en sus papeles de Recienvenido.

En el subte E, estación Jujuy, puede verse un mural cuyo cartón de base es obra de Sirio.

La muestra del MNBA es un excelente acercamiento a su obra, ya que nos ofrece una mirada integral del artista y su época y es una visita insoslayable para todos aquellos interesados en la historia de la ilustración, la publicidad y el diseño en la Argentina.

Alejandro Sirio
MNBA, Libertador 1473.
Ciudad de Buenos Aires.
Hasta el 2 de septiembre.
Actividades paralelas
Presentación del libro Alejandro Sirio. El ilustrador olvidado, de Lorenzo Amengual.
Participan: José Emilio Burucúa y Laura Malosetti Costa.
Martes 14 de agosto, 19 a 21.
Ciclo de charlas Alejandro Sirio: los rescates del oficio
?Ilustración y literatura. La lectura y sus goces de época?
Participantes: Marcela Gene, Fernando Rocchi, Eduardo Romano, Raúl Santana, Sandra Szir
Coordinación: Oscar Traversa
Jueves 16 de agosto, de 19 a 21.
Actividades gratuitas hasta completar la capacidad del auditorio

Publicado en Leedor el 6-08-2007