Estrenos: Flandres

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Seres sin rumbo en conflictos interiores y bélicos.
Cuarto largometraje de Bruno Dumont y segundo en estrenarse en
Argentina, “Flandres” es un ejemplo de un cine donde la imagen por si
sola expresa más que los diálogos, de por si escasos. Parafraseando a
Carlos Sorín podría decirse que las interpretaciones están a cargo de
“no actores”, ya que ninguno de ellos posee prácticamente filmografía
previa. El director es coherente en el sentido de que ya en sus dos
obras anteriores filmadas en Francia, la inédita e inicial “La vida de
Jesús” (vista en el 13º Festival de Mar del Plata, noviembre 1997) y “La humanidad”, utilizó exclusivamente gente de Flandes, la zona en que nació, sin ninguna experiencia actoral.

La historia de “Flandres” se inicia en la campiña con seres poco
comunicativos. Barbe (Adelaida Leroux) se acuesta en pleno campo o en un establo con Demester (Samuel Boidin), manteniendo una relación
básicamente física. Pero también lo hace, más por despecho que por otra
razón, con Blondel (Henri Cretel). Esa primera parte nos presenta a
seres con comportamientos animales y donde prácticamente no aflora el
amor. Todo sufrirá un profundo vuelco cuando ambos jóvenes deban partir
a una guerra indefinida en un país presuntamente árabe aunque no
reconocible, sin duda ex profeso. Es notable el contraste entre la
campiña verde de la primera parte y el desierto con predominio de
amarillos y marrones de la mezcla de arena y polvo en que se desenvuelve el conflicto armado.

Hay escenas de gran impacto por su violencia como la que protagonizan los soldados cuando matan cruelmente a un soldado que se revela ser apenas un niño. O también la violación de una joven por varios de los combatientes que sin embargo tendrán un merecido y ansiado (por el público) castigo. El realizador no se limita a mostrar lo absurdo de cualquier guerra sino también a señalar los comportamientos a menudo poco heroicos de sus participantes. En ausencia de sus amantes, Barbe entra en un estado de gran inestabilidad anímica que obliga a su internamiento en un hospital psiquiátrico. El retorno de uno de los jóvenes coincide con la salida de la joven del tratamiento médico, pero en el reencuentro ambos comprobaran que ya no son los mismos.

El productor de la película es Rachid Bouchareb, quien dirigió otro film que posee algunos puntos de contacto con el film de Dumont. Nos
referimos a “Nativos – Días de gloria”, que fue la reciente candidata al Oscar por Francia y que se vio en el último Festival de Cine de Mar del Plata.
“Flandres” ganó merecidamente el premio Especial del Jurado en Cannes el año pasado y su llegada a nuestras pantallas debe ser saludada pese a su reducida salida. En efecto la película se exhibe en formato DVD en una única sala porteña. Pero lo destacable es que es tal la calidad de la copia que parece ser fílmica, lo que no ocurre a menudo.
Se ha señalado que Bruno Dumont es un gran admirador de Robert Bresson.
Sin llegar a la maestría del director de “Mouchette” y “Un condenado a
muerte se escapa”, lo suyo es francamente destacable.