Museo Histórico Nacional

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En la última semana hemos recibido una serie de mails en apoyo al director del Museo Histórico Nacional luego de la denuncias por el robo del reloj de Belgrano. Esta carta que reproducimos da cuenta del lugar del Museo como Institución democrática y espacio vivo. Vale la pena.En relación con los sucesos acaecidos recientemente en el Museo Histórico Nacional, CAIA reproduce un texto enviado por el Lic. Patricio López Méndez.

La tendencia reciente a denostar el rol del Estado en la investigación,
conservación y difusión cultural ejercida por los museos se sostiene en un discurso similar al que atribuye a la política los peores vicios de la democracia. Ya hemos pagado un alto precio por no evaluar estos argumentos con detenimiento: décadas de dictadura militar, construcciones históricas sin fundamento, cientos de artistas y científicos exiliados, miles de desaparecidos y aún así, el rendimiento cultural más pobre que recordemos.

La democracia requiere del ejercicio de la política, a pesar de la
falibilidad de la misma, pues sin duda es el mejor de los sistemas de
gobierno. Los museos tampoco son perfectos pero fueron y siguen siendo el mejor lugar para donar un objeto por múltiples y muy concretas razones:

El museo es el único espacio de nivel académico que puede
interpretar ese objeto, investigarlo y difundirlo a través de curadores
propios o convocados y las tesis planteadas en sus exhibiciones y
publicaciones.

El registro de ese objeto es el documento de identidad del mismo, la historia de su devenir y el mayor reparo a su modificación,
desaparición o robo, del que no se libera el espacio mejor custodiado.

Los museos abren su conocimiento a todos, locales y extranjeros,
neófitos y conocedores por igual, no hay lugar en el siglo XXI para museos de elite, pues la historia no se construye desde el orgullo sino desde la inclusión.

El patrimonio no se declama, se defiende día a día con el arduo
trabajo de equipos profesionales. Las colecciones se reciclan de
exhibición por razones de descanso y conservación, se prestan a otras
instituciones, circulan dentro y fuera del país y eso coincide con la idea de investigar, proteger y difundir el patrimonio.

Lo que se dice y publica desde el museo siempre será factor de
disenso pues abrir el museo a la comunidad es abrir una tribuna de sana
discusión, sin pretensión de ser los dueños de la historia o ejercer la
propiedad calificada de la memoria.

La autoridad académica ejercida por los museos se basa en
conceptos de investigación que han superado largamente el concepto
historiográfico de una narración colorida aprendida ?en las rodillas de un abuelo?. Pertenecer a una antigua familia no da título de historiador y ni reconoce metodología alguna en el abuso reiterado de la anécdota.

Todos estos conceptos convierten a los museos en espacios vivos
donde la narración documentada cobra una dimensión importante y cambiante de acuerdo a los avances de la investigación o las necesidades y inquietudes del presente. El pasado, como la identidad, no es inalterable.

Es muy cierto que los presupuestos de cultura nunca fueron la panacea de ningún patrimonio y la decisión de cambiar esta circunstancia es absolutamente política. Nuestros presupuestos no resisten la comparación con países como Brasil o México por no citar modelos europeos o estadounidenses, pero aún en esos casos la cultura se refuerza con la acción de los privados cuya vinculación es ya una tradición aceitada.

Lograr ese vínculo estrecho es obra de directores de museos que no esperan ?todo? del Estado o que no excusan su desidia en la desidia de sus superiores. En esa tarea la comunidad puede colaborar con su aplauso, la concurrencia, la participación y sin duda, la donación de sus objetos. Los grandes coleccionistas, al donar, compartieron su patrimonio con el resto de la población.

Por mucho tiempo se pensó que dirigir un museo era abrir la puerta y
cobrar la entrada. Para esa tarea cualquier persona de buena voluntad
sirve. Hoy y para formar parte de una comunidad museística internacional estas instituciones deben abrirse al mundo, a la realidad, al presente y al futuro. Deben estar a cargo de idóneos con probada experiencia en el medio y enriquecedoras trayectorias que sumen al cambio y que sean capaces del gran reto que este cambio implica. Y cuando el cambio llegue, porque va a llegar, no se alarmen. No estamos hablando de templos donde se adora ni mausoleos donde se honra, hablamos de los órganos vivos de la memoria y del conocimiento, los museos. Todos soñamos con un nuevo Museo Histórico
Nacional para el 2010
, donde estos conceptos se reflejen en hechos
concretos. Ese proyecto ya comenzó y está liderado por uno de los más
capacitados para hacerlo, el Dr. José Antonio Pérez Gollán.

Patricio López Méndez
Licenciado en Historia,
Diseñador y Curador de
museos y exhibiciones.

Publicado en Leedor el 26-07-2007