UPA. Una película argentina

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Una comedia improvisada y graciosa que conquistó premios en la última edición del Festival de Cine Independiente. Fernando Varea entrevistó a sus directores.EL ESTADO DE LAS COSAS, CON HUMOR

Tres jóvenes directores intentando filmar una película de manera independiente, enfrentándose a contratiempos previsibles y no tanto, es el material sobre el que trabajaron ?como actores, guionistas y directores? los veinteañeros Camila Toker, Tamae Garateguy y Santiago Giralt para ¡UPA! (iniciales de ?Una película argentina?). El resultado es una comedia improvisada y graciosa que conquistó premios en la última edición del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires y que suele ser muy festejada por los espectadores, especialmente por aquellos vinculados a la realización, quienes, obviamente, encuentran en las desventuras de ese empeñoso trío indudables motivos de identificación.
Las simpáticas e inquietas Toker y Garateguy, tras la exhibición del film, durante la muestra del BAFICI en Rosario organizada por Calanda Producciones, se prestaron a dialogar sobre la misma.

¿Por qué se les ocurrió reflejar las dificultades que existen para hacer una película actualmente en Argentina?

C.T.: Nos conocimos con la dificultad de hacer una película en Argentina, en clínicas repetidas durante años, arrastrando cada uno sus propios proyectos, y enfrentándonos al hecho de estar siempre en un mismo escalón: desarrollo del proyecto, reescritura del guión. Y un poco cansados de esa situación de ?no salida?, decidimos juntarnos para hablar de eso que nos estaba pasando. Desde el lugar del humor, ya que, si bien era trágico lo que nos estaba sucediendo, también nos hacía reír bastante.

– ¿Pusieron anécdotas de películas en las que han participado?

T.G: Digamos que tomamos los clisés de todas esas participaciones, que si fuiste actor, productor o director alguna vez las viviste.

Algunas frases parecen ironizar sobre ciertos lugares comunes, como la expresión que utiliza el personaje de Fernando al separarse de su pareja.

C.T.: Esa frase en particular fue ?un momento Almodóvar?, está sacada de ?La flor de mi secreto?. Pero, básicamente, nos divertía jugar con los clisés. Nos contrapusimos no a una película, un director, un movimiento o una estética, sino a la falta de clisés, nosotros los usamos todos. Queríamos usar todos los clisés que se habían abandonado en un montón de películas: que los personajes hablaran hasta por los codos, putearan, dijera cosas indecibles.

Lograron apartarse del lugar un poco solemne del llamado ?nuevo cine?, buscando reírse y relajarse un poco?

T.G.: Sí, queríamos hacer todo lo contrario de eso de ?el director con su mirada?, y hacer una película grupal, donde lo fuerte no estuviera puesto en esa mirada sino en las actuaciones, el guión, el humor, el montaje, en otros lugares.
C.T.: También queríamos ?des-solemnizar?. Vos usaste la palabra ?solemne?, y la realidad de los que laburamos en las películas es la de estar en el living de tu casa y pedirle la lámpara a tu abuela, nosotros queríamos reírnos un poco de eso.
T.G.: ¡Además, es ¡UPA!, corte, y Festival de Cannes! Entonces nuestras familias se preguntan ¿cómo es? Porque lo que ellos ven es eso de ?Ma ¿me puedo llevar el velador?? Queríamos mostrar la cocina emocional de eso.

Pero por detrás de ese retrato risueño, hay también una mirada bastante satírica sobre la frivolidad e inmadurez de gente que pone mucho en esos proyectos que están medio en el aire.

C.T.: Es que cuando ?la figura? le gana al contenido termina siendo vacío, y entonces aparece lo que se escucha en la canción final. Es un poco querer ser director y querer estar en el mundo del cine antes de saber qué quiero contar. Tiene que ver también con una mirada externa de glamour, que por ahí es real, porque de golpe te encontrás caminando por la alfombra roja de San Sebastián, pero estás ahí después de haberle pedido la heladera a tu abuela? Es la convivencia de ambas cosas.

Pueden notarse puntos de contacto con ciertas películas argentinas de los años sesenta, que utilizaban recursos de la publicidad o del cine experimental para ironizar sobre la vida de la generación joven de ese momento.

T.G.: Nunca nos lo habían dicho. En realidad, tuvimos como referente La noche americana de Truffaut, pero como si fuéramos ?el negativo? de esa película. Y pensamos mucho en el ?Dogma?, por la cercanía que da el digital, la posibilidad de improvisar y de filmar sin una puesta de luces que tenga tres horas de preparación. Pero partiendo de un lugar diferente: el ?Dogma? parte de la obstrucción puesta a propósito, desde países donde no les falta nada, en nuestro caso la obstrucción es ser argentinos?

¿Y pensaban tener la repercusión que tuvieron?

T.G.: No, nunca lo creímos de verdad. Esto nunca lo dijimos: pensamos que nos iban a rechazar del BAFICI, que no iban a tener sentido del humor (porque también somos eso: prejuiciosos). Y ganar el premio fue un sorpresón.
C.T.: De hecho, no habíamos ido a la entrega de premios porque, como somos un grupo que va a todos lados con remeras, chupetines, y postales, pensamos que iba a quedar mal que nos pusiéramos tristes si no ganábamos nada. Sólo teníamos expectativas con el premio del público, porque la gente se había divertido mucho. Hasta que nos llamaron las productoras para decirnos que ganamos, y fue como en la película?
O mejor que en la película? A propósito ¿qué quisieron representar con las imágenes finales mientras se escucha la canción?
– Decir algo así como ?¡Y todo por esto!?.

Publicado en leedor el 24-07-2007