Woyzeck

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Una nueva puesta que actualiza un texto imprescindible.
El texto de partida es una obra muy especial para la historia del teatro, escrita en 1836 y nunca cerrada por su autor, George Buchner, quien sólo viviera 24 años y convertido en un escritor insoslayable para la cultura germana actual (a su memoria, por ejemplo, se ha instituido el premio más prestigioso de teatro en lengua alemana).

Activo en la política de su tiempo, al punto de tener que exilarse y morir en Zurich, Buchner estuvo fuertemente ligado a las ideas revolucionarias de su tiempo en la Alemania post Napoleón. Las otras dos obras de teatro que nos ha dejado son La muerte de Danton y Léonce y Lena.

La historia es verídica. Hubo un Johann Woyzeck que por celos apuñaló a su mujer y fue condenado a muerte en la ciudad de Leipzig.

Woyzeck tiene muchos méritos. Se la considera una de las primeras obras en alemán centrada en un pobre hombre acosado por su entorno social, y es, por su manera de plantear el drama, un punto de partida fundamental del expresionismo teatral, especialmente en la estética de Brecht.

Asímismo, ha transitado por múltiples versiones, entre la que mencionamos la que realizó en cine W. Herzog, con su infaltable Klaus Kinsky como Woyzeck, en 1979.

Para nosotros este texto cobra un atractivo muy especial, por su fragmentación, por su polifonía de voces que se repiten como ecos sin tiempo, por su manera tan poco clásico aristotélica de entender la división de sus escenas (27 en el texto original) y sus consiguientes diálogos, o por la síntesis de religión-violencia y la animalización de lo humano sometido al autoritarismo más feroz. Recordamos, todo esto, escrito en 1836.

Hoy la tenemos en cartel, en una versión dirigida por Damián Moroni, en el Teatro del Viejo Palermo, en una puesta que actualiza su significación filosófica y política a partir de crear un clima muy particular, excelente estímulo para sentir y reflexionar la problemática (muy bien rescatada por el director) siempre conflictiva de la relación individuo/comunidad.

En Woyzeck, un cuento redondo, los actores son el cuerpo de múltiples voces a la manera de un relato que circula de manera despiadada, para disolver justamente cualquier posible afirmación de la personalidad del protagonista. Se destaca especialmente el trabajo de Uriel Milsztein.

Publicado en Leedor el 22-07-2007