Harry Potter V

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La quinta Harry Potter sigue padeciendo escenas-trámite, momentos cursis, desfile excesivo de personajes y frases cancheras de manual de action hero. Sin embargo…El niño que se convirtió en héroe

Stephen King, que escribió muchos best-sellers y recibió poco reconocimiento por parte de los entendidos de la literatura ?error que por suerte se está corrigiendo en los últimos años- es fanático de las novelas de Harry Potter que, como dice en su libro Mientras escribo, son ?pura diversión, pura historia de cabo a rabo?. A J. K. Rowling tampoco la quieren los que saben de literatura, quizás porque la saga es un éxito enorme, quizás porque es un libro para chicos, o tal vez porque Hollywood compró los derechos para hacerla cine y cada uno o dos años bombardea con una película-tanque sobre el mago inglés con la cicatriz en la frente, y nada bueno puede haber detrás de semejante monstruo/máquina de hacer dinero.

Con respecto a las películas, hay mucha razón en tenerles poca simpatía de entrada. Pero en lo que se refiere a las novelas, hay que hacerle caso a Stephen King, más allá de los millones de ejemplares vendidos y datos récord. Las novelas de Harry Potter están llenas de suspenso y humor, describen un universo construido con una lógica interna impecable, son inteligentes y entretenidas y, oh sorpresa, están bien escritas. Resulta imposible entonces, para quien lee los libros, no pensar la película desde la comparación. De hecho, en la mayoría de los casos, es lo único que hace divertida su visión.

Hasta el momento, la saga de Harry Potter llevada al cine tuvo un solo gran director, que supo trabajar la adaptación del libro para contar su esencia, pero usando herramientas cinematográficas genuinas y no cayendo en la mera ilustración visual del riquísimo mundo creado por J. K. Rowling. Alfonso Cuarón hizo de Harry Potter y el prisionero de Azkaban la única película de la saga que tiene valor por sí sola, independiente de su material de base. Antes, las dos aberraciones de Chris Columbus, un Harry Potter en versión Disney Channel, con momentos ?emotivos? a fuerza del uso de una banda sonora lacrimógena y una calculada efectividad técnica, productos taquilleros prolijos y fríos. La cuarta, con Mike Newell como nuevo director, además de ser una mala película, es la peor adaptación del libro correspondiente. Todo hacía temer, entonces, por Harry Potter y la Orden del Fénix, ahora con David Yates detrás de cámara. Sin embargo, ya en el prólogo, que crea un clima melancólico y sugestivo muy atractivo, se advierte que hay algo distinto en esta película, una búsqueda de un estilo particular que la convierta, al igual que la tercera, en una obra con peso propio. Lamentablemente, Yates no encuentra demasiado, pero el hecho de que se corra un poco de la fórmula impersonal de la película anterior ya es algo a valorar. La quinta Harry Potter sigue padeciendo escenas-trámite, momentos cursis ?sobre todo una escena en la que Harry instruye sobre el valor de la Amistad y el Amor (escena que, por supuesto, no está en el libro)-, desfile excesivo de personajes y frases cancheras de manual de action hero; sin embargo, elige utilizar los efectos especiales como medio y no como fin, siempre priorizando a los personajes y otorgando tiempo a escenas que puedan desarrollar las relaciones entre ellos. Porque de lo que se trata la quinta novela ?junto con la tercera, las mejores de la saga hasta el momento- es del crecimiento de Harry, no sólo de niño a adolescente (y al final del libro, casi se podría decir adulto), sino de mago aprendiz a profesor, de amigo a amigovio, de víctima de Voldemort a rival en igualdad de condiciones. La película entiende bien esto, y por eso le da mucha importancia al corazón de la historia, que está en la relación entre Harry y su padrino Sirius (Gary Oldman, en una decisión de casting hermosa), que a veces se porta como un padre y otras como un amigo, pero que por sobre todas las cosas, es la familia que Harry nunca tuvo. La quinta novela habla también de encontrar una identidad y hacerse cargo, y no por nada hace este planteo cuando el personaje tiene 15 años. Si Harry está conflictuado toda la película no es sólo porque le gusta una chica o tiene pesadillas con Voldemort, sino porque es un adolescente y no encuentra su lugar en el mundo, sea Hogwarts o el mundo muggle. Cuando en la historia aparece la profecía que anuncia el enfrentamiento final entre Harry y su villano está claro de que se trata de una excusa ?en el libro Rowling casi lo explicita- para que Harry Potter se reciba de héroe con todas las letras. No es la suerte ni los otros personajes los que permitieron que Harry le haya ganado a Voldemort en todos sus combates: es su condición de héroe de relato clásico. Huérfano, destinado a grandes cosas, poderoso y finalmente solitario, Harry es Voldemort, pero del lado de los buenos. Y los buenos, en el mundo creado por Rowling, son los marginados, los freaks. Sirius es un prófugo (no sólo de la justicia sino de su propia familia pure blood), Lupin es un hombre-lobo discriminado por su condición, Mad-Eye Moody está bastante trastornado, Hermione es una colosal nerd, Neville es la imagen póster del chico antipopular del colegio, Hagrid es medio bruto, y hasta el mismo Dumbledore es una autoridad algo hippie. Los malos, en cambio, no sólo están por fuera de la ley, como es el caso de Voldemort con sus secuaces, sino que también ocupan los lugares de poder, sean políticos ?el ministro de Magia es, por default, incompetente y corrupto, manipula a la prensa, designa a Umbridge como Inquisidora en Hogwarts para que siga sus mandatos- o económicos ?Lucius Malfoy es rico y usa su dinero para hacer contactos. Pero nada es tan blanco y negro en el mundo de Harry Potter, y ahí está el profesor Snape para ilustrar la ambigüedad con la que Rowling construye sus criaturas. Snape es quizás el más interesante de todos los personajes por ser ?hasta la sexta novela- imposible de colocar de forma definitiva en alguno de los dos bandos. De la misma manera está construida Dolores Umbridge ?interpretada a la perfección por Imelda Staunton, como todo el elenco adulto de la saga-, que es más siniestra cuanto más angelical es su sonrisa de tía entrometida. El clímax de la película simplifica esa batalla interna entre el Bien y el Mal que está planteada en la historia porque la explica en vez de narrarla, como sí lo hace Rowling con mucha más sutileza en el libro. Por eso el final de la película no logra ni siquiera esbozar lo triste y desolador que es el final de la novela, que entre otras cosas lo es porque nos avisa que la historia está llegando a su fin. Para volver a Stephen King, ningún relato puede ser genial si no se clausura, y la melancolía que produce despedirse de Harry y todo su universo en estos días en que se edita el séptimo libro es la misma que la de perder una bella historia que se siente como una parte de la infancia, aún cuando la hayamos leído de adultos. Eso es algo que las películas nunca van a poder transmitir, por suerte: esa imagen intransferible que cada uno de los lectores tiene de Hogwarts, Ron, Hermione y Harry Potter, the boy who lived.

Publicado en Leedor el 17-07-2007