Pulqui

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Nada desdeñable propuesta documental.
El titulo completo de uno de los tres estrenos de la semana, ?Pulqui, un instante en la patria de la felicidad?, resultará difícil de retener por lo que preferimos llamarla simplemente ?Pulqui?. Se trata de un atípico documental, dirigido por Alejandro Fernández Mouján, que al igual que por ejemplo ?Yo no sé que me han hecho tus ojos? contiene una verdadera trama y no los clásicos, y muy a menudo aburridos testimonios de gente, a la cual se le agregan cartelitos que los identifican.

La película admite más de una lectura, desde la que enfoca el momento histórico del peronismo a inicios de la década del ?50, hasta otra actual que tiene al pintor Daniel Santoro y a su amigo, el ingeniero Miguel Ángel Biancuzzo, intentando fabricar una réplica del avión Pulqui, insólitamente bautizado como OVJ (Objeto Volador Justicialista). Este avión realizó su primer vuelo el 8 de febrero de 1951, momento en que se lo presentaba como un hallazgo tecnológico, presuntamente sólo equiparable al Sabre F86 norteamericano y al Mig 13 soviético.

Es difícil saber cuánto hay de verdad y cuanto de mito en todo esto, pero en todo caso hay razones para poner en duda lo aquí afirmado de la misma manera que resulta poco creíble la afirmación de que Walt Disney se inspiró en nuestra Ciudad de los Niños para crear Disneylandia.

Quizás todo forme parte del delirio que evidencian el director del film y los ?actores? centrales antes mencionados. Santoro es un conocido artista que en sus cuadros muestra a Eva Perón con una aureola que la hace aparecer como una santa. Su proyecto de construcción de la maqueta del ?pulqui? ocupa buena parte del metraje y los intentos por hacerla volar resultan risibles aunque simpáticos.

Vale la pena señalar que Alejandro Fernández Mouján ha realizado numerosos documentales estrenados localmente tales como ?La Palmas, Chaco?, ?Espejo para cuando me pruebe el smoking? y ?Murgas y murgueros?. Todas fueron producidas por la empresa ?Cine Ojo?, de Marcelo Céspedes y Carmen Guarini, tratándose de obras de contenido social que tampoco está ausente en esta oportunidad. No es casual que tanto el inicio como el final se hayan filmado en las cercanías del barrio de Pompeya con imágenes de cartoneros en busca de mercadería. Tampoco que en el cierre se escuchen desde un piano las notas de la marcha peronista, confirmando que se trata de un cine militante y con ciertas nostalgias de un pasado ya algo lejano y con proyectos que hoy aparecen como utópicos y controvertidos. Al menos en lo estrictamente cinematográfico el documental sale airoso, resultando una propuesta nada desdeñable.

Publicado en Leedor el 13-07-2007