Avatares

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Formas y estímulos para hablar de la realidad y la representación.
Adrián Fortunato “Avatares” Instalacion Sala proyecto cubo

pabellón 4
Uriarte 1332 (Palermo viejo)
Capital Federal

Adrián Fortunato es uno de los integrantes del Proyecto Cubo II 2006/07, desarrollado y curado por Néstor Zonana para la difusión de jóvenes artistas en Pabellón 4 Arte Contemporáneo. Una propuesta de trabajo anual en la que se intercalan muestras grupales e individuales.
Dentro del marco de este proyecto se presentará la instalación, ?Avatares?, del artista Adrián Fortunato, la misma cuenta con la crítica de Clorindo Testa y Rodrigo Alonso. En esta oportunidad las figuras saltarán de las cajas y las telas en las que se desarrolló su trabajo durante el Proyecto Cubo para invadir el espacio de la sala, perdiendo el peso que les proporciona la materia, transformándose en líneas de energía…

La obra de Adrian Fortunato busca la simplicidad y la restricción de recursos. El acercamiento al vacío, la repetición, la suspensión, la intemporalidad…penetrar, sumergirse y finalmente perderse en la inmersión…saltar y soltar, hundirse, huir…
Propone una contrapartida, un juego de opuestos, un tratar de equilibrar el exceso de información a la que estamos sometidos diariamente….busca el silencio que despierta la atención.

En el vocabulario informático, un avatar es una representación que nos permite habitar un mundo virtual. A diferencia de quien lo gobierna, el avatar es un ser incorpóreo, una pura superficie de datos que se desplaza por espacios de sospechada realidad. El usuario a quien representa vive otra realidad, fuera de la pantalla. La suya es física, orgánica, corpórea y sensorial.
En su instalación, Adrián Fortunato trasciende esa barrera entre realidad y representación. El espectador transita por un universo de formas y estímulos que reclaman, al mismo tiempo, sus sentidos y su razón, su imaginación y su capacidad analítica.
El juego de sombras impone una primera aproximación sensorial, un contacto íntimo con las más ínfimas variaciones de luz y oscuridad. Su trayectoria hace palpable el vacío sobre el que se proyecta, induciendo un silencio que no es sólo sonoro sino también espacial.
En este contexto, un grupo de figuras reiteradas atraviesa la sala. La repetición genera un ritmo que contrasta con la absoluta estaticidad de cada módulo. Una delgada línea metálica conforma las figuras, haciéndolas oscilar entre la realidad física del material y la virtualidad perceptiva de las formas. Son el producto de una síntesis formal extrema, un juego y un desafío para la contemplación.
En conjunto, la pieza nos invita a meditar sobre la sutil interpenetración del mundo de las cosas con el de las imágenes, el mundo físico y el espiritual. (Rodrigo Alonso)

Publicado en Leedor el 13-07-2007