La medida de la normalidad

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Una puesta en escena impecable y un sistema de actuaciones sin fisuras en la obra de Graciela Camino en el Excéntrico.Espasmos. Convulsiones. Movimientos desenfrenados de los cuerpos en la penumbra. Mientras, los apenas 20 espectadores que ingresamos al estrecho espacio de la sala donde se va a ver La medida de la normalidad, se acomodan en precarios bancos de madera, cajones de fruta también.

El espacio es apenas rectangular. Una mitad para el público, la otra para el escenario, más bajo, en cuyo techo cuelgan cortinas blancas que no molestan al espacio escénico, una alfombra rota, una salamandra, banquitos, mesa, objetos que parecen de miniatura, recovecos en el fondo de los que apenas tenemos percepción.

En un poco más de una hora, 8 personajes desnudan grietas familiares y sociales, descascarando los componentes étnicos (y los etnocéntricos) de una sociedad multicultural como la argentina, incluyendo también la xenofobia y el racismo. Los actores están tan cerca de nosotros (espectadores) como para que quede claro que es de nosotros de quien se habla.

Cinco hermanos conviven con un joven adoptado y una joven india. El texto se encarga de a poco de ir ubicándolos en sus roles y sus historias. Vamos descubriendo sus identidades en el despliegue de la trama, buen acierto de una obra que no abusa de nada. La información nos es dada en medidas cuotas, a su vez dramáticas, que van intensificando la trama.

Vicente no da la talla, es morocho y retacón. Hay que transformarlo. Vicente lleva en la sangre el ser médico. Pero también Vicente esconde un origen, tan oscuro como su piel, un origen de chancho. Por eso hay que excluirlo, echarlo de ese sótano, de ese espacio subterráneo donde los jóvenes blancos predominan. En el centro del discurso las bases se presentan como la regla de la familia impuesta por Flavio. Vínculos basados en sistemas de poder. Referencia a las bases de Alberdi que sostienen la finalidad de la política demográfica a fines del siglo XIX en la Argentina basada en una inmigración ?calificada? anglosajona La amenaza es la otra raza y para esa otra raza la amenaza es el Estado (en boca de Acacia, la india).

Cuando la madre-fantasma regresa vuelven los espasmos y aparecen los reproches.
Los mejores momentos: el baño con leche que los hermanos de Vicente intentan para blanquearlo y la conversación de la india con la madre al borde de la estufa: la pasión de una mujer se paga. Sociedad machista.

La medida del texto también es la medida de la normalidad. Poético, seco y duro en los que no se cuelan vulgaridades ni metáforas de más. Hay palabras en inglés: ?I´m de king and this is my kingdom?y frases en guaraní, bella lengua dentro de un bello texto. No hace falta la traducción literal porque la obra ya la supone. Incluye la traducción en la maraña de lenguas, que son las lenguas sociales.

Una puesta en escena impecable y un sistema de actuaciones sin fisuras.
La medida de la normalidad es una obra imperdible. Para saber por qué el verdadero teatro argentino se concentra en los bordes de esta ciudad en la que hay tanto para ver.

Publicado en Leedor el 9-07-2007