Investigacion de Cine

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¿Por qué un país que produjo 74 películas en 2006 se desentiende, en la práctica, de la investigación cinematográfica? Este artículo responde a una serie de interrogantes del teórico Francesco Casetti sobre la investigación en Argentina.EL DEPENDIENTE o EL INVESTIGADOR DE CINE EN ARGENTINA

En respuesta a Francesco Casetti

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Quienes nos escriben desde el Hemisferio Norte, incluyendo a México que también, claro, está allí, suponen que los investigadores de cine en Argentina disponen de largo tiempo para meditar sus creaciones. Del mismo modo, suponen que hay becas, subsidios, préstamos y un largo etc. que nos permitiría transformarnos en algo así como bon vivants.

No alcanzan a entender cómo un país que produjo 74 películas en 2006 se desentiende, en la práctica, de la investigación cinematográfica. Los opúsculos que les hacen llegar desde aquí impresos por organismos oficiales les resultan paupérrimos y necesitan trabajos de mayor alcance. Se les explica que hay una doctora en cine y que el librito compuesto por artículos varios ?ella lo ha dirigido- ha sido una creación de estudiantes y egresados universitarios. No lo pueden creer.

Tampoco les entra en la cabeza que añejos libros parecidos a catálogos sigan figurando en las bibliografías. ¿No hay nada nuevo? A continuación se les detalla que pululan entes como el Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales, el Fondo Nacional de las Artes, el Museo del Cine, la Cinemateca Argentina et al. Preguntan qué hacen esas entidades en materia de investigación y no sabemos qué responderles.

Organizan cursos, balbuceamos, publican opúsculos sobre temas muy acotados, emplean gente para catalogación de fichas. ¿No forman investigadores? No, eso queda para la Universidad de Buenos Aires ?estatal- y alguna privada que posee los mismos docentes que la estatal. ¿Cómo se ganan la vida? Dando clases en algunos de las innumerables escuelas de cine o bien en alguna universidad. ¿Y ese sueldo alcanza para emprender una investigación? En primer término, no alcanza. En segundo lugar, hay una larga cola de aspirantes a un plato de comida por una cátedra.

CHORROS

Ahora, siguen interrogando, ¿cómo se hace para emprender una investigación que dure tres o cuatro años? ¿Qué comunicación hay entre Uds., los investigadores de cine? ¿Cuánto les pagan las editoriales por un trabajo de largo aliento y que perdure aún cuando el tiempo pase? En el mejor de los casos, el diez por ciento del precio de tapa.

La pregunta que viene a continuación es la siguiente: ¿Por qué no se dedican a otra cosa? Tampoco es fácil de responder. Se supone que un libro sobre cine argentino no vende y que ni siquiera aparecen reseñas en los diarios si es que uno no cuenta con el aval del amiguismo. Por consiguiente, deducen, las editoriales argentinas no está interesadas. Es que, se les aclara, no sabemos si quedan una o dos editoriales argentinas.

Buenamente, se les quiere hacer comprender que Argentina es un país donde la globalización impone a Harry Potter, a las figuras mediáticas que escriben o lo simulan y a aquellas biografías no autorizadas propias para el consumo rápido. La posibilidad de que se venda un libro dedicado a cine argentino queda a disposición de quienes detentan las cátedras en una universidad. Así y todo, se los fotocopia. Resultan demasiado caros. No son caros para el editor pero sí para quien los compra. ¿No son capaces de arriesgar 500,00 o 1000,00 dólares? No, no lo son. ¿Son editores? No, son chorros. Naturalmente, hay que traducirles bien esta última palabra.

LA VIDA COLOR DE ROSA

Hay quienes se pagan la edición de un libro, se les aclara. No lo entienden porque no se trata de ficción y menos de poesía. Hasta ahí llega su caletre. Pero que luego de tres o cuatro años de trabajo alguien encima saque plata de su bolsillo y edite un libro está más allá de sus posibilidades.

El investigador de cine -el oficial- trabaja de eso: da clases, si tiene acomodos va a congresos, consigue alguna beca, con palanca recibe algún subsidio pero? no. El investigador oficial va a dar versiones oficiales, nos dicen. Lo que queremos es trabajos donde exista cierta originalidad.

Y mientras vamos al supermercado, pagamos las cuentas, esperamos el colectivo o el subte, nos bancamos enfermedades propias y ajenas, sufrimos los cortes de luz y de agua o si hay agua lavamos lo platos ?con vocales y consonantes, además de detergente-, miramos a los del Hemisferio Norte.
La pregunta fatal es ¿Por qué no se dedican a otra cosa? Tienen razón: vamos a ver si conseguimos un crédito del Instituto para rodar nuestro primer largo.
Nadie va a ir a verlo, pero no nos vamos a diferenciar del resto.

Publicado en Leedor el 27-06-2007