Lucia Di Lammermoor

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Un fatal paralelo une la vida de Gaetano Donizetti y su personaje más célebre: Lucia Di Lammermoor.Bel canto “basado en una historia real”.

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Por Marta Opacak

La novela de Sir Walter Scott, “La novia de Lammermoor” (1819), que inspiró el libreto de Salvatore Cammarano para la ópera de Gaetano Donizetti, “Lucia Di Lammermoor”, está basada en una hecho real en el que, como se dice hoy en día en los telefilms con las mismas características, “algunos de los hechos y nombres de los personajes, fueron cambiados”. El escritor, no quiso herir la sensibilidad (o tal vez sufrir las represalias) de los descendientes de la prominente familia Dalrymple, que a lo largo de los siglos supo dar a su Escocia natal, numerosas y destacadas personalidades civiles, políticas, militares y artísticas.

Janet Dalrymple, se comprometió a fines del siglo XVII, en secreto y sin el permiso de sus padres con un joven que, aunque la amaba, no tenía, ni la posición ni las ideas políticas adecuadas para formar parte de su familia. Cuando el hecho salió a la luz, los padres de Janet, anularon tal voto y la obligaron a casarse con un candidato de su preferencia. En la noche de bodas, se oyeron gritos aterradores provenientes de la habitación nupcial, y los que acudieron a ayudar, encontraron al esposo terriblemente apuñalado y a la joven, daga en mano, murmurando frases incoherentes que denotaban su estado de locura. La familia Dalrymple prohibió, bajo severas penas al que desafíe su voluntad, toda mención o sugerencia al intento de homicidio y de éste, surge la síntesis del drama de Lucia y Edgardo, adaptado en versión libre para la ópera de Donizetti estrenada en Nápoles en 1835.

En la puesta de La Manufactura Papelera, se realizó una adaptación adecuada para el particular espacio de aquella con la dirección escénica de Boris. Este, manifestó que se habían abreviado en esta versión, “algunas escenas y abierto algunos antiguos cortes de acuerdo a la acción dramática planteada por nuestro desarrollo”. Por ejemplo, el personaje de Nornanno, Jefe de la guardia del castillo de Lammermoor, es desempeñado, no por un cantante sino por un actor, que oficia de narrador, introduciendo las principales características de las escenas durante todo el espectáculo.

La escenografía es sumamente austera, apenas incluye algunos objetos indispensables (una mesa, un asiento rodeado de telas que oficiará de fuente, la misma banqueta del pianista), para señalar los núcleos principales de la historia. Las tres partes de la ópera ( La partida, El contrato nupcial y La locura) son presentadas aquí, con un intervalo entre la segunda y la tercera.

El peso musical recae sobre un único piano, magistralmente interpretado por César Tello, también a cargo de la Dirección Musical.

Con “Cruda, funesta smania” (Una cruel y funesta ira), Enrico Ashton, señor del castillo de Lammermoor, (Luciano Straguzzi) quien se enteró del romance de su hermana con su enemigo, Edgardo de Ravenswood, reniega de la conducta de aquella, a pesar del intento de Raimondo (Fernando Rado), Capellán del Castillo, de traer calma ante tal situación. Un grupo de cazadores (aquí reducido a 5 cantantes del “Bel Canto Coral”), confirman su sospecha en “Il tuo dubbio e omai certezza” (Tu sospecha es cierta) y el deseo de venganza no se hace esperar.

Mientras tanto, en compañía de Alisa (Juliana Parra), se encuentra en el jardín quejándose por la tardanza de Egdardo (“Ancor non giunse?” -¿Aún no ha llegado?), nada menos que Lucia (Vanina Trifoglio). Surge el relato de otra amada desdichada que murió en ese lugar de manos de un Ravenswood, cuyo espectro manifiesta haber visto Lucia. “Regnava nel silenzio alt al anotte e bruna ” (Reinaba el silencio, en la noche profunda y oscura). Alisa se aleja, advirtiéndole que los malos presagios atentan contra su amor y la llegada de Edgardo (Pablo Gaeta), para comentar que debe partir hacia un viaje impostergable, obliga a la pareja a realizar un voto para sellar su amor, antes de dicha separación ( “Verranno a te sull’aure I miei sospiri ardenti ” – Llegarán hasta ti con la brisa mis ardientes suspiros”). La frase de despedida de Edgardo es terminante: “¡Recuerda! ¡Nos ha unido el cielo!”.

Un macabro ardid, tiene como objetivo hacer que Lucia acepte casarse con Arturo (Ariel Cazalis), única manera de salvar a Enrico de la ruina, ya que el partido político que sostenía, ha caído en desprestigio. Nornanno, que interceptó la correspondencia entre los enamorados, falsifica una carta de Edgardo, donde dice que aquél se ha interesado por otra mujer. Enrico, se la da a leer a Lucia quien no tiene otra opción más que ceder, cuando el capellán Raimondo le dice que el juramento que realizó, no tiene aún validez ante los ojos de Dios. Su trágico fin, la locura, ya comienza a aparecer.

En la ceremonia de presentación del que será el futuro esposo de Lucia, irrumpe Edgardo, para reclamar el amor de la joven y comenzar el maravilloso sexteto del segundo acto “Chi mi frena in tal momento?…Chi tronco dell’ire il corso?” (¿Quién me frena en tal momento? ¿Quién truncó el curso de las iras?), en el que participa el coro en su totalidad. Arturo responde, cruzándose con él en un duelo de espadas. El patético estado de Lucia, conmueve hasta a su propio hermano que comienza a arrepentirse de su proceder. El sacerdote se interpone entre los dos combatientes, pidiendo paz y le muestra el contrato nupcial al recién llegado. Edgardo, maldiciendo a la infiel, le dice que disponga de su vida y lo mate, para terminar de destrozar su corazón. Todos lo instan a que se vaya y salve su vida. Finalmente consiguen sacarlo de la residencia. En la tercera parte se desencadenará la tragedia, que terminará con el suicidio de Edgardo.

Al inicio de la ópera, cuesta un poco “meterse” en el juego propuesto. Tenemos un narrador, que habla con un vocabulario demasiado coloquial y actual, que tal vez choca un poco, al utilizar frases como “llorar por la mamita muerta”, o “él no firmo, pero igual está todo cocinado”. La idea es interesante, sobre todo para los que no conocen el argumento de la ópera, pero la mencionada característica en el texto, le resta convicción. Uno de los momentos realmente buenos del espectáculo, es el mencionado sexteto y a partir de allí, la trama da un vuelco integrando correctamente los componentes dramáticos y vocales en la escena, hasta llegar a su clímax en la escena de la Locura, que aquí transcurre en dos niveles de espacio diferentes, obligando a Lucia a trasladarse de uno a otro, sin dejar de cantar.

Luciano Straguzzi, es un Enrico vocalmente correcto, que va ganando poco a poco en expresividad. A Pablo Gaeta, se lo ve sólido en su papel de Edgardo y muy seguro vocalmente (sólo se le complica un poco la situación en “Tu che a Dio spiegasti l’ali”). Pero se destaca particularmente por su presencia escénica y registro impecable, Fernando Rado, como Raimondo. No desentonan dando vida a Arturo y Alisa, Ariel Cazalis y Juliana Parra y hemos dejado la performance de la protagonista para el final. Vanina Trifoglio como Lucia, hace un gran esfuerzo sin dudas para lograr la caracterización dramática y vocal necesarias y tiene sus momentos buenos, pero sufre algunos desajustes, cosa justificable en este estadío de su carrera, frente a un rol de tanta complejidad.

Una vida con muchos altibajos emocionales (en menos de dos años vio morir a su padre, su madre, su hija, su mujer y se vio obligado a salir de una profunda depresión por fracasos profesionales, que finalmente sobrellevó), un talento insuperable que lo convierte en uno de los tres vértices del triángulo Belcantista, junto con Rossini y Bellini, Gaetano Donizetti, en paralelo fatal con el destino de Lucia, terminaría sus días recluído en un centro sanitario, con serios problemas mentales.

Publicado en Leedor el 6-05-2007