Alfredo Volpi en el MALBA

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La muestra del MALBA es una gran oportunidad para acercarse a uno de los artistas latinoamericanos más interesantes del siglo XX, por la calidad de su producción artística y porla inédita popularidad de sus obras.La muestra “Alfredo Volpi: 50 años de pintura“, inaugurada el 15 de marzo en el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) es una gran oportunidad para acercarse a uno de los artistas latinoamericanos más interesantes del siglo XX, no apenas por la calidad de su producción artística, sino por la inédita
popularidad de sus obras, ya que Volpi alcanzó una reconocida dimensión pública como “el pintor de las banderitas”, conmoviendo tanto al público especializado como a la gente común que ve en sus obras recuerdos de las tradicionales fiestas populares de San Juan, conmemoradas en todo Brasil en el mes de junio, cuando los fuegos artificiales iluminan las noches animadas por el típico “forró” y las “quadrilhas caipiras“[1].

Nacido el 14 de abril de 1896 en Lucca, Italia, Alfredo Volpi llega a San Pablo un año más tarde y, a los 15 años, el joven artista ya está trabajando como “pintor-decorador”, es decir, como obrero, en los palacios franceses de los ricos caficultores paulistas. Por lo tanto, no se debe olvidar que Volpi no estuvo en contacto con la pintura europea académica o de vanguardia ni tampoco con los modernistas que hicieron la Semana de Arte Moderno de 1922.

Su recorrido artístico comienza en 1925, cuando expone en el Palacio de las Industrias en San Pablo, pero la crítica no le fue favorable y el artista quedó prácticamente olvidado durante la década del 30. Sin embargo, Volpi siguió pintando, experimentando, y en 1937 participó del Primer Salón de la Família Artística Paulista, organizado por Paulo Rossi Ozir, cuyo motivo principal, según Lorenzo Mammi, fue una frase de Le Corbusier y Ozefant que decía que “la pintura vale por la calidad de los elementos plásticos y no por sus posibilidades representativas o narrativas”[2], lo que definitivamente se aplica
a la obra de Volpi, quien, influenciado por Goeldi, Lasar Segall, Ernesto de Fiori y por las técnicas de la pintura popular, no se preocupaba por el tema de sus obras, sino por la pintura misma, es decir, por la composición, los colores, las formas. De ese modo, según el curador Otávio Tavares de Araújo, director del Museo de Arte Moderno de San Pablo (MAM -SP) y uno de los más importantes
estudiosos de la obra de Volpi, sus cuadros “no se terminan”, sino que “llegan a una resolución”. No es casual, por lo tanto, que sus obras no lleven una firma o fecha y que el público pueda tener el placer de observar cada pincelada y los espacios vacíos que se generan en las obras, imaginando el gesto del pintor en búsqueda de la perfección plástica, lo que en su momento desconcertaba incluso a
un crítico experimentado como Mário de Andrade, quien confesó no saber evaluar plenamente las libertades formales de Volpi[3].

En la muestra del MALBA se puede ver la evolución del artista desde sus primeros paisajes y marinas inspiradas en la ciudad de Itanhaém (litoral de San Pablo), pasando por las casas costeras hasta llegar a las famosas “banderitas” y “fachadas”, seguidas por la fase concreta y la fase cinética, donde vuelven las banderitas combinadas con los mástiles, además de algunas pinturas de temática religiosa. El público podrá observar, por ejemplo, cómo el artista pasa de la figuración hacia la abstracción transformando un polígono en figura polisémica:
de ese modo, la figura que sirve como techo a una casa es, al mismo tiempo, una plaza o una playa. Curiosas también son las sirenas y los barcos, únicos motivos con líneas curvas, además de la medialuna que ora es una vereda, ora un barco, ora el ala de un ángel.

Vale agregar que, aunque muchos consideren fundamental la participación de Alfredo Volpi en el movimiento concreto brasileño en la década del 50, este es un momento de experimentación para el artista, en el cual las “banderitas” dejan de ser signos icónicos y se transforman definitivamente en figuras geométricas.
Lo que vemos, en realidad, ya no son banderitas, sino formas geométricas suspendidas y multiplicadas en el espacio a partir de movimientos de repetición y expansión de las figuras, algo muy evidente en las obras concretas.

Además de la muestra, que se presentará hasta el 28 de mayo, fecha en que se recuerdan los 19 años de la muerte de Volpi, es posible participar de una serie de actividades complementarias organizadas por el museo, como el curso “Alfredo Volpi y el reverso del modernismo” (Sábados 5, 12, 19 de mayo y 2 de junio, de 11:00 a 12:30 hs.) dictado por la Dra. Florencia Garramuño, y las mesas redondas “La abstracción como lenguaje en el arte contemporáneo argentino” (Lunes 7 de mayo, a las 18:30 hs.) con Graciela Hasper, Fabián Burgos y Fábio Siquier, y “Modos de abstracción regional” (Jueves 17 de mayo, a las 18:00 hs.), con María Amalia Garcia y Cristina Rossi.

Referencias:

(1) “forró” es un ritmo musical típico del nordeste brasileño, acompañado por la “quadrilha caipira”, grupo que baila la coreografía típica de las fiestas juninas

(2) cit. por Mammi, L. en: Volpi. São Paulo, Cosac & Naify Edições, 1999, p. 21

(3) idem, p. 25

Publicado en Leedor el 30-04-2007

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