Pasolini prossimo nostro

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Un documental cuya múltiple elección formal logra un acercamiento íntimo al pensamiento y el modo de ver la vida moderna y el cine de Pier Paolo Pasolini.

Giuseppe Bertolucci compone un retrato imperdible del maestro Pier Paolo Pasolini, en un mediometraje que enlaza una serie de fotografías tomadas por Deborah Imogen Beer durante el rodaje de la inigualable y polémica Saló, o los 120 días de Sodoma (última película antes de su violenta muerte) con una entrevista que pone las palabras del genial realizador frente a cámara, a lo que también ?y sobre todo- se le sumarán escenas tomadas en pleno rodaje del ya citado filme. Esta múltiple elección formal logra un acercamiento íntimo al pensamiento del director, sobre todo a su modo de ver la vida moderna y el cine.

Libertad otorgada no es libertad, la sociedad consumista consume mierda, sadomasoquismo y fascismo en nada se diferencian frente a la mutilación del cuerpo, el poder es lo más anárquico que existe; estas son algunas de las frases emitidas durante el transcurso del film y que definen su pensamiento, mientras que en la imagen vemos escenas fotografiadas de Saló, donde en una gran mesa están cenando literalmente ?mierda?, o donde vemos imágenes sadomasoquistas donde representantes del poder torturan a los jóvenes desnudos en el suelo. El paralelo entre su pensamiento verbal y su expresión cinematográfica evidencian innegables puntos de encuentro.

Sin embargo, una de las preocupaciones fundamentales de Pasolini en lo que refiere al lenguaje cinematográfico ha sido evidenciar que se trata de un sistema de signos totalmente diferente del sistema literario o verbal. Es decir, él consideró que el cine posee un tipo de lenguaje intraducible en palabras, ya que se trata de un tipo de manifestación irracional, onírica, una lengua esencialmente poética y no prosaica. Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente sobre el paralelo entre lo que dice y muestra, pareciéramos asistir a una de sus más marcadas y señaladas contradicciones: las imágenes son tan racionales como su pensamiento y expresión verbal.

Ahora bien, G. Bertolucci incorpora las escenas que muestran a Pasolini en el momento de la filmación de Saló, precisamente allí donde nacen las contradicciones. Sus indicaciones a los actores sobre sus movimientos y gestos en escena, tan específicas y fundamentales, nos indican que hay mucho más en la imagen que una simple escena o representación, y que el espectador, soñando frente a la pantalla, percibirá en ella precisamente aquello que no puede traducir en las palabras. He aquí manifestada muy inteligentemente la radicalidad y provocación de su obra y pensamiento.

Una personalidad y una obra únicas, y un pensamiento tan provocador y actual sobre nuestra sociedad que lo han llevado a la muerte, Pasolini fue y será siempre una figura que merece ser escuchada.

Publicado en Leedor el 15-04-2007

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