Independencia

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Un particular retrato de familia en un pueblo del midwest americano. Independencia, de Lee Blessing, en Andamio 90.Tan vana como un marco, sin retrato

Tan vana como un marco sin retrato, es la idea de amor en la familia de la obra de Lee Blessing, compuesta por una insana madre (Cristina Dramisino) y sus tres castigadas en grados diferentes por el infortunio hijas, Kess (Cecilia Chiarandini), Jo (Mora Recalde) y Sherry (Salomé Vega). Y eso es puesto en claro a la vista del espectador desde que éste ingresa a la sala, ya que podrá ver, colgado sobre el panel del fondo del escenario un marco vacío, sin retrato. Algo va a faltar aquí, y es precisamente el nombre del pueblo de Iowa donde transcurre la historia: “Independencia“.

La “pintora” de esta obra maestra de la intolerancia y la incomprensión, asistida por la ausencia del padre de las jóvenes, ha logrado inculcar en ellas la falta de la definición necesaria, como para que podamos verlas en sus distintos lugares en la vida, tan sonrientes, como uno suele ser plasmado en estos retratos familiares, que se exhiben orgullosamente, en un lugar de honor de la casa.

El disparador de la trama, es un pedido de ayuda de Jo, la hija del medio, a su hermana mayor Kess, la única que ha logrado hacer su vida fuera del hogar. Su madre, que ha logrado salir del instituto psiquiátrico donde estaba internada, ha castigado físicamente a Jo y cuando Kess regresa, la encuentra luciendo un cuello ortopédico.

Con las marcadas diferencias entre los caracteres de los personajes de las hijas, el autor, sin duda un maestro para dramatizar casos clínicos, nos muestra las tendencias extremas del abanico de posibilidades de la femineidad. Desde la sexy, consciente de su belleza, desinhibida y siempre en búsqueda de diversión, Sherry, hasta la intelectual, firme y en este caso lesbiana, Kess. Y en medio de las dos, la siempre sufriente e insegura Jo, que grita horrorizada, ante una palabra que ella nunca podrá asociar a ninguno de los campos de su vida: “afortunada”.

¿Y qué decir del personaje de la madre?. Ella sólo piensa, en la primer palabra que atina a escribir en el juego de Scrabell: “Yo”. Brillante la caracterización de Cristina Dramisino como Evelyn, la manipuladora y siempre destructiva madre.

En síntesis, un conjunto de destacadas labores actorales, dan vida a un libro sutil en un espectáculo de calidad, que tiene un único punto que atenúa un poco el brillo de las mencionadas características, su excesiva duración.

Publicado en Leedor el 15-04-2007