Bienal del Fin del Mundo (IV)

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Sobre la obra de León Ferrari y la del chileno Patrick Hamilton, hablan estos segundos y “ácidos” apuntes de Bogani.UN PRESIDIO. DOS ARTISTAS.

Ruego a Dios para que León Ferrari (Fotos 1 a 3) se reconcilie con su padre o, en caso contrario, termine de una santa vez de liquidarlo y darle sepultura mental, pero nos libere de provocaciones y denuncias, que a fuerza de repetirse van perdiendo contenido y significación.

La opción simbólica de matar a su progenitor se me ocurre sumamente liberadora. Quizás podamos dejar de verlo como abrazado a un rencor y con tiempo para utilizar su enorme talento en trabajos que lo sigan representando como lo que es o fue: uno de los más originales e innovadores artistas latinoamericanos.

Nada nos advierte su obra “L´Osservatore Romano” (collages) sobre el recalentamiento global, los cambios climáticos, el estado de emergencia ecológica, ni las condiciones extremas. Y bien poco aporta acerca de otros mundos posibles. Para un creador de la dimensión de Ferrari esto equivale casi a un pecado mortal.

Tal vez la clave esté en boca de algún nieto que se anime a decirle: “Contame algún otro cuento; ese, ya estoy cansado de escucharlo”.

Patrick Hamilton
“Escape al paraíso” (Fotos 4 a 7) intervino máscaras de soldar con fotografías de idílicos paisajes en el lugar de los ojos, produciendo entre ambas una tensión absolutamente adecuada al ámbito opresivo y cerrado donde se alojan.

Hamilton alerta sobre el mensaje enviado por los mass media, la promesa ofrecida a cambio de sujetarse a la máscara, el designio foráneo, el simulacro como único horizonte.

Potente lo del artista chileno. Rotundo. Hecho de síntesis y furor.
Reclusas sobre las silenciosas paredes del presidio, sus obras delatan la impostura de una época signada por la oferta de paraísos que jamás llegaremos a habitar.

Publicado en Leedor el 7-04-2007

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