El teatro musical en los 70

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La década del 70 renueva el estilo musical del teatro de BroadwayUn recorrido por los musicales de la década del 70

Por Marta Opacak

Cada década ha dejado su sello en la evolución del teatro musical de Broadway. La del setenta, trae modificaciones en la temática de sus libretos, en la renovación de su estilo musical que ampliaría el espectro de público consumidor a los adolescentes y en las pautas del itinerario turístico nacional e internacional de la ciudad de Nueva York, que incluirá la visita a presenciar este tipo de espectáculos como estrategia económica municipal.

En los setenta, se incorpora definitivamente la música rock a este género, luego del puntapié inicial con “Hair” (1968) a fines del decenio anterior. Ya no sorprenderá oir el término “ópera rock”, ni ver a los popes de esta música (Meat Loaf, Ian Gillan, etc) incluidos en los castings junto con los habitués de dichos elencos.

También éste es el período en que la industria del cine, dejará de bombardear al público con las otrora frecuentes megaproducciones que abrevaban en los clásicos de Broadway. A partir de aquí, sólo tendremos ejemplos cada vez más esporádicos y en la mayoría de los casos, totalmente olvidables. Es llamativo comprobar que con las únicas excepciones de “Jesucristo Superstar” (Norman Jewison – 1973), “A little night music” (Harold Prince – 1978) y de la que se convertiría en película de culto “The Rocky Horror Show“, (redenominada “The Rocky Horror Picture Show” en 1975, dirigida por Jim Sharman),todos los ejemplos que se escogieron para llevar a la pantalla, fueron de musicales de otras décadas. De la lista que incluye a “El violinista en el tejado” (Norman Jewison -1971), “Mame” (Gene Saks – 1974), “Grease” (Randal Kleiser -1978), y “Hair” (Milos Forman -1979) , tenemos un solo ejemplo que se destaca claramente, tal vez por haber sido dirigida por un maestro innovador de la coreografía de este género. Se trata de “Cabaret” (1972), nada menos que de Bob Fosse.

La temática de los argumentos, se aparta cada vez más del tradicional cuento de hadas con final eternamente feliz. La historia de un aparentemente honesto peluquero, que es en realidad un oculto asesino serial, que acumula los cadáveres de sus clientes en su depósito, (“Sweeney Todd“), críticas antiimperialistas, (“Pacific Overtures“), la situación de desempleo dentro del mismo negocio musical (“A Chorus Line“), la vida cotidiana de personajes de historieta (“You’re a good man, Charlie Brown“), todo valdrá a partir de ahora. Incluso el tema religioso tendrá cabida aquí, con dos ejemplos que aunque reciben una cuota de críticas de los sectores más tradicionales, acercan también a los más jóvenes a este tipo de espectáculos: “Godspell” (Evangelio), de Stephen Schwartz (1976) y por supuesto, “Jesucristo Superstar” de Andrew Lloyd Webber (1971).

Merece párrafo aparte, la incorporación por primera vez en este tipo de disciplina, de los personajes de la historia política argentina con la “Evita” de Lloyd Webber (1979). Dicha obra, tendría como protagonista a una de las grandes divas del género de todos los tiempos, que se haría famosa en esta década y por este papel: Patti LuPone. Y aunque el alcance de esta nota no es la historia del musical en nuestra ciudad, que requeriría otro tipo de tratamiento, no cuesta nada mencionar que aquí se pusieron en escena en el período que nos compete, las siguientes producciones de Broadway de los setenta: “Aplausos” de Charles Strouse (en 1972), “Pippin” y “Godspell” de Stephen Schwartz (en 1974), “The Rocky Horror Show” de Richard O’Brien (en 1975), “Los Fantástikos” de Harvey Schmidt (en 1977), “Chicago” de John Kander (en 1977) y “Yo amo a mi mujer” de Cy Coleman (en 1979).

El panorama de la década no estaría completo sin algunas referencias al premio específico del rubro: el Tony. De las obras que ganaron en la categoría “mejor musical”, rescatamos por sus méritos artísticos, y su permanencia en el tiempo a “Company“, “A little night music” y “Sweeney Todd” de Stephen Sondheim, a “A Chorus line” de Marvin Hamlisch, a “Annie” de Charles Strouse y por supuesto a “Evita” de Andrew Lloyd Webber, sin dejar al menos de mencionar a una ilustre nominada, la “Chicago” de John Kander.

Para terminar, digamos que es una campaña publicitaria altamente exitosa, la de “I love NY” que incluía un corazoncito colorado reemplazando al verbo, la que convierte en esta época al musical, en un fenómeno turístico de gran escala, claramente asociado con la idiosincrasia cosmopolita de esta ciudad, que ayudará a sanear sus finanzas por mucho tiempo, en tanto la gente esté dispuesta, a responder al llamado del clásico de Al Dubin de los 30, “Listen to the Lullaby of Old Broadway!”.

Publicado en Leedor el 2-04-2007